Iglesia: caricia y arrullo de Dios para la humanidad

07 Jun 2019
en Episcopado
Iglesia: caricia y arrullo de Dios para la humanidad

“…Por la entrañable misericordia de nuestro Dios.
La aurora nos visitó desde lo alto,
para alumbrar a los que viven en tinieblas
y en medio de sombras de muerte;
para encaminarnos por la senda de la paz”

Evangelio de Lucas 1, 78 y 79 (RVR)

La foto del estado actual de nuestra sociedad nos lleva a afirmar, sin lugar a dudas, que se requiere una transformación profunda del ordenamiento vigente  de las cosas: una transformación ecológica, política, social, económica… y, no podemos negarlo, necesitamos también una urgente revolución del afecto y la ternura.

Vivimos un mundo muchas veces hostil y amenazante de toda la vida y de nuestra propia humanidad, que nos endurece y nos desintegra como sociedades del cuidado mutuo. Es imprescindible hacer foco en una teología de la ternura como afecto entrañable, ternura que nos abra a la vida de los otros y las otras personas que nos rodean, como lente y catalejo para mirar y comprender sus vidas y circunstancias.

El teólogo Harold Segura lo ha expresado muy bien:

la teología de la ternura es un esfuerzo práctico que hacemos como comunidad cristiana para tratar de comprender la ternura desde la perspectiva de la fe”.

Alojar la teología de la ternura es dar el justo lugar a la praxis del buen trato hacia las personas a la manera de Dios. Somos animados a vivir y poner en movimiento nuestra fe en la cotidianeidad de la vida, para influenciar las relaciones sociales, políticas, económicas teniendo a Jesús como modelo y paradigma indiscutible de la ternura y su necesaria práctica transformadora y liberadora.

La casa común requiere afecto y ternura. Sin esta misericordia entrañable, que nos visitó al alba, seguiremos mirando la aldea global sin buscar ni esperar de ella señales ricas en misericordia, solidaridad y humanidad y seguiremos indiferentes ante una multitud de personas que claman por protección, confianza y acogida.

Hoy la “gran parroquia” y en particular la humanidad excluida se constituyen en desafíos para la iglesia, para que su carta de presentación sea la ternura, la caricia, el arrullo de Dios. Frente a un mundo que padece de “olvido del ser”, la ternura –como respuesta a los grandes desafíos– es un paradigma de evangelización que debe ser defendido y sostenido.

Deseo enfatizar la necesidad de encontrar espacio y tiempo para el encuentro, en estas sociedades del desencuentro, de la incomunicación, de las asimetrías sociales escandalosas, de las más diversas discriminaciones. Una teología y su necesario correlato de una pastoral de la ternura, ofrecen una práctica restauradora en un sinfín de escenarios de rupturas dramáticas de sororidad, fraternidad y projimidad gestadoras de humanidad.

Esta ternura, caricia, arrullo de Dios –como práctica de los seguidores y seguidoras de Jesús– no tiene nada que ver con una ingenuidad de puros besos y abrazos. Es una ternura llena de amor  y mansedumbre, pero al mismo tiempo una práctica denunciante: una ternura como denuncia profética ante todo sistema de exclusión, segregación, estigmatización, intolerancia y culpabilización; ternura que llama y convoca a un mundo donde entren todas y todos, un hogar del encuentro, la confianza y la acogida.

Según el pedagogo José Martí:

“Siendo tiernos, elaboramos la ternura que hemos de gozar nosotros. –Y sin pan se vive…, sin amor… ¡no!”

El amor ha de revestirse de afecto entrañable, cercanía, firmeza y fidelidad; expresando así toda su fuerza transformadora y humanizante.

En tal sentido afirma el Jesuita Quinzá Lleó, Xavier;

“los evangelios son un testimonio de cómo amar, cómo vivir la relación con los demás abriendo espacios de intimidad, de ternura, de compasión: cómo cuidar a las personas amadas, cómo escuchar sus gemidos o secundar los deseos de su corazón, cómo nutrirse de su cercanía y de su confianza, cómo caminar en el amor hacia el Amor.”

 

“Mientras media humanidad muere de hambre de pan,
media humanidad muere de hambre de abrazos”.

Eduardo Galeano

 

Hermandad, ¿estamos dispuestos a ser caricia y arrullo de Dios?

Abrazo fraterno/sororal.

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo



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