Wesley y la Biblia, las Escrituras para vivir como Cristo

17 Sep 2025
en Artículos CMEW
Wesley y la Biblia, las Escrituras para vivir como Cristo

En este mes de la Biblia queremos seguir sumando a este tema tan importante para nuestra tradición metodista: la centralidad y la necesidad de la Biblia para nuestras vidas cristianas.

Por ello les invito a leer cuando puedan, los anteriores posteos sobre Wesley y la Biblia del año 2019: https://iglesiametodista.org.ar/mes-de-la-biblia-wesley-y-las-escrituras/. Allí conocemos al modo en que Juan Wesley comprendía y utilizaba las Escrituras como hijo de su tiempo, en la Inglaterra del siglo XVIII.

Juan Wesley creía que las Escrituras junto a la tradición, la razón y la experiencia eran las fuentes de la fe cristiana. Y en ese cuadrilátero –como se ha llamado- las Escrituras debían ser el centro del mismo y de toda creencia y acción. Sus sermones, cartas (y los himnos de Carlos) proclaman una fidelidad a la Biblia casi sin igual. Su objetivo no era una lectura superficial de las mismas, sino más bien una incorporación de las Escrituras a la esencia misma de la vida cotidiana. Y no para usarlas principalmente como arma contra una opinión contraria o como apoyo para sostener una postura incierta. Proclamó la centralidad de las Escrituras como autoridad fundamental de la vida cristiana, y donde sus verdades aparecían claras no había otra alternativa que la obediencia. Como algunos han dicho, lo más importante de su manera de leer la Biblia fue el intento de enfocar la cuestión de la vida cristiana. Esta fue su preocupación constante. No se acercó a ella por cuestiones especulativas ni solo teóricas, sino con el propósito de entender realmente qué es ser cristiano, una persona renovada por medio de la gracia de Dios. La Biblia a la luz de la vida y el contexto y viceversa.

Es preguntarse simple y honestamente: «A la luz de todo lo que entiendo de las Escrituras, ¿qué me dice Dios en este texto hoy?». Sus motivaciones eran: ¿Dónde obtienen los cristianos su orientación para vivir una vida fiel a Dios, ¿cómo se debe vivir la vida como cristiano? Todas estas preguntas encuentran su respuesta, sencilla y profunda, en la frase que el repite varias veces: «cristianismo escritural o bíblico» que te llevan a Cristo. Juan Wesley se basó en las Escrituras como brújula, sustento y fuente de alimento espiritual, para el cristiano autentico. Creía que la «iglesia primitiva» obtenía su guía de la Biblia y de la actividad del Espíritu Santo en la comunidad de creyentes.

A su vez, Wesley desarrollaba una lectura práctica, relacionada con su proyecto concreto de misión. Su entendimiento de pasajes claves cambió de acuerdo a la experiencia que adquirió, a medida que guiaba la vida de su pueblo. Esto quiere decir que su interpretación de los textos cambiaba, según iba aprendiendo de la experiencia de los miembros de su movimiento, en el camino de crecimiento cristiano. Para que la misma fuera una lectura fructífera, una interpretación bíblica fiel y que produzca frutos dignos del evangelio de Jesucristo.

Wesley decía que él era “hombre de un solo libro”. Aunque leyó y publicó una cantidad impresionante de libros en sus viajes alrededor de Inglaterra, leyó la Biblia de manera constante. Desde su niñez memorizaba cantidades enormes de pasajes bíblicos. Su discurso siempre estuvo sazonado con frases bíblicas. Escribió en una ocasión: “Desde la niñez se me enseñó a amar y reverenciar las Escrituras, los oráculos de Dios, y junto a éstos estimar a los Padres primitivos, los escritores de los tres primeros”. (en “Más pensamientos sobre la separación de la Iglesia (1789)”, Ob. Wesley, T V, WHF-J. Gonzalez. p. 393)

Su preocupación principal era dejar en claro que era lo central del cristianismo bíblico. No una bibliolatría superficial muy común hoy, sino que las Escrituras te lleven a Cristo. Afirmaba:


