08 – Abraham e Isaac: Dios no quiere lo malo para nosotros

16 Feb 2020
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08 – Abraham e Isaac: Dios no quiere lo malo para nosotros

Guías Metodológicas


Libro de actividades 08


Génesis 22: 1-19


Sacrificios
Antes de estar completamente seguro de que había encontrado el hombre adecuado, Dios tenía una prueba más para Abraham. De hecho, al enfrentárselo con esta orden, se está obligando a Abraham a optar entre las promesas de Dios y Dios mismo.
Tenemos las protestas y de los salmistas contra los sacrificios de la antigua religiosidad israelita, que finalmente terminaron cuando los romanos destruyeron su imponente templo en el año 70, eliminando así la posibilidad de realizarlos:

Odio y desprecio las fiestas religiosas que ustedes celebran;
me disgustan sus reuniones solemnes.
No quiero los holocaustos que ofrecen en mi honor,
ni sus ofrendas de cereales; no aceptaré los gordos becerros de sus sacrificios de reconciliación.
¡Alejen de mí el ruido de sus cantos!
No quiero oír el sonido de sus arpas!
Pero que fluya como agua la justicia,
y la honradez como un manantial inagotable.
Amós 5.21-24

 

Veamos también Miqueas 6.6-8 y Salmo 40.6-8. Pero evidentemente Dios no pide solamente buena conducta y amor fraternal, a pesar de que sí pide estas cosas y nosotros las olvidamos a nuestro propio riesgo. También solicita la disposición a olvidarnos de nuestro yo por completo, a abandonarnos a nosotros mismos, a nuestros seres queridos y todo lo que poseemos en manos de Dios.
Pues recién cuando estemos frente a él desnudos y desprotegidos, dependiendo exclusivamente de su gracia, y sin osar dar esta por supuesta tampoco, recién entonces él podrá llegar a nosotros.
En esto consiste la fe, en mayor medida, inclusive, que en la creencia en la providencia y las promesas de Dios. Y en su estilo oscuro y resquebrajado, la institución del sacrificio daba testimonio de ello: esa exigencia suprema de Dios de poseer la totalidad del ser de un hombre o de una mujer.

A Abraham se le ordenó sacrificar su posesión más querida a Dios como señal de que estaba dispuesto a ofrecerse a sí mismo. Estaba dispuesto a hacerlo, su fe era poderosa, pero no se le exigió llegar hasta el final. Jesús también estaba dispuesto a hacer el sacrificio supremo de sí mismo, y él sí tuvo que llevarlo a las últimas consecuencias, ofreciendo todo su ser a Dios, penetrando solo en las tinieblas de la muerte con ese grito terrible de desamparo en sus labios, con el único sustento de su fe en Dios.
Fue el sacrificio de un hombre a Dios, sacrificio que todos debemos a nuestro creador pero que ninguno de nosotros, ni siquiera Abraham, ha sido capaz de realizar jamás.
Pero Jesús también era Dios, y en la cruz, en tanto Dios, se ofreció por completo a los hombres. Esta es la otra faceta de la orden de Dios de entregarnos totalmente a él. Él, en su amor, está dispuesto a entregarse por nosotros. Lo que la respuesta de Abraham a Isaac convoca a nuestros ojos, en última instancia, es la visión de la auto-entrega de Dios en su Hijo.
John C. L. Gibson, en Génesis II, La Aurora, Bs. As., 1989, pp 122-130, resumen.

Oramos.- Querido Padre: así como Abraham, ayúdanos a confiar en vos. Y sabemos que nos darás todo lo que necesitamos.


¿Qué queremos lograr?


  • Que aprendamos a confiar en Dios aún cuando todo parezca muy difícil.
  • Que sepamos que Dios no quiere que nadie sacrifique su vida, sino que le sirvamos por amor.


Índice



./ niñas/os no lectores

ORAR.- dar gracias a Dios.

Contar la historia sin que sea un drama, sin asustar a los chicos y chicas con detalles del sacrificio de los animales, ni menos con la amenaza de Abraham levantando el cuchillo sobre su hijo.
Podemos explicar el sentido que tenían las ofrendas y sacrificios en esos tiempos, como representación de la oración de los creyentes
Afirmemos que Dios siempre está atento a lo que nos pasa. Dios no nos deja abandonados y nunca nos amenaza. Cuando todo está mal, Él está con nosotros.

¿Alguno de ustedes fue al dentista y tenía miedo? ¿Alguno se cayó y le salió sangre? ¿Qué es lo que hicieron? ¿Lloraron? ¿Llamaron a la mamá? ¿Se lavaron solos la cara o la rodilla? ¿Oraron a Dios?

