Recursos para la predicación

03 Jun 2024
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Recursos para la predicación
Recursos para la predicación 09 JunioJun 2024

Verde


Marcos 3.20-35 – Presentación de Carlos Bravo Gallardo

“Habla” el evangelista Marcos

Seguimiento y perseguimiento: los doce, los jefes judíos, la familia

Jesús había decidido que ya era el tiempo. Que ya había un núcleo maduro para comenzar la tarea de reunificar al pueblo de Israel, a un Israel convertido al Padre y su Reinado. Puesto en oración y había elegido a doce “para que lo acompañaran y para mandarlos anunciar el mensaje”. Los doce iban a ser los cimientos del pueblo de Israel reunificado. Era un gesto simbólico de profundo sentido mesiánico: todo el mundo entendía que Jesús comenzaba algo nuevo.

Pero imagínense cómo vieron ese gesto simbólico profético: porque Jesús había escogido a doce galileos, lo cual quería decir gente despreciable para los dirigentes religiosos de Jerusalén.

Y pronto comenzaron los problemas con su familia. Sin duda que el comportamiento de Jesús no se ajustaba a sus expectativas. Tenía como treinta años, y no se había casado; había dejado su trabajo, su casa en Nazaret para ir con Juan el Bautista, pero ya no había regresado; les llegaban noticias de sus controversias con los fariseos, y aun de las amenazas que le hacían; y, por último, esa pretensión de reunificar a Israel… en torno a doce galileos. Les preocupaba él, pero sobre todo la honra de la familia.

Por fin, después de una larga ausencia, llegó a su casa junto con sus nuevos compañeros; y se les juntó tanta gente y había tantas necesidades, que no encontraron tiempo ni para comer su pan. Cuando sus parientes se enteraron salieron adonde estaban con la gente reunida para apoderarse de él y llevárselo consigo, pues decían “Está loco”. ¡Claro! Uno que así se entrega a los demás hasta el punto de no tener tiempo ni para sí, debe estar loco.

También habían llegado unos escribas, enviados por los jefes de Jerusalén para espiarlo y desprestigiarlo. No podían negar lo que hacía a favor de la gente que sufría, pero empezaron a correr la voz: “Tiene pacto con el demonio; cura a los enfermos y expulsa a los demonios con el  poder de Belzebú, príncipe de los demonios”.

Aquella falsedad, unida a lo que su familia decía de él, sí podía afectar el anuncio del Reino. Y Jesús decidió hablar. No por defenderse, sino por defender el mensaje.

Y llamó a los escribas de Jerusalén y, para hacerles ver lo absurdo de sus críticas, les dijo: “Pero ¿cómo va Satanás a expulsar a Satanás? Pero vamos suponiendo que así fuera: Yo todo lo que he anunciado es que el reino de Satanás ha llegado a su fin; y si un reino se divide contra sí mismo, no puede permanecer en pie; si una familia se divide contra sí misma, no puede permanecer en pie; si Satanás se enfrenta contra sí mismo y está dividido, no puede seguir en pie, y ha llegado su fin. Así que, aunque hiciera lo que hago por el poder de Satanás, lo que digo es cierto: que el plazo se ha cumplido”.

Pero siguió Jesús: “Ustedes no saben lo que está sucediendo: nadie puede entrar en casa de un hombre fuerte para saquear sus bienes si primero no lo amarra; entonces saqueará su casa; y eso es lo que ha sucedido: que el ‘poderoso’ de este mundo está siendo amarrado y su casa está siendo saqueada”.

El pecado contra el Espíritu consistía en que decían que estaba poseído por un espíritu impuro. Y su problema era que si veían lo de Dios como causado por el demonio, ¿cómo podrían en verdad reconocer a Dios? ¿Cómo podrían distinguir lo que realmente venía del demonio? No tenían perdón porque ni siquiera creían necesitarlo…

En eso llegaron su madre y sus otros familiares que habían ido por él para llevárselo y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. Había mucha gente sentada a su alrededor y algunos se acercaron a decirle: “Mira: tu madre y tus hermanos te buscan afuera”. Jesús sabía cuáles eran sus intenciones. Y mirando a sus discípulos y a los que estaban sentados en torno suyo, dijo: “Esta es mi familia; mi madre y mis hermanos; todo el que haga lo que Dios quiere ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”.

