La misión en los márgenes: el caso Iglesia Metodista de Constitución

17 May 2023
en Artículos CMEW
La misión en los márgenes: el caso Iglesia Metodista de Constitución

¿Dónde está la clave para mantener la llama encendida de una iglesia y evitar el “apagamiento lento”? En primer lugar, en la disposición a ver y sentir la realidad que nos rodea, dejar al Señor mostrárnosla. Con sus ojos, con su amor, volver a la oración y la Escritura, pedir orientación y guía, buscar alrededor.


La que fuera la Tercera Iglesia Metodista en Argentina terminó cerrada. ¡Sí, cerrada!

La obra que se había iniciado en el sur de la Ciudad de Buenos Aires en 1885 y logra establecerse en su templo definitivo en 1953 en la Av. Garay, en el barrio de Constitución.

El barrio tuvo una evolución compleja, cambios en el trazado de importantes vías dejaron desocupadas manzanas completas en las que antes había edificios y comercios. En los años 70, una nueva autopista cortaba el tejido urbano de varios barrios del sur de Buenos Aires. Una década después otra autopista termina de aislar de algún modo la zona. La decadencia del barrio de Constitución se acentuó enormemente a fines de la década del 70, a partir de esos cambios. En los últimos 20 años es considerada una zona peligrosa caracterizada por la inseguridad, la droga, la prostitución, la venta callejera, los depósitos que le compran a los recicladores urbanos informales “cartoneros”. Los medios han llegado a llamarlo el “Barrio Zombie”.

Quienes eran miembros de esa iglesia su fueron mudando a otros barrios a medida que la zona decaía. Otros, que venían de más lejos ya no se animaban a acercarse. La comunidad se fue replegando a medida que percibió los cambios en el barrio, como negativos, inabarcables y amenazantes. Hubo varios hechos de inseguridad que la afectaron en forma directa. La comunidad disminuyó paulatinamente hasta convertirse en un grupo pequeño. En medio de la creciente crisis barrial, en lugar de buscar los modos de servir a una población en situaciones cada vez más frágiles, se fueron replegando. El horario tradicional del culto los domingos por la mañana se había vuelto uno de los momentos de más riesgo, muy poca circulación de gente, comercios cerrados y las pocas personas que andaban por ahí se encontraban afectadas por consumos problemáticos. Sin embargo, la comunidad no renunciaba a tener los cultos en ese horario y llegaron a tenerlos a puertas cerradas entrando por el costado. Finalmente fue cerrada.


Una Iglesia que se cierra a su entorno ¿es Iglesia?

Luego de cuatro años cerrada, el obispo decide que antes de poner en venta el edificio quiere hacer un último intento de trabajo en el barrio. Ya no hay membresía que recuperar, hay que comenzar de nuevo.

Se inició un relevamiento barrial que nos permitió conocer mejor las situaciones, los servicios que ya existían, los espacios que podían funcionar como aliados en la promoción y defensa de la vida y la dignidad de las personas. Dios fue abriendo el camino y sobre todo nos permitió mirar con sus ojos realidades muy dolorosas.

Se analizaron los múltiples caminos de misión entre todas las problemáticas tan agudas que presentaba el barrio. Se optó por un acercamiento a las mujeres en situación de prostitución, una realidad muy grave que atenta contra los derechos más básicos de las personas que son sometidas a violencias múltiples y riesgos contra su salud psicofísica y sus vidas. Se les ofreció un espacio de descanso, algo fresco que tomar en verano y algo caliente en invierno, la oportunidad de charlar de lo que desearan. Se les entregaban tanto profilácticos como folletos con direcciones útiles en las que podían atender su salud o recibir asesoramiento. En ese tiempo fuimos comprendiendo mejor su realidad y necesidades. La Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos fue una gran aliada.


Se iniciaron cultos quincenales en días sábados, era necesario cambiar el día a uno que no representara tanto riesgo y en el que la reunión misma fuera un testimonio de apertura. Si no pasa gente no hay testimonio. Los sábados por la tarde hay más movimiento.

El grupo de las mujeres en situación de prostitución que se reunía semanalmente fue creciendo y se agregaron al espacio de descanso, talleres de costura y tejido y asistencia de alimentos en los casos de mayor situación de vulnerabilidad; orientación para acceder a subsidios y apoyo; charlas sobre derechos; comenzaron a preparar una feria americana y ofrecimos un devocional semanal.

Otra realidad muy dura es la de los recolectores urbanos informales (cartoneos) que llegan a vender lo que recolectaron a veces luego de 8 o 12 horas de trabajo y cargan con 300 kgs en un carro. Se les ofrece un espacio de merienda al paso ya que quieren llegar al punto de venta, ropero y asesoramiento social semanal cada martes.