Comentar que Dios está con todos, especialmente con los que son sus amigos. Y cuando les pasan cosas que no son buenas, Dios les da confianza en que todo lo malo va a terminar bien.
Cuando parecía que todo le iba mal a Abraham y a Isaac, apareció Dios enviando un cordero para poner al fuego.

Dios nos ama porque somos sus hijos.

 

./ niñas/os lectores menores

ORAR.- dar gracias a Dios porque Él nos protege todos los días.

Leer Génesis 22. 1-19. Leer del 1 al 8

Contar la historia sin que sea un drama, sin asustar a los chicos y chicas con detalles del sacrificio de los animales, ni menos con la amenaza de Abraham levantando el cuchillo sobre su hijo.
Podemos explicar el sentido que tenían las ofrendas y sacrificios en esos tiempos, como representación de la oración de los creyentes
Afirmemos que Dios siempre está atento a lo que nos pasa. Dios no nos deja abandonados y nunca nos amenaza. Cuando todo está mal, Él está con nosotros.

Preguntar si ellos estaban seguros que Dios iba a poner el cordero para el sacrificio.

Explicar que en esa época la gente ofrecía a Dios algunos animales como sacrificios, para que se dieran cuenta de que no había que matar a los niños ni a los pobres. Los pueblos paganos –los que no conocían al Dios verdadero- ofrecían niños o esclavos en sacrificio: a veces los hacían trabajar y a veces los mataban.

¿Quieren saber cómo terminó todo?

Cuenten la historia de los vs. del 9 al 19.

¿Isaac estaría asustado? ¿Abraham, confiaba en Dios? ¿Es muy difícil hacer siempre lo que está bien? ¿Algunas veces ustedes hacen cosas que no están bien?

Comentar que Isaac iba con su papá, y que no tenía miedo porque confiaba en Dios y sabía que Dios nunca nos deja solos, a pesar de que tengamos problemas. “Dios se va a encargar de todo lo necesario” en esos tiempos difíciles.

Vamos a jugar un juego: “El lazarillo”

Pedir a todos los participantes que se reúnan en parejas. Entregar a cada pareja un antifaz ciego, o un pañuelo, y proponerles que uno de ellos se vende los ojos. Deberán recorrer el espacio del patio, del salón de encuentros, u otro, en un tiempo acotado, donde se dispondrán diversos objetos sin hablar y sin tropezarse con nada.

Al terminar, el que no veía debe decir qué cosas había en el lugar. Si el grupo es tranquilo y el espacio lo permite, lo pueden hacer todos al mismo tiempo. De no ser así hacerlo en tiempos sucesivos, una o dos parejas después de la/s otra/s. Cuando el líder lo indique cambiar de rol.

Al terminar el juego conversar sobre sus sensaciones, cuántas cosas descubrieron y opinar sobre cómo los condujo el “lazarillo”.

 

Explicar, si no lo saben, qué es un lazarillo y reforzar la idea de que el ciego debe confiar mucho en él porque son sus ojos. Se puede relatar brevemente alguna anécdota divertida del “Lazarillo de Tormes” novela picaresca española de autor anónimo de 1554.
Este lazarillo es un pícaro y tiene que trabajar para un ciego muy tramposo que lo castiga si lo descubre comiendo su comida o tomando su vino. El lazarillo realiza triquiñuelas que le permiten salirse con la suya. El ciego no confía mucho en él, pero cree que lo puede dominar en todo.

En cambio la Biblia nos cuenta una historia en la cual se comprueba cuánto confía un hijo en su padre que a la vez confía absolutamente en Dios. Es una historia sobre la confianza que nos ayuda a pensar sobre nuestra propia confianza en el Señor.

Contamos la historia con ojos de niños y de niñas…
La historia de Abraham e Isaac es una historia sobre la confianza en Dios. Abraham era el padre de Isaac. Abraham y su esposa Sara habían esperado muchos años para tener un hijo. Abraham amaba a Isaac más que nadie en el mundo..
Un día, Dios le habló a Abraham y le dijo que subiera a la montaña, con su hijo Isaac, para orar los dos juntos. En ese tiempo la gente adoraba a Dios presentándole un animalito, como una ofrenda, para mostrarle a Dios que le estaban dando su propia vida.
Así que Abraham se llevó a Isaac y comenzaron a subir la montaña. Al tercer día, Abraham le dijo a Isaac que iban a construir un altar para hacerle una ofrenda a Dios. Iban a hacer un fuego. El humo del fuego era como la oración que Abraham sabía que iba a llegarle a Dios.
Isaac le dijo a su padre: “El fuego y la leña están aquí, pero ¿dónde está el
cordero para presentarle a Dios?”
Abraham sabía que a Dios no le gusta que los papás ni las mamás les hagan daño a sus hijos, y por eso le respondió: “Dios se va a encargar de que tengamos cordero. “Y siguieron caminando hasta que llegaron al lugar que Dios les había indicado. Durante todo ese tiempo Abraham estaba esperando que Dios hiciera algo inesperado.
Entonces Abraham miró y vio un carnero con sus cuernos enredados en un matorral.
Así que Abraham agarró el carnero y lo ofreció como ofrenda a Dios. Abraham tenía toda su confianza en Dios y Él se había encargado de que tuvieran un animalito para ofrecerle.

