Tiempo de ayuno y oración – Propuesta semanal para el 18 de marzo

17 Mar 2020
en Espiritualidad y devoción
Tiempo de ayuno y oración – Propuesta semanal para el 18 de marzo

Encuentro con Dios


Salmo 32 – DHH

Feliz la persona a quien sus culpas y pecados
le han sido perdonados por completo.
Feliz la persona que no es mal intencionado
y a quien el Señor no acusa de falta alguna.
Mientras no confesé mi pecado,
mi cuerpo iba decayendo
por mi gemir de todo el día,
pues de día y de noche
tu mano pesaba sobre mí.
Como flor marchita por el calor del verano,
así me sentía decaer.

Pero te confesé sin reservas
mi pecado y mi maldad;
decidí confesarte mis pecados,
y tú, Señor, los perdonaste.
Por eso, en momentos de angustia
los fieles te invocarán,
y aunque las aguas caudalosas se desborden,
no llegarán hasta ellos.
Tú eres mi refugio:
me proteges del peligro,
me rodeas de gritos de liberación.
El Señor dice:
«Mis ojos están puestos en ti.
Yo te daré instrucciones,
te daré consejos,
te enseñaré el camino que debes seguir.

No seas como el mulo o el caballo,
que no pueden entender
y hay que detener su brío
con el freno y con la rienda,
pues de otra manera no se acercan a ti.»
Los malvados tendrán muchos dolores,
pero el amor del Señor envuelve
a los que en él confían.
Alégrense en el Señor,
hombres buenos y honrados;
¡alégrense y griten de alegría!


Alabad al Señor

Si fui motivo de dolor, Señor,
si por mi causa el débil tropezó,
si en tus caminos yo no quise andar,
¡perdón, Señor!

Si vana y fútil mi palabra fue,
si al que sufría en su dolor dejé,
no me condenes, tú, por mi maldad:
¡perdón, Señor!

Si por la vida quise andar en paz,
tranquilo, libre y sin luchar por ti
cuando anhelabas verme en la lid,
¡perdón, Señor!

Escucha, oh Dios, mi pobre confesión
y líbrame de tentación sutil;
preserva siempre mi alma en tu redil.
Amén, amén.

Pablo Sosa, Canto y Fe 114

Lectura del día

Éxodo 34:1-9, 27-28 – Biblia de Jerusalén

1«Dijo Yahveh a Moisés. «Labra dos tablas de piedra como las primeras, sube donde mí, al monte y yo escribiré en las tablas las palabras que había en las primeras tablas que rompiste. 2Prepárate para subir mañana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí. 3Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte.» 4Labró Moisés dos tablas de piedra como las primeras y, levantándose de mañana, subió al monte Sinaí como le había mandado Yahveh, llevando en su mano las dos tablas de piedra. 5Descendió Yahveh en forma de nube y se puso allí junto a él. Moisés invocó el nombre de Yahveh. 6Yahveh pasó por delante de él y exclamó: «Yahveh, Yahveh, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, 7que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes; que castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación.» 8Al instante, Moisés cayó en tierra de rodillas y se postró, 9diciendo: «Si en verdad he hallado gracia a tus ojos, oh Señor, dígnese mi Señor venir en medio de nosotros, aunque sea un pueblo de dura cerviz; perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y recíbenos por herencia tuya.»

 

Estos dos capítulos están llenos de relatos que nos subrayan la gran intimidad del mediador (Moisés) con su Deidad. La intimidad de Moisés con Yahveh es asombrosa y es precisamente debido a esa intimidad por lo que es mediador entre Dios y el pueblo: parece que Moisés no hace más que subir al monte y bajar de él, y lo que transmite a su pueblo es lo que ha recibido en la presencia de Dios.

Es sobre todo en el monte -lugar donde pareceencontrarse el cielo y la tierra- donde Moisés trata con Yahveh. Yahveh baja «en forma de nube» (34: 5), es decir, envuelto en su misterio.

Allí, en la “carpa” del Encuentro «Yahveh hablaba con Moisés cara a cara, como habla alguien con su amigo» (33: 11). Yahveh, sin dejar de ser el Eterno Invisible, establece con Moisés una comunicación profunda y una comunión de vida -dando testimonio que es su Amigo- insospechadamente íntima.