Por duro que parezcan esas palabras, Jesús definía: ante el Reino todo pasaba a segundo plano; no estaba dispuesto a que nadie malinterpretara eso del Reino; ni los jefes religiosos ni la familia pueden intentar encerrarlo dentro del estrecho círculo de la tradición o de las obligaciones familiares. El futuro ya está presente pero al mismo tiempo es algo inédito; está viniendo pero está por construirse. No se lo puede definir de acuerdo al pasado, cuyos marcos estrechos rompe.

¡A protegerse llaman!

Primero fue la prisión de Juan, luego la acusación de blasfemia, luego el complot con los herodianos para matarlo, la incomprensión de su familia, luego la satanización que de él hicieron los escribas espías de Jerusalén; y el mismo pueblo le representaba una cierta amenaza por la forma como buscaban ansiosamente tocarlo para ser curados. Unos lo siguen, otros lo persiguen. Pocos entienden, otros malinterpretan sus palabras. Jesús debe tomar algunas precauciones.

Carlos Bravo Gallardo, sj, en Galilea, Año 30. Historia de un conflicto (Para leer el evangelio de Marcos), Verbo Divino, Quito, 1993.


1 Samuel 8.1-22; 11.1-15 - Presentaciones de Lucía Hernández y Humberto Jiménez

1 Samuel 8.1-22 – El pueblo pide un rey

Los dos hijos de Samuel deberían ejercer los papeles de sacerdote y juez, como los del sacerdote Elí. Pero ellos se dejan llevar por la avaricia, aceptan sobornos y corrompen la justicia. Este descontento general servirá de pretexto para pedir un rey.

Evidentemente, el autor hace aquí un juicio sobre la crisis del pueblo. ¿Por qué un rey y no otro juez? Pensar que era necesario un  rey para dirigir las cuestiones militares, ya que las instituciones pre-monárquicas eran ineficaces, sería hacer un análisis moderno de la situación, que no corresponde a la realidad de las condiciones de Israel. Habrá que buscar otra explicación.

Hay dos posiciones en el texto: por una parte se dice que, cuando Israel pide un rey, deja de lado a Dios (mâ’as= despreciar, repudiar), 1 Sm 8.7; 10.19). los profetas reforzarán esta idea (cf Is 8.6). Pero más adelante aparece que si Israel acepta la monarquía lo hace como un regalo de Dios al pueblo (1 Sm 10.24-27) y por eso establece una Alianza con él (berÎt; ver 1 Sm 7.8-9). Estas dos posiciones, aparentemente contradictorias, se pueden explicar por las diversas tradiciones involucradas en la redacción final y por las experiencias que se vivieron a partir esta institución, que sin duda es ambivalente. Veamos, si no, la respuesta de Gedeón cuando rechaza reinar porque el único rey de Israel es Yavé (Jue 8.22).

La caracterización que Samuel hace del rey es bastante irónica y de inmediato remite a Dt 17.14-17, el ideal del rey que elegirán al entrar a la tierra prometida. Pero la monarquía es una institución que tiene a ser corrupta y, por lo tanto, si se acepta la monarquía debe tenerse gran cuidado en la elección del rey. El pueblo no escucha a Samuel y en cambio insiste en un rey ideal: Nuestro Rey nos gobernará, juzgará, saldrá delante de nosotros y hará nuestras guerras (1 Sm 8.20).

Una enseñanza central se puede extraer de la petición que el pueblo hace a Samuel para que les dé un rey. No se puede concentrar sin más en una persona todos los poderes, sin tener en cuenta que las relaciones con Dios afectan la vida sociopolítica de las naciones. Si bien es cierto que en Israel no había una separación entre lo sagrado y lo profano, para las personas de fe no puede darse una separación tajante entre la autoridad de Dios y el poder humano, a pesar de que vivamos en un mundo secularizado. ¿Hasta dónde llegan los límites de la autoridad humana? ¿Hasta qué punto el compromiso de los dirigentes con el pueblo puede desconocer el compromiso personal con Dios? Preguntas que adquieren una significación especial mayor en el momento de elegir a los gobernantes de nuestras naciones.

