Pasión por el bien

01 Ago 2019
en Episcopado
Pasión por el bien

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos.”

Carta a los Gálatas 6:9-10

Vivimos por el Espíritu en comunidad de vida, en contra de la carne. Las palabras del Apóstol de la gentilidad resultan desafiantes y hasta poderosas. Nos presentan una lógica que no es la del mundo o ni la del tiempo presente.

¿Cómo es la vida de quienes viven por el Espíritu? Pablo describe la reciprocidad radical de la vida: ayúdense unos a otros, sin cansarse de practicar el bien.

Una tal vida requiere de gracia y perseverancia, de una siembra alegre y constante, y de una negativa a juzgar quién es digno de ayuda y quién no lo es.

Esta vida requiere la presencia del Espíritu rodeándola e infundiéndole vida de la buena y agradable a Dios. También requiere de otras y otros tan llenos del Espíritu como para ayudarnos cuando fallamos en ser hacedores del bien.

Una constante de Juan Wesley fue justamente esta vocación intensa que encontramos en su propia pluma:


“Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, en todas las formas que puedas, en todos los lugares que puedas, en todos los tiempos que puedas, a todas las personas que puedas, tanto como puedas.”


El viejo camino está concluido. Hemos sido rescatados de la presente era del mal por la acción del mismo Dios en Jesús. Por ello estamos más allá de las viejas divisiones, somos nueva creación y vivimos sobre la nueva medida, que es la ley de Jesucristo: llevar las cargas de la otra o del otro.

¿Nos parece un proyecto un tanto irracional? Pero, en verdad, los seres humanos podríamos evitar los juicios apresurados sobre las vidas cotidianas de nuestros hermanos, podríamos dedicarnos más bien al bienestar de los demás, podríamos ejercer una benevolencia, que no es tolerancia de lo corrupto ni conformidad con la degradación de la vida, sino una férrea aspiración por el bien.

¡Los seres humanos dedicados al bienestar de los demás, en la confianza de que habrá otros que se preocuparán por el bienestar propio! Así afirmaríamos y confirmaríamos que en este nuevo siglo ya no estamos bajo los poderes del presente tiempo, sino bajo el amparo y tutela del mismísimo Espíritu de Dios. Con otras palabras, John Lennon se atrevía a soñar e invitar desde otro lugar a una nueva ciudadanía:


Imagina que no hay Cielo,
es fácil si lo intentas.
Sin infierno bajo nosotros,
encima de nosotros, solo el cielo…

Imagina que no hay posesiones,
me pregunto si puedes…
Sin necesidad de gula o hambruna,
una hermandad de hombres.
Imagínate a todo el mundo,
compartiendo el mundo.


Todos nuestros pensamientos, con los estudios más intensos de la Escritura, con todas las experiencias personales que tengamos en el Espíritu, han de estar combinadas con la búsqueda de amor al prójimo: haciendo justicia, amando con misericordia y en camino humilde delante de Dios.

Somos desafiados a llevar la carga con gracia y más gracia. Somos desafiados a vivir el privilegio de oír los sueños y los deseos de los demás; a extender continuamente las mesas a las que nos sentamos; a hospedar, oír y sorprendernos en la hospitalidad. Podremos vislumbrar más la cercanía de Dios y encontrar la energía del Espíritu para no cansar ni desmayar, para ser hacedores de la Palabra y no meros oidores.


“El planeta no necesita más personas exitosas. El planeta necesita desesperadamente más personas que cultiven la paz, personas que ayuden a sanar y rehabilitar, que narren historias y den amor en todas las formas posibles. Necesita gente que viva de forma significativa en sus lugares de origen, con coraje moral, dispuestos a luchar por un mundo más habitable y humano; y estas cualidades, tienen muy poco que ver con el éxito tal como lo entiende nuestra cultura actual”.

Dalai Lama

Hermandad querida: que nuestros ojos sean mansos para los demás, como son los de Dios hacia nosotros. En la ferocidad no podemos recibir la solidaridad ni comulgar con la otra u otro, pero sí en la bondad como la vive nuestro Abba, papito querido con corazón y regazo de madre.

Abrazo fraterno/sororal.

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo



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