¿Un Dios eclipsado? – Carta Pastoral de abril

01 Abr 2020
en Episcopado
¿Un Dios eclipsado? – Carta Pastoral de abril

Entonces dijo el Rey de Israel:

— ¡Vaya! Parece que el Señor nos ha traído a nosotros, los tres reyes, para entregarnos en manos de los moabitas.
Y Josafat preguntó:
— ¿No hay por aquí algún profeta del Señor, para que consultemos al Señor por medio de él?  (2° libro de los Reyes 3:10-11)

 

Estos diálogos son de una historia de la Biblia en el Antiguo Testamento. Y cuentan de un tiempo de crisis por la falta de agua en medio del desierto. En el relato resaltan dos miradas respecto a la situación en que se encuentran. La primera siente que Dios los ha llevado hasta esa circunstancia para destruirlos. Y la otra, entendiendo la dureza de la situación, cree que puede haber algún mensaje de parte de Dios en medio de esta profunda crisis.

La palabra crisis deriva del sánscrito kri, que significa purificar y acrisolar. Es decir, se trata de un proceso en realidad doloroso, pero que conlleva la posibilidad de realizar una profunda purificación de las miradas y las actitudes en la vida. En esta visión, la fe persiste en confiar en Dios, en seguirlo de cerca, conociéndolo y amándolo.

Es el despliegue de una fe que no se conforma con “gracias baratas”, sino que se arrima a una “gracia cara”, la que se juega la vida en esa aventura. Aunque no perciba resultados inmediatos, la fe es capaz de esperar: “aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos”[i], todavía se puede confiar en Dios, todavía él puede darnos palabras de confianza y esperanza para el tiempo presente.

No resulta fácil analizar lo que nos está sucediendo en nuestra aldea global y en nuestra aldea local. El momento actual es complejo, lleno de tensiones y contradicciones. No todos realizan la misma lectura. Unos pocos vienen a defender sus intereses, otros muchos vienen “a ofrecer su corazón”. Pero es recurrente una misma palabra pronunciada: estamos en «crisis».

La pandemia que asola a nuestros pueblos presenta una gran oportunidad para repensar el modo en que habitamos la casa común y para buscar la voz de Dios en este nuevo tiempo. La crisis que se levanta debe ser un signo de los tiempos. Dios está llevando a la humanidad hacia una nueva situación y hemos de leer y distinguir esas nuevas señales.[ii]

Hermandad amada: la iglesia no está exenta de este movimiento, que nos debe conducir a ser una iglesia de brazos y rostros renovados. Así lo ratificó la XXVI Asamblea General al manifestar: “Nuestra Iglesia clama por un reavivamiento misionero que nos transforme en comunidades que sean casas de gracia y esperanza –ya que ‘de gracia han recibido; den de gracia (Mateo 10:8)–, donde se viva el amor incondicional de Dios, que nos libera de nuestros miedos y encerramientos, en la búsqueda prioritaria de su reino y su justicia.”



El necesario reavivamiento de la iglesia nos permitirá ser más pertinentes en medio de este mundo convulsionado y con dolores de parto. Y esta revitalización de las iglesias en la gracia de Dios nos hará más sensibles y conscientes para cuidar, humanizar y fraternizar esta casa común, “la tierra y su plenitud, el mundo y los que en él habitan“.[iii]

Estamos llamados a resistir al presente tiempo. Resistir al día malo es reír, bromear, jugar, acariciar, abrazar… (apenas podamos). De alguna manera es resistir a nosotros mismos, a nuestra indiferencia, a nuestro cansancio, desaliento y mezquindades.  Es la resistencia de Jesús, nuestro maestro y señor, en los días que llamamos de “semana santa”, que todavía no podremos celebrar reunidos, por la extendida y necesaria cuarentena. Es la resistencia profunda ante la crueldad del mundo, y este esfuerzo se llama esperanza ante la crisis.

 

“Sólo crecen y maduran los que ven en la crisis una oportunidad de vida nueva. Pero con una condición: resaltar las fuerzas positivas contenidas en la crisis y tener el valor de reformular o inventar respuestas que integren las diversas dimensiones de la vida” (L. Boff).

 

En esta pascua de resurrección somos llamados a festejar y a afirmar que la vida es más fuerte que la muerte. En la resurrección de Jesús descubrimos una nueva vida para nuestra vida. Afirmamos que es posible la resurrección ante las más diversas complejidades y contradicciones del presente tiempo, que se rompan los muros de los distintos cautiverios, que haya respuestas de Dios en medio de la crisis, que haya caminos de verdad y vida plena.

 

“Todo acaba menos el amor. Creo en la resurrección del cuerpo. Un cuerpo que juega merecer vivir eternamente” (R. Alves).

 

Hermano, hermana, mi deseo es que este camino sea para ti, y para todos nosotros y nosotras, camino de alegre resurrección en medio de los miedos y la resignación, alegre resurrección en confianza y esperanza.

Abrazo fraterno/sororal

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo

 

*Comparto que contamos con una gran cantidad de recursos producidos por las congregaciones, distritos, pastores, hermanas y hermanos en este tiempo de cuarentena. Les recomiendo ingresen en el siguiente links y aprovechar los diferentes insumos: https://iglesiametodista.org.ar/tiempo-de-cuarentena-aportes-de-las-comunidades/

[i] En el profeta Habacuc 1:17-19

[ii] Evangelio de Mateo 16.1-4

[iii] Salmo 24:1

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