No a la mina

20 Feb 2016
en En contexto
No a la minería

Por Pastora Cristina Dinoto. Publicado en la Revista Vida Abundante de la Iglesia Evangélica del Río de La Plata.

Dios dice: “la tierra es mía, y ustedes solo están de paso por ella como huéspedes míos”. ( Levítico 25:23)

Siempre recuerdo a los dueños de un complejo de cabañas turísticas en el sur del país donde vivía, debían recorrer cada una de las cabañas cuando los turistas se iban, para ver si todo había quedado en orden o si algo faltaba y debían reponerlo para que los próximos que llegaran estén bien y cómodos en el lugar.

El texto de levítico nos recuerda que sólo somos huéspedes del Señor en esta tierra, que él es el dueño y creador y que nosotros debemos mantener la “casa” limpia y en orden para nosotros y para los que van llegando, para sentirnos bien y cómodos en ella. Para que el Señor continúe pensando que podemos ser buenos huéspedes en su casa.

El llamado a salvar la tierra es una de las mayores urgencias que tenemos como habitantes de este planeta.

Y como Iglesias nos incorporamos a esta agenda de lucha por la vida abundante que Jesús vino a traernos y que como sabemos las explotaciones mineras, sólo miran su negocio y hacen que la vida sea efímera, no abundante, sea una vida llena de basura a través de los ríos y la tierra contaminados, a través de modificar los paisajes con las explosiones que no favorecen a los pueblos, sobre todo a los que viven cerca de las mineras.

Las mineras, que siempre son compañías extranjeras porque en su propio país no pueden hacer este tipo de explotación, utilizan 10 toneladas de cianuro por día, mezclados con el agua (utilizan 300.000 m3 por día) para separar la roca del oro y 9 toneladas de explosivos para comenzar a abrir las minas.

Como huéspedes de la casa de Dios, nos debemos no sólo clamar al Padre, sino también comprometernos con el cuidado de esta tierra que el Señor creó y en ella nos puso para ser sus fieles mayordomos.

Comprometernos desde las organizaciones sociales a ser voz profética mostrando cómo desde La Biblia, el Señor nos marca que la tierra es de él, “que tiene en sus manos las regiones más profundas de la tierra y suyas son las montañas más altas pues con sus manos todo lo formó”. (Salmo 95)

Hemos sido llamados por Dios para atesorar y cuidar la tierra como un mandato sagrado.

Si la tierra es dañada tiene consecuencias sobre la gente y sobre la naturaleza y nosotros somos responsables de ellos porque tenemos el mandamiento de Amar a Dios y a nuestro prójimo como a nosotros mismos , considerando prójimo a todo lo creado, hombres y mujeres y también el amor a las plantas que nos dan su sombra, sus frutos, al río que nos da el agua, a los animales que no sólo son de alimento sino también para disfrutarlos en su cantar, en su cariño cuando son nuestras mascotas y viven con nosotros.

Desde ahí cuidar lo creado para disfrutarlo, para alabar el nombre de Dios como dice el Salmista: “Alaben el nombre del Señor, pues él dio una orden y todo fue creado; él lo estableció todo para siempre, y dictó una ley que no puede ser violada” ( Salmo 148: 5 -6).

La ley del amor a la casa grande, a la casa de todos, la ley que nos enseña que nadie nos dio el título de propiedad de la tierra, el Señor dice que sólo somos huéspedes de él y el salmista lo afirma diciendo “DEL SEÑOR ES LA TIERRA Y SU PLENITUD CON TODO LO QUE EN EL HAY CON TODO LO QUE EN EL VIVE”. ( Salmo 24).

Como seres humanos, debemos respetar la ley de Dios si queremos vivir en su tierra. Permitir que contaminen la tierra y el agua para sacar oro y plata que sólo servirá para empobrecer a nuestros pueblos, nos desafía a mirarnos a nosotros mismos delante de Dios y replantearnos la lucha en defensa de la vida porque somos parte de su creación cuya vida florece cuando todo va relacionado mansamente.

Las grandes mineras no tiene en cuenta dentro de sus proyectos la vida de los pueblos, la vida de los que trabajan en las minas, en condiciones deplorables, por pobres sueldos que no tienen nada que ver con los dividendos que sacan por la explotación de los metales. Tampoco tienen en cuenta pautas de comportamiento cuando contaminan el agua y la tierra, que los agricultores y la gente de los pueblos utiliza para consumo diario.

Por todo esto: NO ES NO y aquí debemos estar firmes, no permitir que se destruya la tierra, que se quebranten los ciclos de la naturaleza que el Señor diseñó con tanta exactitud y que constituye el marco para toda la vida creada.

JUNTOS, y en el nombre del Señor Todopoderoso podemos hacer frente a los poderosos que nos invaden, a los que se creen dueños de modelos injustos de vida qué sólo traen destrucción y muerte.

Y diciendo que NO, TODOS JUNTOS, tanto en nuestras vidas personales como en nuestras comunidades locales y levantando nuestras voces para sumar a otros, sólo así nos haremos fuertes para defender esta tierra llena de hombres y mujeres que trabajan y sueñan una vida plena y abundante que el Señor nos da, esta tierra llena de plantas y flores de colores que nacen cada temporada, llena de animales y aves que nos despiertan cada mañana.

Y juntos clamamos a Nuestro Señor:

Padre nuestro, tú que nos diste la tierra como escenario para nuestra vida, queremos pedirte que nos hagas atentos y sensibles para unirnos a todas las voces que se levantan en defensa de nuestra casa grande.

Danos el coraje y la fortaleza para ser huéspedes fieles capaces por hacer de este mundo el mejor lugar para vivir; para hacer todo aquello que sirva para gloria de tu creación.

Danos sabiduría para abrir caminos de vida abundante, fortalece nuestra fe y haz que nuestras manos derramen tu amor por doquier.

Venga tu Reino Señor!! para que las tinieblas sean vencidas, y así poder mirar el futuro lleno de esperanza.

Te Alabamos y bendecimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo amén.

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