1 Samuel 11.1-15 – Saúl proclamado rey

Cuando los amonitas entran a Galaad, los habitantes de Jabés buscan ayuda entre los israelitas. Saúl, movido por el espíritu de Dios, organiza una movilización que hace dispersar a los amonitas. Motivados por la admiración a Saúl, aun de parte de quienes habían dudado de él, en Gilgal lo proclaman rey delante de Yavé. Saúl se presenta como un jefe carismático sucesor de los antiguos jueces.

La pregunta sobre quién puede salvarnos, quién puede cambiar una situación con consecuencias que parecen irreversibles, es  actual para todos los pueblos y para las familias y personas en particular. Con los propios recursos es difícil, por no decir imposible, salir de ciertas situaciones desesperadas, pero con la ayuda de Dios los líderes que se entregan en sus manos encuentran caminos de salvación. La situación del pueblo antiguo de Israel sugiere que ni las estructuras sociales ni ciertos grupos humanos solos pueden salvar al pueblo. Ninguna persona, aun las llamadas carismáticas, ningún sistema político o económico, ni ningún sistema religioso pueden garantizar la salida de las crisis sin el discernimiento constante de lo que Dios quiere; solo entonces los líderes podrán trabajar de acuerdo con el plan salvífico de Dios para el mundo.

Lucía Hernández Cardona y Humberto Jiménez Gómez, Los libros de Samuel en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Estella, Navarra, 2005.


Salmo 138 – Acción de gracias por el favor de Yavé – Presentación de Ricardo Pietrantonio

Género y situación

El Sal 138 es una acción de gracias tradicional que termina con un acto de confianza y una petición. Las frases son tan genéricas y convencionales que es imposible deducir del texto la ocasión en que se compuso. Intentemos explicarlo con una hipótesis. Supongamos que la situación es a la vuelta del destierro. Entonces la primera persona del singular representa a la comunidad. Los “dioses” son los de Babilonia, desenmascarados por Is 40‑55 y derrotados por Yhwh; la comunidad se distancia de ellos definitivamente. Los “enemigos” pasados son los babilonios, de cuyo imperio ha salido Judá con “vida”; o son los enemigos próximos al acecho. Los “reyes” son jefes de naciones que han asistido al gran acontecimiento histórico. La “excitación del ánimo” corresponde al “mover el espíritu” de Esd 1.5 para volver a la patria. Los “caminos del Señor” son los que cantaba Is 55.8‑9, y su “gloria” la que se revela según Is 40.5. El pueblo humilde son los judíos cautivos, Y el soberbio es el imperio babilónico (cf. Is 14).

¿Está probada la hipótesis? ¡Ni pensarlo! Lo único probado es que unos cuantos datos del salmo encajan en ese marco histórico, como podían encajar en otros semejantes. Con todo, vale la pena retener algunas correspondencias sugestivas. A la vuelta del destierro, el verso final inaugura una etapa esperanzada. El salmo se encuentra hoy entre dos gigantes: el apasionado 137 y el sublime 139. Aunque empequeñecido por la cercanía, quizá sea digno de mirarse “por su humildad”. Al menos por el verso final, que lo salva y dignifica.

Composición y estilo

Un salmo breve, casi como los graduales, no da espacio para alardes de composición. El salmo contiene una acción de gracias personal y otra coral. El estilo del salmo es pobre. Notamos algunas anomalías gramaticales, que se puede atribuir al autor (el uso del hebreo empezaba a decaer), a descuido de copistas o a ignorancia del crítico moderno.

Exégesis

Vs 1: De todo corazón: ¿expresión convencional o exclamación sincera? Mucho depende de la situación en que se encuentre el orante: si está reciente una gran liberación la expresión será sentida. Toca al que la repite esforzarse por sentirla. Casi a la letra se lee en el Sal 9.2.

¿Delante o frente a los dioses? No es que el orante se imagine en presencia de la corte celeste; se piensa que ngd tiene un valor semejante al de Sal 23.5, de oposición; podría ser reminiscencia libre del primer mandamiento (Ex 20.3). Para la idea, véase Sal 96.4-5.