“Ahora bien, la Biblia no tiene otro oficio ni poder que guiarte a Cristo. ¿Cómo, entonces, puedes magnificar más la Biblia que apartándote de su enseñanza para ser enseñado por Cristo? ¡Así que pones a Cristo y a la Biblia en total oposición! ¿Y es esta la manera en que debemos aprender de él? No, sino que aprendemos de él, no apartándonos de la Biblia, sino manteniéndonos cerca de ella. Tanto por la Biblia como por experiencia sabemos que su palabra y su Espíritu actúan en conexión mutua. Y así es, que mediante la continua enseñanza y fortalecimiento de Cristo a través de las Escrituras, «el hombre de Dios es hecho perfecto y enteramente preparado para toda buena palabra y obra». (extracto de una carta al reverendo Sr. Law, ver Rueben Job, A Wesleyan spiritual reader, Ab. Press, Nashville, 1998, p.85-86, trad. propia)


En esta misma línea, también Carlos Wesley publicó un poema en una carta a su hermano:


“ … la cual incluye la siguiente estrofa: Cuando primeramente salimos a predicar la palabra, Dígame, ¿predicamos de nosotros mismos, o a Cristo el Señor? ¿Era nuestro fin juntar discípulos, Levantar un partido o formar una secta?”. (en Richard P. Heitzenrater, Wesley y el Pueblo Llamado Metodista,2001, Ab. Press, Nashville, p.177)


No se fomentaba una lectura ni interpretación bíblica que no tuviera a Jesucristo como el centro de la fe y de la predicación. Ni tampoco un seguimiento de Cristo desencarnado o solo declarativo, sino que desde el amor de Dios y a través de actitudes- acciones; vivir como Cristo. Juan Wesley sostenía:


“ … En el creyente cristiano, el amor se asienta en el trono que se erige en lo más profundo del alma; es decir, el amor a Dios y al hombre, que llena todo el corazón y reina sin rival. Cerca del trono, en un círculo, se encuentran todos los temperamentos santos: paciencia, benignidad, mansedumbre, fidelidad, templanza; y, si acaso, cualquier otra forma de pensar estuviera comprendida en «el sentir que hubo en Cristo Jesús». En un círculo exterior, se encuentran todas las obras de misericordia, ya sean para con las almas o los cuerpos de los hombres… Junto a estas, están las que suelen denominarse obras de piedad: leer y escuchar la Palabra, la oración pública, familiar y privada, participar de la Santa Cena, el ayuno o la abstinencia. Finalmente, para que sus seguidores se estimulen mutuamente al amor, a los temperamentos santos y a las buenas obras, nuestro bendito Señor los ha unido en un solo cuerpo: la Iglesia”. (Sermón 92, Sobre el Celo, ver Rueben Job, A Wesleyan spiritual reader, Ab. Press, Nashville, 1998, p.17, trad. propia).


Somos llamados a vivir en “el sentir que hubo en Cristo Jesús”, según Pablo en Filipenses 2:5. Nos recuerda la centralidad de Jesucristo y de experimentar nuestro discipulado de Jesús en obras concretas: de misericordia y de piedad. Las dos simultáneas, congregándonos, adorando y sirviendo a los más pobres. Y sabiendo de los conflictos y el cansancio en las relaciones humanas y en la vida de las iglesias, hace un llamado en su sermón “El cristianismo bíblico”, centrado en el amor de Cristo y buscando primero el reino de Dios y su justicia. Dice:


“Ustedes, hombres venerables que han sido especialmente llamados a formar las mentes tiernas de la juventud, a disipar las tinieblas de la ignorancia y del error, y a enseñarles a ser sabios para salvación, ¿están llenos del Espíritu Santo? ¿Están llenos de todos esos frutos del Espíritu que requiere el desempeño de sus funciones? ¿Están sus corazones consagrados a Dios? ¿Están llenos de amor y de celo por establecer su reino en este mundo? ¿Les recuerdan a aquellos que tienen bajo su cuidado que el fin razonable de todos sus estudios es el conocer, amar y servir al único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien Dios ha enviado? ¿Les inculcan día a día ese amor que es lo único que no perece? Porque cesarán las lenguas, y la ciencia filosófica acabará, y sin amor todo conocimiento es sólo una espléndida ignorancia, vana pompa, aflicción de espíritu. ¿Hay en todo lo que enseñan una tendencia al amor a Dios y a toda la humanidad por amor de su nombre? (en sermón 4: El cristianismo bíblico, Ob. Wesley, TI, WHF-J. Gonzalez, P.95)


Preguntas para que reflexionemos en nuestras vidas e iglesias. Preguntas para que nuestras vidas sean inspiradas en la Escritura y sean señales de Jesucristo. Para vivir como Cristo en este tiempo que vivimos. En próxima entrega seguiremos profundizando acerca del lugar de la Escrituras para Wesley y esos primeros metodistas.


Pablo G. Oviedo para CMEW


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