Genocidio armenio: el dolor contado por descendientes de las víctimas

27 Abr 2015
en En contexto
Genocidio armenio

El 24 de abril se cumplieron 100 años del inicio del genocidio armenio. La fecha se recordó en distintos actos, marchas y celebraciones litúrgicas.

“Uno de los desafíos que plantean el trabajo de recordar y homenajear a las víctimas y damnificados de estas tragedias es encarnar a esas personas para que dejen de ser una cifra, una más entre miles de protagonistas anónimos”, dice el periodista Cesar Dergarabedian– de origen armenio por padre-, quien entrevistó a más de 20 argentinos descendientes de sobrevivientes del genocidio armenio.

“Las respuestas te permitirán comprender las razones del reclamo de memoria y justicia en torno a estos acontecimientos, y conocer diferentes puntos de vista y actitudes de personas contemporáneas ante los hechos registrados antes, durante y después de ese fatídico año 1915″, dice el autor.

 

En las siguientes líneas presentamos dos de los testimonios que recogió:

Cristina Bedrossian: abogada, profesora en ciencias jurídicas y orientadora familiar, 51 años, residente en Buenos Aires.

-¿Qué parientes tuyos, que conociste en persona, vivieron en carne propia el genocidio?
-Mi abuelo paterno Agop Bedrossian vivió en carne propia el genocidio. Le dieron un hachazo, lo dieron por muerto y lo tiraron en un pozo de cadáveres, del cual pudo salir con algunos otros niños. Su hermanito, si bien también salió de allí, decidió quedarse donde vieron asesinar a su madre.

-A partir de tus recuerdos y vivencias, ¿cómo impactó en ellos lo sucedido hace 100 años?
-Creo que impactó en el amor que siempre tuvo hacia la familia movido por el deseo de forjar una descendencia; en el esfuerzo por satisfacer las necesidades de sus hijos y nietos; en la insistencia por tener los alimentos necesarios y en no tirar nada de ellos por el hambre que pasó; en preservar la cultura para que no mueran sus antepasados; en sobrellevar semejante horror humano y otras adversidades que le sobrevinieron (la muerte de su primera hija de dos años en un accidente, entre otras) con la fe cristiana recibida de su madre y ejemplificada por ella en medio de la deportación y la muerte. Ante cualquier prueba dura de la vida y aún, en referencia al genocidio, decía: “Dios sabe”. Nunca lo observé resentido pero siempre insistía en dar testimonio del exterminio para que no se perdiera en el olvido.

-¿Cuál es tu posición y actitud ante el centenario del genocidio armenio?
-Mi posición es de admiración hacia el pueblo armenio que sigue manteniendo los valores de la fe, de la familia, del trabajo, de la hospitalidad y la solidaridad; de tristeza ante la falta de justicia; de indignación frente a la hipocresía de las grandes potencias que por conveniencia no reconocen la verdad histórica y de esperanza porque creo en la justicia divina. Siento orgullo de ser una descendiente de armenios.

Fuente: ALC-Noticias

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