Con el tiempo y los grupos que se fueron conformando de aprendizaje buscamos alcanzar apoyo para microemprendimientos que permitan el autosustento de las personas más comprometidas.

Constantemente buscamos la formación de equipos de trabajo capaces de dar respuesta en un contexto con muchas demandas urgentes y diversas, la primera dificultad es que no mucha gente se anima a venir a trabajar al barrio. La segunda es el horario diurno en el que se desarrollan la mayoría de las acciones y que impide que muchas personas que querrían ayudar puedan acercarse por sus propios horarios de trabajo.

La Iglesia Metodista Argentina no tiene mucha experiencia en la apertura de nuevas obras, más bien la ha tenido en recibir gente que cambia de iglesia. Las obras más nuevas o las que están en proceso de refundación o recreación están en sectores populares. Cuando el Señor nos muestra la necesidad extrema y nos animamos a mirar con sus ojos amorosos las vidas atravesadas por el dolor, la necesidad constante y la desesperación y decimos acá estoy, no nos deja solos ni solas. Pero, es cierto que a veces, nos gana el temor, nos gana la sensación de que la realidad es inabarcable y nos replegamos sobre nosotros mismos. Ahí es cuando las obras decrecen hasta su extinción silenciosa o como decía un pastor “se apagan”.



¿Dónde está la clave para mantener la llama encendida y evitar el “apagamiento lento”?

Seguramente en la disposición a ver y sentir la realidad que nos rodea, dejar al Señor mostrárnosla. Con sus ojos, con su amor, volver a la oración y la Escritura, pedir orientación y guía, buscar alrededor. No estaremos solos ni solas, llamó a otras y otros, encontraremos muchas personas y grupos sensibles a esas realidades. Encontraremos recursos del Estado para responder que, funcionen mejor o peor, están ahí y hay que potenciar. En el camino de rescatar la vida y la dignidad nos vamos a encontrar con muchas organizaciones y personas que se involucran, algunos serán cristianos y otros no pero podemos caminar y trabajar juntos en función de objetivos comunes. Algunos conocerán la novedad de un Evangelio que obra en la realidad a través nuestro y se sumarán también.

Si vamos con ojos y corazones abiertos sabremos de recorridos de vida de mucha dificultad, al borde de la supervivencia muchas veces. Una mujer que se ve sometida al sistema prostituyente sufre de muchos modos, llegó allí por muchos diferentes caminos. Hay quienes fueron engañadas y atrapadas por los sistemas de Trata que esclavizan. Hay quienes fueron atrapadas por la miseria extrema y la necesidad de cubrir lo más básico para sus hijes. Hay quienes fueron entregadas por sus propias familias o parejas. Las historias son desgarradoras en su mayoría. Viven bajo tortura, viven en riesgo, y además viven tratando de esquivar el prejuicio de una sociedad que necesita cegarse de lo que hace y responsabiliza a las víctimas, las mira con sospecha o desprecio y ni por asomo se atreve a imaginar uno de sus días así.

Ver, oír, acompañar nos hace ver cosas que tal vez nunca habíamos visto antes. Somos parte de una sociedad que prostituye, de una sociedad pornográfica que educa la sexualidad al servicio de los varones, que admite la violencia y la naturaliza.


El primer grupo de mujeres que se reunió en la Iglesia de Constitución lo hacía en el atrio para que se sintieran cómodas y no presionadas a entrar a la Iglesia. O que no creyeran que les abríamos las puertas para que se llenara el templo. Ellas pidieron ir al Templo, ellas se emocionaron, algunas hasta las lágrimas al entrar. Cuando oramos, les explicamos que no hacía falta que participaran si no creían, y una de ellas, jamás lo olvidaré, dijo: “¿Pastora, usted sabe la fe que hay que tener para encerrarse en un cuarto con un tipo que una no conoce?” uno que no conocen, que no les agrada en lo más mínimo, que huele mal y que no se sabe con qué viene.

Hoy, ya no decimos que es la Tercera Iglesia, guardamos su memoria pero necesitamos ser la Iglesia de Constitución. Hay una gran sabiduría en que nuestras iglesias se llamen así. Nuestra Iglesia de Constitución no está cerrada, hoy tiene su servicio al paso de comida y jugo, su ropero, una feria americana, talleres de costura, tejido, informática, cocina, muralismo, estampado, algunos ya en etapa de emprendimiento, un grupo terapéutico y charlas sobre salud y derechos. El culto y grupos de oración al final de cada día de encuentro.


Pastora Viviana Pinto para CMEW


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