Vs 2: La primera frase procede de Sal 5.8. El templo es centro de orientación y define la posición del orante, según se encuentre cerca o lejos; como lo define Salomón en 1 Re 8.

Véase también Dn 6.11: “Subió al piso superior de su casa, que tenía ventanas orientadas hacia Jerusalén. Y arrodillado, oraba dando gracias a Dios”.

Vs 3. Si respetamos el texto masorético, la segunda frase significa: tú has agitado / excitado en mi aliento / espíritu el vigor. En versión libre: tú has removido mi energía. Lo interesante de la confesión es que en ella ha consistido la respuesta de Dios: no se ha encargado él de hacerlo todo, sino que ha dado una palabra / promesa grande y con ella ha movido interiormente al orante para que actuase (véase el texto citado de Esdras).

Vs 4. La expresión mry py / pyk es típica de la primera sección de Prov, en particular de 4‑8, y se lee también en Job 8.2; 23.12 y en los Sal 19.15; 54.4; 78.1. Puede significar discurso, petición, oráculo, según quien lo pronuncia y a quien se dirige. El autor supone aquí que los oráculos del Señor se oyen en todo el mundo.

Vs 5. Correlativo de la palabra es el modo de actuar (drky), en el cual se manifiesta la “gloria” del Señor.

Vs 6. Es la enseñanza de Is 57.15 y Sal 113.5‑6, y es principio fundamental de la actuación de Dios. También la formulación subraya la paradoja: el excelso queda más lejos del alto que del bajo: véase Is 2.10‑19 con la acumulación de términos. El orante se coloca entre los “humildes”, en los que “se fija” el excelso.

Vs 7. El verbo gmr significa completar, llevar a término; lleva como sinónimo “no abandonar”, no dejar a medio hacer. Entre ambos sinónimos, sustentándolos, está la “misericordia eterna” del Señor. Si es eterna, no puede fallar, hará su tarea hasta el final. Lo ya hecho es garantía de lo que falta, lo mismo en el plano individual que en el colectivo. Es uno de los argumentos de Moisés en su intercesión (Nm 14.16): “Lo oirán las naciones y dirán: el Señor no ha podido llevar a este pueblo a la tierra que les había prometido”. El verbo gmr se lee también en Sal 57.3; hrph, con negación, en Dt 4,11; 31,6.8 (despedida de Moisés). En un monólogo patético interroga Job a Dios (10.8‑9):

Tus manos me formaron, ellas modelaron
todo mi contorno, y ¿ahora me aniquilas?
Recuerda que me hiciste de barro.

El verso final del salmo es una de las más bellas profesiones de esperanza en Dios.

Transposición cristiana

Lo más importante del salmo, el verso final, tiene aplicación egregia a la vida cristiana: tensa entre una salvación otorgada y una salvación por culminar. Estamos a salvo y esperamos la salvación. El pasado, a medida que va pasando, se incorpora a nuestra vida configurándola; el futuro definitivo tira de nosotros como fuerza de gravedad hacia arriba, inserta ya en nuestro espíritu en figura de esperanza. Entre Cristo que vino y Cristo que ha de venir se dilata el camino y entretejiendo en lo profundo de la tierra, que es él, el camino que recorremos. La dirección del camino se define por el término. Leemos al principio de la carta a los Filipenses (1.6): “Aquel que dio principio a vuestra buena empresa, le irá dando remate hasta el día de Cristo Jesús”.

Tomado en parte de: Luis Alonso Schökel, Salmos II, EVD, 1993.

Nueva ventana, ojos nuevos

Es una de esas ocasiones cuando una experiencia en particular abre un panorama nuevo sobre la naturaleza del Señor (1-3), el futuro del mundo (4-6) y la seguridad personal (7, 8). De la experiencia en sí, sólo sabemos que la oración fue contestada en una forma que le dio a David nueva vitalidad de manera que quería cantar la alabanza al Señor cara a cara con todos los supuestos dioses. Sentía que conocía al Señor como nunca (2). Sabía que ninguna angustia ni los enemigos (7) podrían jamás vencerlo o impedir la realización del propósito (8) del Señor.

