Panes y peces para la sostenibilidad de la vida: respuesta de diaconía ante el COVID-19

26 May 2020
en Servicio social
Panes y peces para la sostenibilidad de la vida: respuesta de diaconía ante el COVID-19

Frente a la rápida propagación del COVID-19, la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA) y el Centro Regional Ecuménico de Asesoría y Servicio (CREAS), realizaron convenio de cooperación para brindar apoyo solidario a las familias y comunidades afectadas por la emergencia sanitaria, económica y social, generada por la pandemia en Argentina.

En esta respuesta de diaconía, la IEMA y CREAS identificaron esencial canalizar su solidaridad en el fortalecimiento de la capacidad de respuesta de las congregaciones a las necesidades generadas por la emergencia alimentaria y sanitaria y, brindar herramientas para la educación pública y social con materiales educativos de cuidado solidario en las comunidades barriales y en situación de mayor vulnerabilidad.

Las ayudas procurarán la seguridad alimentaria de las familias con la entrega de bolsones por un periodo de dos meses. Para este servicio, se cuenta con un equipo pastoral y de voluntariado en las comunidades, quienes cuentan con permisos de circulación. Como parte de esta respuesta desde la diaconía, recibieron capacitación en protocolos y medidas de protección para el manejo y suministro de las ayudas en el contexto humanitario del COVID-19.

Natalia Ochoa, responsable de la Secretaría de Proyectos y Diaconía de la IEMA expresó que:

«A través de este convenio podremos brindar apoyo a unas 380 familias en 10 congregaciones en las provincias de Buenos Aires, Santa Fé, Córdoba y Mendoza, quienes están atendiendo demandas prioritarias de alimentación y en algunos casos de provisión de elementos de protección e higiene en localidades, donde las ayudas de diferentes sectores no están siendo suficientes.»

A su vez, Rosaura Andiñach, coordinadora de procesos comunitarios en CREAS, subrayó que:

«La pandemia del COVID-19 vino a agravar la ya profunda crisis socioeconómica que viven muchas personas en el país.  En ese sentido, definimos nuestras prioridades de atención en diálogo con los referentes de cada comunidad. La cuarentena afectó directamente los ingresos de las familias, lo que llevó a que más personas acudan en búsqueda de alimentos a comedores e iglesias, quienes están recibiendo más gente de la habitual, y por eso decidimos poner allí el foco de nuestro apoyo.»

La IEMA y CREAS, inspiradas en el pasaje bíblico de la multiplicación de los panes y los peces, decidieron llamar a esta iniciativa de cooperación y diaconía ecuménica “Panes y peces para la sostenibilidad de la vida”, con la cual, buscarán dar testimonio de fe y abundancia de vida en Jesús, a través de la expresión de solidaridad con quienes más sufren en estos momentos, cuando el valor del servicio en la diaconía se torna tan importante.


Los panes y los peces

Pablo R. Andiñach

En el plan de Dios no hay un pan, hay muchos panes; no hay un pez, hay muchos peces. Y esos panes y peces se reparten. Se reparten a quien los necesita porque es el alimento que reclama  la vida para seguir viviendo.

En el plan de Dios no te preguntan quien sos, cuál es tu barrio o cuáles tus ideas. Tampoco se preguntan si te has equivocado en la vida; si tu historia es brillante u oscura. Tampoco si sos creyente o tenés dudas. Te preguntan si necesitás panes y peces, porque Su mano es generosa.

Sabemos que Jesús nunca escribió nada. Solo una vez, con el dedo y en la arena. Pero dejó una comunidad de mujeres y hombres para que hicieran su voluntad. Y les encomendó que no se guarden sus cosas, sino que extiendan sus brazos a toda persona para compartir aquello que habían recibido. Dicen los evangelios que se reunían para compartir el pan y que en comunidad no habían personas necesitadas. Ese era el signo distintivo de aquellas nacientes comunidades seguidoras de Jesús: compartían lo que tenían y cada cual recibía de acuerdo a lo que necesitaba.

Han pasado dos mil años y todavía hay manos sin pan y sin peces. Quienes estaban allí en aquel tiempo se miraban con escepticismo: ¿dónde conseguir alimento para tanta gente?, porque eran muchos, como hoy. Y la situación era crítica e insostenible: estaban en el desierto y anochecía. “Déjales ir”, le sugieren sus amigos, “que se arreglen solos, que compren su pan en las aldeas”. Jesús les miró y le dijo  “denles ustedes de comer”.

Con asombro, con curiosidad, mujeres, hombres, niñas y niños veían cómo por las manos pasaban los panes y no se agotaban, cómo los peces se multiplicaban y alcanzaban para todos. Porque en las manos de Dios hay alimento para todas las personas.

Este es un tiempo para mirar con asombro cómo la solidaridad nos une y nos hace personas más ricas. Ricas en miradas, en gestos, en conocernos por el nombre. Quizá falten las monedas, pero hay abundancia de vida. Y el Señor vino para eso, para darnos vida en abundancia.

(Mateo 14: 14-25)

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