Oramos por la paz

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En Jesucristo, puerto de paz,
En horas negras de tempestad,
Hallan las almas dulce solaz,
Grato consuelo, felicidad.
En nuestras luchas, en el dolor,
En tristes horas de tentación,
Calma le infunde, santo vigor,
Nuevos alientos al corazón.
Cuando en la prueba falta la fe
Y el alma vese desfallecer,
Cristo le dice: «Yo te daré
Gracia divina, santo poder».
Gloria cantemos al Redentor
Que por nosotros quiso morir;
y que la gracia del Salvador
Siempre dirija nuestro vivir.
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Dios Padre y Madre, cuyo corazón solo conoce el amor y la paz, te damos gracias por sostenernos en los momentos de debilidad. Hoy, hundidos en esa debilidad, te pedimos que una vez más nos abraces y vuelvas a darnos esa paz que solo Tú puedes dar.
Te pedimos por los que sufren hoy por nuestra debilidad, y que tu amor y paz llene sus corazones. Lo necesitamos y lo pedimos en Tu Nombre.
Amén.
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Paz fue la primera palabra con que se anunció tu nacimiento en la tierra, y Paz fue la primera palabra que dijiste a aquellos asustados discípulos en tu resurrección.
Paz es lo que pedimos desde el mundo entero, hombres y mujeres que soñamos con claros amaneceres, llenos de sol y brisa renovada, con noches tranquilas, sin vientos de guerra.
Apaga, Padre Eterno, la omnipotencia de los que deciden tanto mal.
Escúchanos, Señor, escucha nuestra oración y danos tu Paz.
Amén.
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Dios de la vida, suplicamos que escuches nuestra voz, que es el clamor de todas las víctimas de las guerras. Porque quienes toman decisiones, sordos a tu llamado, van apagando la esperanza de un tiempo mejor.
Con bombas y misiles que no solo derrumban casas, sino que también entierran sueños, ilusiones, risas y abrazos que no alcanzaron a florecer.
Sean reprendidos desde la autoridad de tu Espíritu Santo. Míranos con tu mirada, Padre; alcánzanos con tu poder y muéstranos tu paz, solo tu paz.
Amén.
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Dios de la Vida, te pedimos por la paz que el mundo no puede dar: aquella que nace de la justicia y se nutre del pan compartido.
Danos coraje para desarmar nuestras manos y nuestras palabras, para que, en toda nuestra tierra, seamos artesanos de un Reino donde la dignidad no sea un privilegio, sino el abrazo de Tu amor para cada persona.
Por Jesucristo, nuestra Paz. Amén.