Quizá pasó todo en 2 Sm 5.17-21 cuando los filisteos desafiaron al naciente reino de David, y como respuesta de inquirir del Señor se ganó una victoria como señal, y los “dioses” de Filistea se convirtieron en despojos de la batalla. Quizá, pero todo sucedió simplemente por medio de la oración y la oración contestada. El momento de oración es el momento cuando la revelación que el Señor hace de sí mismo adquiere nuevas dimensiones (2), el momento de renovación (3), el concepto del mundo (4) y la seguridad en Dios (7, 8).

Templo, usado en 1 Sm. 1.9 para referirse a la tienda en Silo. En la época de David la tienda estaba en Gabaón (2 Cro 1.3) pero probablemente la referencia aquí es al templo celestial. Los dichos declaran la gloria, definida como la identificación condescendiente del Señor hacia el humilde. Esta es la verdad que, en respuesta a su oración, abrió los ojos de David a las dimensiones del nombre de Dios y lo transformó interiormente. Está convencido de que vencerá al mundo y, por eso, puede enfrentar el futuro con seguridad.

Carson, D.A.; France, R.T.; Motyer, J.A.; Wenham, G.J., Nuevo Comentario Bíblico, Siglo Veintiuno, El Paso, TX, Casa Bautista de Publicaciones, 2000, c1999.


Notas y comentarios

El Salmista da gracias con todo el corazón, profundamente, es decir, con la devoción consciente del pacto “porque (los reyes) han oído las palabras de tu boca” “entre las naciones”. Aquí la acción de gracias no sólo da testimonio implícito del poder de Yavé con las naciones paganas circundantes sino con sus dioses.

Cuando clamó, Yavé contestó y por eso está como exaltado. “Está orgulloso, arrogante.” Todos los reyes dan gracias al oír hablar las promesas de su boca, permitieron cantar a Yavé, que la gloria de Yavé es tan grande.

Yahvé exalta al humilde, pero “humilla” al altivo, el malo no queda impune. Yavé concede la vida ante la furia de los enemigos. Yavé es el vengador. Su amor fiel es eterno. No abandona a su pueblo (la obra de sus manos).

La explicación

En la nave del templo un adorador profiere su canción de acción de gracias. Su cara se ha vuelto hacia el edificio principal dónde Yavé tiene presencia permanente (cf. 1 Re 8.29). Canta con entusiasmo: su experiencia personal constituye para él la prueba positiva de la realidad y el poder del Dios de Israel que desafía a todas las demandas del rival. En tono de alabanza teologiza sobre su experiencia. Ha visto que Yavé cuida de la obra en su vida. Ha sido su privilegio dar testimonio de la validez suprema de la revelación de Dios y de sus promesas. Entonces en el modo más simple el salmista da razón de su acción de gracias, la oración contestada y la restauración vital y moral.

Es tan sobrecogedor su sentido de maravilla y deuda que transfiere su tema de acción de gracias a un campo más amplio. Está dolorosamente consciente de la insuficiencia de su pequeña contribución de alabanza a tan gran Dios. Nada más que la acción de gracias convenida de los monarcas de la tierra podría levemente emparejar la dignidad de alabanza de este único Dios (v. 1) cuyo hábito es tanto prometer como realizar, manifestando su poder trascendente. Lo maravilloso es que su majestad celestial está aliada con la gracia. La propia experiencia del salmista le permite deducir un principio general de magnanimidad divina.

El cantante no está satisfecho con quedarse en el nivel de las verdades teológicas acerca de los modos de Dios con la humanidad. Lo adapta, para expresar su apreciación intensamente personal. Yavé es alabado como quien suele sacarlo de la aflicción y restaurarlo a la plenitud de vida. La protección de Yavé y su vindicación es un modelo que ha experimentado siempre de nuevo. Sin embargo, no la da por sentada: debe ser equilibrado en la vida por sumisión constante. Por ello su palabra final es una oración: así como sabe que Dios lo ha protegido hasta ahora, que pueda continuar encontrando su presencia de gracia (Job 10.3, 8-12; Ef 2.10; I Ped 4.19).

