Basta de violencia – Declaración ante hechos recientes de la realidad nacional

20 Jul 2017
en Declaraciones públicas, En contexto
Basta de violencia – Declaración ante hechos recientes de la realidad nacional

Ya en varias oportunidades, a lo largo de los últimos años, hemos advertido el crecimiento de la violencia en nuestro país, acompañando la escalada a nivel mundial. A las muchas formas de violencia simbólica y fáctica, delictiva e institucional que vemos crecer en nuestro país, se agrega la violencia represiva.

Policías pertrechados con los más sofisticados armamentos reprimen a obreros desocupados y sus familias, que reclaman por su fuente de trabajo. Si toda violencia es lesiva, es peor cuando se agrede al pobre.

Como cristianos repudiamos esa violencia, más aún cuando desde los discursos oficiales se pondera el diálogo y la unidad. Cabe recordar las palabras de la última homilía pública de Msr. Oscar A. Romero el día anterior a su martirio: “Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡cese la represión!” (Homilía 23 de marzo de 1980).

De los límites de la propiedad

Mucha de esa violencia se justifica como defensa de la propiedad. Hemos de recordar que en la tradición bíblica solo Dios es propietario último de todo y los seres humanos administradores para el bien común. “Del Señor son la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan” nos recuerdan el Salmo 24:1 y tantas otras leyes, expresiones y parábolas del Antiguo y Nuevo Testamento. La idea de propiedad absoluta es herética e idolátrica. Toda tenencia humana es a título precario y al servicio de la comunidad.

Así lo ha entendido la doctrina cristiana, desde los días de los padres griegos, pasando por Tomás de Aquino y Juan Calvino, y muchas encíclicas papales así como numerosos documentos ecuménicos. Destacan la función social de la propiedad. Mucho más cuando esa propiedad está destinada a producir alimentos o cubrir otras necesidades básicas. Frente a la ambigua letra de la ley debe prevalecer la ética de la vida.

La tarea de la justicia no es la afirmación del poder sino la defensa del humilde: “Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1:17). Y también: “Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso” (Proverbios 31:9). Esa es la justicia de Dios, el sentido de la gracia divina, el evangelio de amor de Jesucristo.

Por la Junta Directiva de FAIE:

Ana María Velilla de De Medio
Secretaria

Néstor Míguez
Presidente

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