¿Salud o economía?

06 May 2020
en CMEW
¿Salud o economía?

Este planteo, formulado como un dilema aparece constantemente en estas semanas en muchos países debido a la cuarentena y sus efectos en las economías regionales, nacionales y del mundo. Nuevamente recurrimos al fundador del metodismo para buscar algunas respuestas.

El sermón N.º 50 titulado “El uso del dinero” es un verdadero tratado no sólo sobre la mayordomía en términos de la administración de bienes, sino también como una puerta que permite el acceso a una cuestión más general y profunda: ¿Cómo comprendemos el lugar de los recursos (económicos, naturales y humanos) en la vida de acuerdo a la voluntad de Dios?

Juan Wesley constata, en su mirada sobre la Inglaterra de su tiempo, que el afán de lucro se está convirtiendo en un peligroso enemigo para la convivencia humana. Sin ingenuidad ni argumentos “angelicales” es capaz de denunciar los abusos, la inequidad y la perversidad de un sistema económico-social y político que muestra sus peores rostros.

Detecta hasta en la medicina, el afán de lucro, como una degradación de la condición humana y un mecanismo para victimizar nuevamente a la víctima: las personas enfermas. Veamos a continuación un párrafo saliente de las páginas del mencionado sermón, muy lúcido por cierto:

“Y aunque sea en un grado menor, ¿no son partícipes de la misma culpa, ya sean cirujanos, boticarios o médicos, quienes juegan con las vidas o la salud de las personas para aumentar su propia ganancia? ¿Quiénes a propósito prolongan el dolor y la enfermedad que pueden curar con prontitud? ¿Quiénes prolongan la cura del cuerpo de sus pacientes para saquearles el dinero? ¿Puede alguien estar limpio delante de Dios, si no acorta el trastorno físico en cada caso tanto como puede, y no se remueve la enfermedad y el dolor tan pronto como le sea posible? No, no puede estar limpio; porque nada puede estar más claro que él no ama a su prójimo como a sí mismo, que no hace con otros como desea que ellos hagan con él.”

A esta altura nos damos cuenta que Wesley ha detectado la lógica con que comienza a moverse el mundo: las ganancias se ponen por encima del bienestar de toda la población, sin importar el sufrimiento que esto imponga a las personas más débiles y de menores recursos. Afirma en el citado sermón: “Tal ganancia, se logra a un alto precio”.

Inglaterra en el siglo XVIII, mostraba la contracara del progreso y el bienestar: las mayorías, los mineros, hilanderos, los campesinos, los enfermos, los ancianos, las mujeres y los niños eran el lastre que impedía mayores ganancias para unos pocos. Wesley considera eso inadmisible frente a los planes de Dios y gran parte de la labor misionera del metodismo naciente apuntaba a impedir la crueldad del imperio económico.

Pasados tres siglos, el mundo de hoy, pandemia mediante, reclama desde algunos sectores que la economía debe primar para continuar la vida. Como si tuviéramos que elegir entre salud y economía. No hay economía posible sin salud. Por supuesto que una economía en movimiento es necesaria para proveer de trabajo, alimento, insumos médicos, servicios básicos y muchas otras cosas que hacen al bienestar general de toda la población.

Sin embargo, el falso dilema ¿Salud o economía? Esconde un espíritu oscuro, insaciable e injusto de unos pocos por encima de las mayorías y Wesley, descubrió y denunció esto.

Ofrecemos ahora un párrafo de tal lucidez que nos ayudará a comprender el lugar de la economía en la vida humana. El dinero y la ganancia son necesarias, pero al servicio del más noble y alto ideal humano; la vida para todas las personas. Así lo expresa Juan Wesley:

“Pero en el presente estado de la humanidad, el dinero es un obsequio excelente de Dios para satisfacer los fines más nobles. En las manos de sus hijos, representa comida para el hambriento, agua para el sediento y vestidura para el desnudo. Provee dónde reclinar la cabeza al viajero y al extranjero. Por él podemos ofrecer a una viuda sustento como el de un esposo, o apoyo como de un padre a quien no lo tiene. Podemos ser defensa al oprimido, un medio de salud al enfermo o alivio a quien sufre dolor. El dinero puede ser ojos al ciego o pies al cojo. Sí, puede alzar las puertas de la muerte.”

Wesley no demoniza el dinero, lo diabólico lo encuentra en el uso que se hace con él. Casi citando a Jesús en Mateo 28: 31-46, ofrece una lista detallada de quienes sólo pueden aguardar de la misericordia y solidaridad. ¡Si hasta las puertas de la muerte se pueden alzar! En palabras de Wesley, con un uso racional y solidario del dinero.

Hoy, pretenden hacernos creer que debemos elegir entre salud y economía. Tal planteo no se ajusta a la verdad y a la justicia. Como expresión del pueblo de Dios, los metodistas necesitamos revisar páginas como las que hoy compartimos del padre de nuestro movimiento, para reencontrarnos con esta manera de vivir el Evangelio de Jesucristo.


Claudio Pose para CMEW
Tiempo de pandemia, pero de resurrección


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