Con el corazón caliente y los zapatos sucios

28 Abr 2023
en Episcopado
Con el corazón caliente y los zapatos sucios

¡Ay de ustedes, que compran casas y más casas, que consiguen campos y más campos, hasta no dejar lugar a nadie más, y se instalan como si fueran los únicos en el país!

Isaías 5:8

El metodismo ha mostrado una profunda preocupación social desde sus mismos inicios. En el siglo XVIII Juan Wesley dedicaba sus recursos personales, tiempo, dinero y ganancias, para dar alivio a las necesidades espirituales y materiales de los más empobrecidos y empobrecidas de su tiempo. En las sociedades metodistas –espacios de oración y cuidado mutuo, constituidas en gran medida por pobres–, se levantaban ofrendas para los más empobrecidos, enfermas y extranjeros, que no tenían nada ni nadie.

  • Destaquemos los proyectos de corte cooperativo en los que se brindaba trabajo a los más necesitados, con lo que podían generar un pequeño sueldo…
  • Estableció una caja de ahorro, que facilitaba dinero para quienes deseaban emprender un negocio propio, suma que devolvían sin intereses y en la medida de las posibilidades.
  • Se ocupó de la salud del pueblo fundando una sala médica, escribiendo un manual sobre remedios caseros y naturales, que denominó Primitive Physick y que fue uno de los libros más solicitados y vendidos.

Podemos contemplar cómo John Wesley y quienes se unieron a él, fueron luz y sal de aquel mundo, defendiendo y cuidando de los más débiles e indefensos.

Los pronunciamientos fueron fuertes contra las personas, profesiones y hechos que debilitaban a la nación afectando al pueblo más débil:

  • Se declaró en contra de los comerciantes deshonestos, los productores de licores que se enriquecían aumentando la miseria de los pobres.
  • No escaparon los médicos y farmacéuticos, que se enriquecían prolongando la enfermedad de los pacientes y por la venta de remedios adulterados, que los hacían más caros aunque no más efectivos.
  • Los abogados también fueron apuntados porque obtenían sus ganancias explotando a su clientela.
  • Y en especial estuvo en contra de la esclavitud y el brutal colonialismo que su nación practicaba.

Wesley llegó a sentir en carne propia el sufrimiento de los pobres, los trabajadores y marginados de la sociedad inglesa del siglo XVIII.


«¿No es peor para una persona, después de un día de duro trabajo, volver a su casucha pobre, fría, sucia e incómoda, y encontrar que no hay ni siquiera el alimento que necesita para reponer sus energías gastadas? Ustedes que viven cómodamente en la tierra, que no les falta nada, sino ojos para ver y oídos para oír y corazones para comprender cómo Dios se ha comportado con ustedes, ¿no será peor tener que buscar su pan día tras día, y no poder encontrarlo? ¡Y también, tal vez, encontrar cómo consolar a cinco o seis niños que lloran por aquello que no se les puede ofrecer! Si no fuera por una mano invisible que le refrena, ¿no estaría tentado a maldecir a Dios y morir? ¡Oh la falta de pan! ¡La falta de pan! ¿Quién es capaz de saber lo que esto significa, a menos que lo haya experimentado en carne propia?»


J. Wesley descubre su profunda vocación, la evangelización hacia los más desprotegidos. Así describe él su experiencia:


“A las cuatro de la tarde, (el 2 de abril de 1739), me sometí a lo más bajo y proclamé en medio de los caminos el evangelio de salvación, hablándoles desde una pequeña elevación en las afueras de la ciudad de Bristol a unas tres mil personas”.


Al día siguiente predica en un campo abierto en las afueras de un pueblo cercano y el domingo siguiente, en Hannam Mount, a los miserables mineros de Kingswood. La reacción del pueblo es asombrosa. Grandes multitudes de oyentes responden favorablemente al mensaje evangélico. La vida de los mineros fue visiblemente afectada provocando una conversión tan increíble como impresionante.

J. Wesley le escribe a una mujer de la clase alta que llegó a ser miembro de una de las sociedades metodistas:


«Anda a visitar a los pobres y a los enfermos en sus casuchas. ¡Toma tu cruz, mujer! ¡Acuérdate de tu fe! Jesús ha ido delante, e irá contigo. Deja a un lado tu posición de dama de alta sociedad. Tu vocación ahora es mayor… Quiero que converses más, mucho más, con los más pobres del pueblo… Agáchate y pasa a estar entre ellos, a pesar de la suciedad, y otras condiciones asquerosas; deja a un lado eso de ser dama…»


El mes de mayo está signado por el día de los trabajadores y las trabajadoras y también como el mes del metodismo como experiencia del corazón ardiente. No resulta una casualidad que en los orígenes libertarios del 1° de mayo encontremos entre los condenados de Chicago a un pastor metodista, Samuel Fielden, acusado por el falso atentado de Haymarket de 1886. Estas son sus ardorosas palabras frente a sus acusadores:


“Llegará un tiempo en que, sobre las ruinas de la corrupción, se levantará la venturosa mañana del mundo emancipado, libre de todas las maldades, de todos los monstruosos anacronismos de nuestra época y de nuestras caducas instituciones”.


Desde nuestra rica herencia wesleyana hemos de pensar una eclesiología que nos lleve a salir de nosotros mismos e ir a la comunidad circundante, para hacernos instrumentos de novedad del reino de Dios a la luz de las Escrituras, confrontando la realidad pecaminosa, discerniendo las señales del tiempo presente y dando respuesta a los dramas y esperanzas del mundo… y todo con el corazón caliente y los zapatos sucios por el peregrinaje en los caminos de la vida.


Abrazo fraterno/sororal.

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo


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