Metodismo y teología pública: Momento crucial

08 Sep 2022
en Artículos CMEW
Metodismo y teología pública: Momento crucial

Los desafíos para el metodismo en América Latina
en tiempos de neoliberalismo

Metodismo y teología pública: Momento crucial

Hablar fuerte y claro


El metodismo, que busca encarnarse en América Latina, se encuentra muy silencioso frente al brutal avance del neoliberalismo, la desinformación y el lawfare como estrategias debilitantes de las democracias. Tal como fue citado en artículos anteriores.

Se observa una ampliación de las desigualdades sociales, que conjuga la naturalización de las opresiones, la idea de meritocracia y la ilusión de las oportunidades individuales. A lo que se suma una democracia subordinada a la defensa de la propiedad, que coloca al mercado en el centro de la escena y oculta a quienes lo manejan.


A la vez en este reino de ficciones y falacias, la manipulación y la instalación del sentido común dificultan la comunicación en las comunidades.

Antes de la pandemia, ya se observaba que la mayoría de las personas creyentes vivían encerradas, sin comprenderlo, en sus propias “cajas de resonancia”. Así también buscaban relacionarse en los cultos y actividades prioritariamente con quienes resonaban parecido. Luego, con los aislamientos y la virtualidad a la que nos obligó la pandemia este fenómeno aumentó. Muchas personas optaron por quedarse en la virtualidad, magnificando así el efecto de su caja de resonancia, distanciándose del contacto con el mundo circundante y los diálogos más contrastantes con la realidad.

En estas circunstancias la generación de lazos comunitarios capaces de desafiar las lógicas del sentido común y las habilidades para dialogar con lo diferente “pensar y dejar pensar” al decir de Wesley, se volvió mucho más difícil.

A la vez proliferan modos y modelos irrespetuosos, fanatizantes, violentos y descalificantes fomentados desde los medios y redes. Se busca canalizar el descontento por situaciones que no buscarán ser resueltas a través de la descarga de esas expresiones violentas. En las redes encuentran un espacio privilegiado de impunidad. Desde esos espacios las personas son motivadas a la imitación de la violencia mientras otras terminan replegándose para evitar agresiones o confrontaciones.


La instalación del lawfare en muchos países del continente, ha sido una estrategia que creció en el uso de instrumentos jurídicos para la persecución de dirigentes y militantes políticos y sociales.  Esto ha vulnerado derechos fundamentales de las personas afectadas y debilitado seriamente el sistema democrático, creando condiciones para la aplicación de políticas públicas regresivas e incluso promoviendo golpes de estado. Estas prácticas se vienen desplegando en el continente condicionando de los procesos electorales, la agenda política y la opinión pública.  Ejemplos recientes de este escenario son, el intento de magnicidio que ha golpeado la vida institucional de Argentina y los graves actos de violencia en Chile y Colombia, fomentados por este caldo de cultivo peligroso y antidemocrático.


Nuestro silencio…


Mientras el continente es atravesado por estos embates, nuestras comunidades eclesiales se encuentran empobrecidas, agotadas y con lazos de comunión debilitados. Como bien define el filósofo Byung –Chul Han, cada individuo vive situaciones de autoexplotación, muchas veces sin descifrar los mecanismos que le oprimen. Prima un gran temor a lo diferente, a herir o ser heridos.

En estas circunstancias encontrar espacios de diálogo, para reconocer los mecanismos que nos empobrecen y oprimen, para generar redes que nos permitan ver más allá de lo que se nos muestra y entender lo que sucede a nivel global se hace cada vez más difícil.

Intentar responder con una palabra pública que permita a las comunidades sentirse representadas, o con una palabra de testimonio social, profético y transformador, se convierte en algo que se percibe como un gran riesgo.


A la vez las iglesias temen, en medio del fenómeno del lawfare, denunciar condicionamientos y arbitrariedades contra de la democracia. Sienten temor a ser percibidos como parciales, a generar reacciones adversas o cismas al interior de las Iglesias, a “perder gente” o “generar reacciones violentas en las redes”, lo que lleva a un silencio antiprofético que muchas veces se oculta bajo el discurso de “hay que cuidar la Iglesia hacia adentro”.


