Un tiempo de quietud con Jesús

01 Jul 2026
en Espiritualidad y devoción
Un tiempo de quietud con Jesús

Tiempo de Pentecostés


Tus Manos, Señor

Tus manos, Señor, son una maravilla.
Cortan la leña, lijan y clavan
la madera dura de tu país.
Tocan la frente de los enfermos
para destruir la pena y el mal.
Mandan al viento, calman las aguas,
y vuelven la paz al corazón.
Dicen «Buen Día» a los amigos,
reparten el pan que hace vivir.
Tengo dos manos como las tuyas
para celebrar el nombre de Dios.

Hermana Gabriela


Desde La Biblia

“. . . untó con lodo en los ojos del ciego” Juan 9


Dicen los expertos que sólo en las manos está concentrada la tercera parte, de los cinco millones de receptores del tacto… por lo tanto, cada vez que apoyamos nuestra mano en el hombro de una persona abatida, o en la rugosa piel de un anciano, no sólo estamos haciendo funcionar al sistema nervioso, sino comunicando cuidado, compañía, consuelo, gratitud y paz.

¿Qué habrán sentido el leproso, el ciego o el mendigo, la mujer encorvada cuando la mano de Jesús los tocó? Cuántos años sin que nadie rozara su piel, cuántos días, meses y años sin que nadie se les acercara por temor al contagio de la maldición, quizá toda una vida sin que alguien los estrujara en un abrazo.

A muchos de los moribundos que la Madre Teresa recogía en las calles de Calcuta, se le tomaban las manos a la hora de su muerte para que, al dejar este mundo, aquellas solitarias personas pudieran partir acompañadas del contacto y del calor humano.

Cuando Jesús se acerca, mira y toca con sus manos, no sólo nos devuelve la dignidad humana, también nos deja la paz de sentirnos reconocidos/as y valorados/as por alguien.


PREGUNTAMOS y NOS PREGUNTAMOS

¿A quién le diste la mano hoy?

¿Qué rostro acariciaste repartiendo ternura?

¿Cuántos abrazos amorosos compartiste para dar seguridad a los vencidos?


Oramos

Por el pueblo venezolano:

Señor de la Vida, hoy abres tus manos
Para socorrer a todo un pueblo apenas sostenido por escombros,
Que camina por valles de sombra, de muerte y destrucción,
En medio de la tristeza y la incertidumbre.
Te pedimos seques sus lágrimas, quites sus miedos
Y como puedan, dentro de sus angustias,
puedan volver a confiar en tu poder y tu sabiduría.
En tus manos de Dios Todopoderoso
En tu corazón de Dios Amor.
Por todo el pueblo clamamos. Amén 

Oramos por los conflictos de Medio Oriente, tantos ataques, tantas muertes, tantos sueños bombardeados, tantos misiles destruyendo el futuro de la juventud y los tantísimos trabajos de las personas mayores.

Oramos por nuestras vidas que no se contagien de tristeza, que no se adhieran al rencor, que siempre podamos confiar en tu inmenso amor.

Oramos por las preocupaciones que tenemos como Iglesia, por cada uno que asistirá a la Asamblea Nacional.

Que tus manos estén sosteniendo a quienes están en tiempo de soledad, tristeza, enfermedad; esperando resultados, discutiendo tratamientos, tratando que el miedo no aparezca en el mostrador de la Obra Social, para decir “No se puede”.

¡¡Grande es tu fidelidad Señor!! En ti confiamos, en ti esperamos. Amén


Abre tu corazón, acepta su gracia y camina descubriendo al DIOS compañero de caminos.

Pastora Cristina Dinoto
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