El autor sagrado no encuentra palabras para conjugar esta experiencia real y vivísima de Dios con el hecho de que Dios es «siempre más», más de lo que el hombre puede concebir, entender o experimentar. A la audaz petición de Moisés («déjame ver tu gloria»: 33: 18), Dios le responde: «Mi rostro no podrás verlo» (33: 20), y de hecho sólo ve su espalda (33,23). Dios se deja ver y sin embargo nunca del todo. Dios «hace pasar» ante la vista de Moisés toda su bondad (33,19) y Moisés tiene experiencia real de Dios. El salmista exclamará: « Prueben, y vean que el Señor es bueno ».« ¡Feliz la persona que en él confía!» (Sal 34: 9 DHH) y descubre que Dios es inagotable.

Además, es en esta inefable experiencia de Dios donde se apoya la intercesión de Moisés por el pueblo pecador, por el pueblo que ha roto la alianza. Al contemplar al «Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares, que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado» (34: 6-7: Notar que es Dios el que se da a conocer a sí mismo; Moisés sólo puede «invocar») encuentra la base sólida para interceder por el pueblo y alcanzar el perdón de su iniquidad y pecado (34,8-9). Y gracias a esta intercesión Dios devuelve al pueblo las tablas de la ley que habían sido destruidas, y restaura la alianza que había sido rota (34,10-28).

Más aún, la experiencia de la intimidad divina se refleja incluso en su rostro: cuando Moisés sale de hablar con el Señor su rostro irradia con el resplandor y la luminosidad propios de Dios (34,29). El pueblo mismo percibe en el rostro de Moisés algo de la bondad inagotable de Dios que él ha contemplado «cara a cara».

Para nosotras y nosotros, gente del Nuevo Testamento, hay esperanza de llegar a esa misma intimidad, -o mayor-, pues lo que antiguamente se dio sólo a Moisés ahora se ofrece a todo el que acepta dejarse introducir en la amistad de Dios: «…todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.» (2ª Cor. 3: 18 DHH). A diferencia de Moisés, reflejamos la gloria divina de manera permanente y no pasajera, además de que esta gloria es incomparablemente superior a la de la antigua alianza (2ª Cor. 3: 6-11). Pues bien… Este pasaje de las Escrituras Hebreas tiene una riqueza espiritual difícil de sacarla, en su totalidad “hasta el fondo”; lo que sí, nos hace re-pensar nuestra fe en este bendito Tiempo de Cuaresma… Es decir, que en este tiempo podemos reafirmar nuestra amistad con Dios, una amistad que no admite ninguna diferencia o exclusiones, una amistad que nos asegura el “Dios con nosotras y nosotros” (Mateo 1: 23).

Es cierto que no vamos a ver a esta Divinidad de Amor tal cual es; pero si, vamos a contemplar su gloria, ―la ŝeqinãh, de la cual, hablan las Escrituras; dado que nuestras vidas son transformadas permanentemente por esta misma e inmensa gloria a la cual estamos llamadas y llamados a compartirla con el mundo. ¡Aleluya…!!! ¡Bendito sea Dios por esto…! Amén.

ROG

Oramos por…

  • Por el trabajo misionero en los barrios, de /as líderes, jóvenes y pastores/as.
  • Por las reuniones y asambleas de trabajo y proyectos en las congregaciones de todo el país.
  • Por la escuela dominical, la escuela bíblica, sus docentes y estudiantes. Que Jesús, maestro y compañero, acompañe y guíe durante todo el año.
  • Por nuestros abuelas y abuelos.
  • Por nuestras familias.
  • Para que Dios ponga su mano de sanidad en nuestros hermanos, hermanas, amigos, familiares que están enfermos,
  • Para que tomemos conciencia de la necesidad de defender nuestra tierra, y su biodiversidad.
  • Para que todas las personas tengan un pan, trabajo, salud y educación.
  • Agreguemos motivos………………………………………………………………………….

Oremos a nuestro Dios, Padre-Madre, quien nos ofrece el amor y nos infunde la fuerza para seguir andando….

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia.

2ª Pedro: 1: 3

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como fue ayer, es hoy y será por siempre.
Amén.



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