Un tiempo de quietud con Jesús

Tiempo de Pentecostés
¿Una norma de oración? Sí, puede ser
si concordamos en que nuestros primeros pensamientos al despertar y los últimos antes de dormir sean dados a Dios, y que además le dediquemos quince minutos en el día tan temprano como podamos y diez minutos hacia su terminación.
Para nosotros: «Bendice, alma mía al Señor y no olvides ninguno de sus beneficios” o «Este es el día que el Señor ha hecho: me regocijaré y estaré en él» o «Cantad alegres al Señor» o «Mil voces para celebrar» o «Canta, canta alma mía”.
LA ORACIÓN MATUTINA
Un orden para quince minutos de oración como mínimo por las mañanas tan temprano como sea posible. Aquí va una regla de oración que me ha servido de ayuda a mí mismo:
Adoración: Pensemos en la grandeza de Dios, y en lo increíble de que El pueda escucharnos. ¿No te quedarías mudo de puro maravillado? Alabemos a Dios por ser Dios el Dios que es.
Acción de gracias: Repasa las misericordias de Dios para contigo. Son más numerosas de las que puedes darte cuenta.
Dale gracias por la salud, el hogar, el trabajo, los amigos, los libros, las recreaciones, el descanso de la noche … Si careces de salud, de hogar o de sueño, caben mencionarse otras muchas bendiciones. Piensa en ellas hasta que se encienda tu corazón de gratitud.
Dedicación: Ya has hecho él Dios aquellos votos de por vida por los cuales te has consagrado a Él. No obstante, sigue la estrofa del himno que dice: «Ese voto renovado cada día oirá». No te perteneces a tí mismo, ni te pertenece nada de lo que tienes. Tu eres un ser «dado».
Dirección: Pide la conducción divina para todo el día. Piensa de antemano el día con Él. Con la imaginación repasa cada una de las tareas que sabes el día te tiene reservadas. y enfréntalas con Él. Aún aquellas cosas que no has podido prever serán mejor encaradas merced a esta disciplina.
Intercesión: Ora por otros. Lleva una lista de oración. Orar sin método no es orar seriamente.
Cuando llegues al cielo y descubras cuánto ha efectuado la oración en la tierra, te sentirás avergonzado por haber orado tan mal.
El recuerdo casual de gente necesitada o la oración limitada a los seres queridos, u oraciones demasiado generales -debilidades comunes son éstas- y pueden ser superadas llevando una lista de oración usada a diario Y puesta constantemente al día.
Petición: Algunos maestros en la oración, no tiene sitio alguno para la petición personal. Clemente de Alejandría no lo tenía. Él y muchos como él se conformaban con dejar que Dios les diera lo que de su buen placer quisiera darles para su bien. Pero Jesús enseñó a pedir y eso basta, mantengamos la petición en una proporción pequeña. Nada revela tanto el carácter adolescente de nuestras oraciones como orar persistente y apasionadamente sólo cuando queremos algo para nosotros mismos.
Meditación: Buena cosa es terminar y comenzar nuestras oraciones con meditación: profunda reflexión sobre el amor, la sabiduría, la belleza, el gozo, la luz, la paz, el poder, la libertad, la santidad. Un himno puede ayudarte en esto.
La recomendación es pensar cómo queremos hacer de nuestra vida una “vida de oración” y planificar cómo serían nuestros tiempos de oración.
Tomado del libro “ENSEÑANOS A ORAR” traducido por el Obispo Carlos Gattinoni
Oramos
Te damos gracias Señor porque aún en este tiempo de invierno podemos deleitarnos con todo lo creado, gracias porque vemos los árboles desnudos preparándose para los nuevos brotes que vendrán.
Gracias por el silencio del atardecer nos llama a repensar el día con todo lo bueno y lo no tan bueno que hoy nos rodeó.
Alabamos tu nombre disfrutando tu Gracia que nos enseña la vida con tu lámpara encendida que nos alumbra el corazón.
Y te pedimos misericordia…
Por el pueblo Venezolano, por las tristezas, las desilusiones, las angustias, y por todo lo perdido.
Por ellos clamamos Señor!! Que tu amor y misericordia los acompañe y los sostenga para mirar hacia adelante.
Oramos por los conflictos de Medio Oriente, tantos ataques, tantas muertes, tantos sueños bombardeados, tantos misiles destruyendo el futuro de la juventud y los tantísimos trabajos de las personas mayores.
Oramos por nuestras vidas que no se contagien de tristeza, que no se adhieran al rencor, que siempre podamos confiar en tu inmenso amor.
Oramos por las preocupaciones que tenemos como Iglesia, por cada uno que asistirá a la Asamblea Nacional y oramos por quienes están organizando la Asamblea.
Que tus manos estén sosteniendo a quienes están en tiempo de soledad, tristeza, enfermedad; esperando resultados, discutiendo tratamientos, tratando que el miedo no aparezca en el mostrador de la Obra Social, para decir “No se puede”.
¡¡Grande es tu fidelidad Señor!! En ti confiamos, en ti esperamos. Amén
Abre tu corazón, acepta su gracia y camina descubriendo al DIOS compañero de caminos.