Dios quiere que nosotros ofrendemos nuestras vidas para servirle, ayudando a los que nos necesiten. Pero Dios no quiere que nos hagamos daño, ni quiere que le hagamos daño a nadie. Cuando confiamos en Dios, él siempre se encarga de lo que necesitamos.

¿Vos confiás en Dios? ¿Quieres darle toda tu vida a Dios, ayudando a mamá y a papá, a tus hermanos y amiguitas, cuidando la creación y reconociendo siempre a Dios?

Enseñar o cantar la canción que dice:

El Señor es quien me da fuerzas
El Señor es quien me da fuerzas,
mi alegría es el Señor.
El Señor es mi salvación,
en Él confío no habrá temor,
en Él confío no habrá temor.

 

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./ niñas/os lectores mayores

ORAR.- dar gracias a Dios porque Él nos protege todos los días.

Leer Génesis 22. 1-19. Leer del 1 al 8

Preguntar si ellos estaban seguros que Dios iba a poner el cordero para el sacrificio.

Explicar que en esa época la gente ofrecía a Dios algunos animales como sacrificios, para que se dieran cuenta de que no había que matar a los niños, ni a los pobres, ni a los prisioneros cuando ganaban una guerra. Los pueblos paganos –los que no conocían al Dios verdadero– ofrecían niños o esclavos en sacrificio: a veces los hacían trabajar y a veces los mataban.

¿Quieren saber cómo terminó todo? Leemos del 9 al 19.

¿Isaac estaría asustado? ¿Abraham, confiaba en Dios? ¿Alguna vez pasaron por un momento en que fue muy difícil hacer lo que está bien con amigos o en la casa o en el cole?

Isaac iba con su papá. No tenía miedo porque confiaba en Dios y sabía que Dios nunca nos deja solos, a pesar de que era un momento difícil.
“El Señor da todo lo necesario” (vers. 14).

 

Vamos a jugar un juego: “El lazarillo”

Pedir a todos los participantes que se reúnan en parejas. Entregar a cada pareja un antifaz ciego, o un pañuelo, y proponerles que uno de ellos se vende los ojos. Deberán recorrer el espacio del patio, del salón de encuentros, u otro, en un tiempo acotado, donde se dispondrán diversos objetos sin hablar y sin tropezarse con nada.

Al terminar, el que no veía debe decir qué cosas había en el lugar. Si el grupo es tranquilo y el espacio lo permite, lo pueden hacer todos al mismo tiempo. De no ser así hacerlo en tiempos sucesivos, una o dos parejas después de la/s otra/s. Cuando el líder lo indique cambiar de rol.

Al terminar el juego conversar sobre sus sensaciones, cuántas cosas descubrieron y opinar sobre cómo los condujo el “lazarillo”.

 

Explicar, si no lo saben, qué es un lazarillo y reforzar la idea de que el ciego debe confiar mucho en él porque son sus ojos. Se puede relatar brevemente alguna anécdota divertida del “Lazarillo de Tormes” novela picaresca española de autor anónimo de 1554.
Este lazarillo es un pícaro y tiene que trabajar para un ciego muy tramposo que lo castiga si lo descubre comiendo su comida o tomando su vino. El lazarillo realiza triquiñuelas que le permiten salirse con la suya. El ciego no confía mucho en él, pero cree que lo puede dominar en todo.

En cambio la Biblia nos cuenta una historia en la cual se comprueba cuánto confía un hijo en su padre que a la vez confía absolutamente en Dios. Es una historia sobre la confianza que nos ayuda a pensar sobre nuestra propia confianza en el Señor.