¿Será tiempo de replegarse, refugiarse, y buscar una posición “neutral” para no correr riesgos y no hacer olas?

O será como dice en La Divina Comedia, Dante Alighieri “Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”.


Dice el Evangelio de Mateo “A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero a cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. No crean que he venido a traer paz a la tierra…”

Estas palabras siempre nos suenan fuertes, pero ¿acaso Jesús rehuyó el conflicto? ¿buscó quedar bien con los poderosos? ¿Sostener el statu quo?

Entonces ¿Podemos desconocerle en el pueblo que sufre? Si nosotros callamos las piedras clamarán, si pasamos de largo junto a las mesas de los cambistas por no tener conflictos, nos haremos cómplices. Es difícil hablar de este Jesús que no vino a traer paz, pero ¿es posible la paz con el sistema que saquea, destruye y aniquila?


Acaso, si priorizamos “cuidar la iglesia hacia adentro”, permaneciendo “neutrales”, en una parálisis profética en medio de un tiempo tan complejo, ¿no deberemos aceptarnos cómplices? ¿no deberemos aceptar que no encarnamos el cuerpo de Cristo para esta realidad? ¿que no estamos reconociendo a Jesús amigo de los marginados, Jesús profeta, Jesús sanador, Jesús liberador?

Mientras las fuerzas de la rapiña se desatan sobre este continente devastando la vida, tal como lo venimos diciendo, las voces confiables deben entrelazarse en defensa de la dignidad y la autonomía de los pueblos Latinoamericanos y Caribeños y de la vida toda.  La iglesia sabe que levantar la voz es un riesgo, sí, pero uno que debe ser asumido.

Seguir a Jesús es asumir el conflicto como él lo hizo confrontando las fuerzas de exclusión y de muerte.


¡¿Cómo no ser parciales o partidarios en el mundo de la desinformación…?!


Si recordamos a Wesley podremos ver que, inmerso en la realidad de su tiempo y afligido por la pobreza y escasez a la que era sometido el pueblo, se preguntó y habló sobre cada área del sistema económico que la generaba.

Enfrentó los conflictos de su tiempo a riesgo de su propia seguridad y posición académica y eclesiástica. Quedó como un paria de la Iglesia y la academia oficial.  Pero fue fiel al Evangelio. Propuso sumergirse en la realidad para reencontrar el camino y las respuestas en la mirada de Dios en el prójimo que sufre.

Por ejemplo, para Wesley la causa fundamental de los problemas económicos era la gran desigualdad entre ricos y pobres. Con esa comprensión promovió leyes e impuestos a los productos suntuarios, no eludió el conflicto. Así mismo, en su lucha contra el tráfico de esclavos, no se limitó solamente a escribir tratados de condena, sino que hasta sus últimos días trabajó políticamente sobre los parlamentarios abolicionistas, como Wilberforce, para que no cesaran en su lucha contra la “execrable villanía”.


Aquí tenemos una primer pista, el encuentro con la realidad y con la mirada de Dios en el otro, otre y otra. El análisis de las situaciones y no de los relatos, pero además las acciones de cuidado y de incidencia para la trasformación.


Otra clave para el metodismo y su larga trayectoria de un ecumenismo amplio, será buscar respuestas colectivas y comprometidas con quienes comparten territorios y quienes aporten sus perspectivas desde otros lugares. Buscar ampliar la mirada más allá de las fronteras, de lo que conocemos de manera inmediata. Así poder levantar la voz, con un testimonio profético potente y fecundo, sin temor. Llevar Buena Noticia, confrontar, transformar y humanizar la sociedad en defensa de la vida toda.


Dios nos permita, en un tiempo crucial como el actual, no escondernos tras un manto de neutralidad, sino asumir los conflictos que sean necesarios en el seguimiento de Jesús y reflejar su potencia trasformadora en esta realidad.


Viviana Pinto para CMEW


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