Volver a los caminos de Galilea

02 Feb 2026
en Episcopado
Volver a los caminos de Galilea

“Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado…
Jesús se acercó a ellos y les dijo:
–Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.
Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos…”

Mateo 28. 16 y 18.


Galilea fue el lugar de la primera llamada, donde todo comenzó. La elección de Galilea resulta bastante provocativa: ¡el nuevo reino empieza a revelarse en Galilea! Desde esa oscura provincia de Jesús, bajo sospecha permanente del imperio romano y desde el desprecio y el recelo de los líderes de Jerusalén, se va a desarrollar el camino de la salvación universal, que se funda en la experiencia de la pascua de Jesús el Cristo.

Desde la esperanza racial y nacionalista de la institución religiosa y política judía, centrada en la gran ciudad y el templo, humillada y sometida, aunque manteniendo su orgullo y prepotencia, pasamos de nuevo a la Galilea, sinónimo de “marginalidad”; volvemos la vista a la Galilea lacustre y campesina, pescadora y artesanal, la región multicultural donde se había levantado varias veces la resistencia armada contra los romanos, pagando sangre, dolor y muerte.

En medio de tal contexto de lucha y tensión, Jesús declara su autoridad cósmica. El término griego exousía significa poder, derecho y libertad para tomar una decisión. Con esta “autoridad”, mucho más fuerte que cualquier poder militar o político, Jesús lanza un mandato a su comunidad de fe. No es un mandato para un individuo, un obispo, pastor o teólogo. El sentido del original griego es que el discipulado se hace “en movimiento”. Era una responsabilidad de tiempo completo, que requería un gran esfuerzo, el abandono del ego y de los lazos tradicionales del grupo social originario. Claramente era un gran desafío mental, emocional, económico y físico, vivido con confianza, en fe y en gratitud.

Galilea es también el lugar de los recuerdos fundacionales de nuestra primera llamada. Volver a Galilea es recordar que hemos sido amados y llamadas por Dios. Cada uno de nosotros tiene su propia Galilea. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita, allí, en nuestra Galilea. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba.

Galilea era el sitio más distante de la “sacralidad”de la Ciudad santa. Era una zona poblada por gentes distintas que practicaban varios cultos, era la «Galilea de los gentiles». Jesús los envió allí, les pidió que comenzaran de nuevo desde allí. ¿Qué nos dice esto? Quizá que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar a nuestros sitios sagrados y acostumbrados, sino que hay que llevarlo a todos los rincones de nuestra existencia, a todos los desafíos de nuestras “Galileas”.

En estos días hay una enorme necesidad de ser reconfortados y reconfortadas. Es una gran bendición la de ser discípulos y discípulas que consuelan, que llevan las cargas de los demás, que animan, que portan mensajes de vida en tiempos de muerte. Nuestra misión es la misma misión de Jesús el Cristo, que se revela en la Galilea de nuestra fe:

  • Proclamar las Buenas Nuevas del Reino.
  • Enseñar, bautizar y equipar a los nuevos/as creyentes.
  • Responder a las necesidades de las personas mediante un servicio  amoroso.
  • Animar la transformación de las estructuras injustas de la sociedad, enfrentando la violencia, buscando la paz y la reconciliación.
  • Trabajar por salvar la integridad de la creación y sostener y renovar la vida en la tierra.
  • Construirnos como comunidades justas, seguras, amorosas e inclusivas, portadoras de vida plena y buena.

Amadas comunidades de fe, que en este nuevo año vivenciemos el nuevo estilo de vida según el modelo de Jesucristo, que demos a conocer con alegría la buena noticia del Reino de Dios y seamos signos evidentes del Reino en cada una de nuestras acciones. Todo eso en la seguridad de que el resucitado está con su pueblo todos los días, hasta el fin del mundo.

Que en nuestras Galileas sigamos los pasos de Jesús y, usando las palabras del teólogo José Antonio Pagola, hay que “vivir curando a los que sufren, acogiendo a los excluidos, perdonando a los pecadores, defendiendo a las mujeres y bendiciendo a los niños; hay que hacer comidas abiertas a todos y entrar a las casas anunciando la paz; hay que contar parábolas sobre la bondad de Dios y denunciar toda religión que vaya contra la felicidad de las personas; hay que seguir anunciando que el Reino de Dios está cerca. Con Jesús, es posible un mundo diferente, más amable, digno y justo. Hay esperanza para todos”.

Te invito a orar juntos y juntas: Soplo del Dios de vida, que nos callemos para escuchar tu voz en la Palabra y en la creación toda, que escuchemos tu voz en los acontecimientos y en la gente que nos rodea, de manera especial en los pobres y en quienes sufren. Y que tu voz nos oriente a fin de que podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar que Tú estás vivo en medio de la vida, como fuente de fraternidad y sororalidad, de justicia y de paz. Amén.


Abrazo fraterno/sororal.

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo


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