 

Contamos la historia con ojos de niños y de niñas…
La historia de Abraham e Isaac es una historia sobre la confianza en Dios. Abraham era el padre de Isaac. Abraham y su esposa Sara habían esperado muchos años para tener un hijo. Abraham amaba a Isaac más que nadie en el mundo..
Un día, Dios le habló a Abraham y le dijo que subiera a la montaña, con su hijo Isaac, para orar los dos juntos. En ese tiempo la gente adoraba a Dios presentándole un animalito, como una ofrenda, para mostrarle a Dios que le estaban dando su propia vida.
Así que Abraham se llevó a Isaac y comenzaron a subir la montaña. Al tercer día, Abraham le dijo a Isaac que iban a construir un altar para hacerle una ofrenda a Dios. Iban a hacer un fuego. El humo del fuego era como la oración que Abraham sabía que iba a llegarle a Dios.
Isaac le dijo a su padre: “El fuego y la leña están aquí, pero ¿dónde está el
cordero para presentarle a Dios?”
Abraham sabía que a Dios no le gusta que los papás ni las mamás les hagan daño a sus hijos, y por eso le respondió: “Dios se va a encargar de que tengamos cordero. “Y siguieron caminando hasta que llegaron al lugar que Dios les había indicado. Durante todo ese tiempo Abraham estaba esperando que Dios hiciera algo inesperado.
Entonces Abraham miró y vio un carnero con sus cuernos enredados en un matorral.
Así que Abraham agarró el carnero y lo ofreció como ofrenda a Dios. Abraham tenía toda su confianza en Dios y Él se había encargado de que tuvieran un animalito para ofrecerle.

Dios quiere que nosotros ofrendemos nuestras vidas para servirle, ayudando a los que nos necesiten. Pero Dios no quiere que nos hagamos daño, ni quiere que le hagamos daño a nadie. Cuando confiamos en Dios, él siempre se encarga de lo que necesitamos.

¿Vos confiás en Dios? ¿Quieres darle toda tu vida a Dios, ayudando a mamá y a papá, a tus hermanos y amiguitas, cuidando la creación y reconociendo siempre a Dios?

 

Enseñar o cantar la canción que dice:

El Señor es quien me da fuerzas
El Señor es quien me da fuerzas,
mi alegría es el Señor.
El Señor es mi salvación,
en Él confío no habrá temor,
en Él confío no habrá temor.

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./ adolescentes

Leer Génesis 22.1-19

Comentar que la Biblia no cuenta todo lo que pasó entre medio, desde que Isaac preguntó por el cordero para el holocausto hasta que escucharon la voz del ángel del Señor.
Uno puede imaginárselo de muchas maneras, pero a nosotros nos importa el final, que a pesar de que era un duro momento para Abraham, porque Isaac era un regalo especial de Dios para Abraham y Sara, él confiaba en que Dios iba a hacer lo que era mejor para ellos.

Dios le había enseñado a su pueblo que no debían hacer sacrificios de vidas humanas. Esas instrucciones fueron registradas en la Biblia tiempo después, pero eran de tiempos antiguos (Deuteronomio 12.31). De manera que en esta historia del Génesis, en realidad se representa a Dios en contradicción consigo mismo, para “probar” la confianza que le tenía Abraham. Dios nunca iba a permitir que Abraham sacrificara a su hijo Isaac.

¿Quién los acercó a ustedes por primera vez a la Iglesia? ¿Quién les habló de Dios por primera vez? ¿Por qué siguen estando dentro del grupo?

Comentar que aunque ustedes no lo sepan o no se hayan dado cuenta, quien estuvo primero dentro de sus vidas fue Dios y fue Él quien acercó a la persona que les habló para que se encontraran con Jesús.

Leamos el Salmo 139.13-16:

Nosotros decimos sí o no a la invitación de Dios pero quien primero se acerca a nuestra vida es Dios. No nosotros, sino Él. Así que si Dios dispone que nosotros nos acerquemos a Él, es porque no quiere nada malo para nosotros. Y en esto confió Abraham: si Dios le había dado a Isaac para que tuviera descendencia, seguramente tendría preparado el cordero para ofrecer en sacrificio.
El sacrificio era la manera antiguo de representar la entrega de nuestras vidas, a través de un animalito sacrificado. El humo del sacrificio representaba las oraciones del pueblo creyente que subían hasta Dios.

¿Somos capaces de confiar en Dios aún cuando todo es muy difícil?
¿Le podemos decir a Dios, “te entrego mi vida” y confiar en que Él hará lo mejor para nosotros?

Pensemos por un momento qué cosas cambiaría Dios en nuestra vida si se la entregamos totalmente…

ORAR.- por nuestros adolescentes. Si el grupo no es muy grande orar por cada uno. Que ellos sepan que son motivo de nuestra preocupación.

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