Para la homilía

Si uno se basa en el Salmo, puede perfectamente desarrollar la idea profundamente teológica de la acción de Dios para con quienes lo necesitan. El salmista agradece pero también clama porque su experiencia es que Dios le ha respondido. Las promesas y técnicas humanas no se pueden comparar. El rey no es dios y si promete no cumple. Es muy importante rescatar en la actualidad la idea judía de la Semá: tu Dios es uno.

Ricardo Pietrantonio, biblista luterano (IELU) argentino en Estudio Exegético–Homilético 47, Febrero 2004, ISEDET, Buenos Aires, Argentina


2 Corintios 4.13–5.4 – Presentación de Eduardo de la Serna

El hombre interior

La predicación es consecuencia de la fe, y la predicación conduce a la fe (Rom 10.16; 1 Cor 1.21; 15.11). El predicador es solo un instrumento, un mediador, por eso el mismo predicador no tiene en cuenta su propia muerte, sino la vida de sus destinatarios, por ustedes, y cuantos más sean agraciados con esto, más acción de gracias y gloria recibe Dios. Por eso Pablo no tiene en cuenta su propio desmoronamiento exterior, pues algo se va edificando interiormente. Esa identificación interior es un anticipo de la resurrección que ya comienza a actuar en el creyente. Nuevamente encontramos el juego de opuestos y un nuevo pasajero-eterno, esta vez acompañado por visible-invisible.

El Espíritu, que es el que inspira las Escrituras, es llamado, por lo tanto, espíritu de fe, y es el que mueve a Pablo a hablar, siempre impulsado por la misma fe y buscando alcanzar la fe en los destinatarios. En la fe, y no en los fenómenos extraordinarios, está la garantía de la presencia del Espíritu. Es en el espíritu y en la fe donde radica la fortaleza del apóstol, no en su propia capacidad.

“Creí, y por lo tanto hablé”. La cita no es literal de la Biblia hebrea, pero remite evidentemente a Sal 116.10 en la versión griega de los LXX. Pablo luego la aplica a sí mismo, pasando al plural: “creemos y por lo tanto hablamos”, refiriendo a su predicación, que es propia de la iglesia primitiva: Dios lo resucitó (Hch 3.15; 4.10; 5.30). Esto es algo que sabemos (palabra frecuente en Pablo, 19 veces, cf 1.7; 5.1, 6, 11, 16). Pero supone una actualización en la vida de los creyentes; esta palabra es de resurrección, donde Dios es sujeto no solo de “levantar” a Jesús, sino también a los suyos en plena unión con él, como ya fue levantado él.

La unión es escatológica, superando lo cronológico, y todo es en favor de la comunidad. Con (syn) es una preposición que supone comunión plena con el crucificado y resucitado, como lo expresa el bautismo (Rom 6.8). La resurrección de Jesucristo no es un hecho aislado; es el comienzo de los tiempos escatológicos del cual participan todos los que están en Cristo, por eso es el “primer nacido de entre los muertos” (cf Col 1.18; Ap 1.5), o mejor: “primicia de los que durmieron” (1 Cor 15.20); y unidos a él re-nacerán transformados los que le pertenecen (1 Cor 6.14; 15.12-23).

En 4.16 comienza una nueva sub-unidad marcada por un dualismo antropológico muy acentuado: exterior-interior, momentáneo-eterno, visible-no visible, casa de tienda-edificio de Dios, fe-visión. Pero este tiempo escatológico ya ha comenzado: es el hombre interior. Pablo recibe esta fórmula del ambiente corintio, aunque originariamente platónica, para sintetizar su pensamiento antropológico. Por eso puede usar imágenes platónicas (cf 4.7; 5.1, 4) pero con presupuestos antropológicos diferentes: lo que se manifiesta es la muerte y resurrección de Cristo. El dualismo es escatológico, no antropológico.

Mientras en los vs 7-12 se actúan los sufrimientos presentes en la vida, en 4.13–5.10 se anticipa la vida futura por el espíritu de fe y la gracia que Dios multiplica en la comunidad creyente. El desmoronamiento del hombre exterior parece cercano a los utensilios de barro y la carne mortal (4.7, 11), por lo que la referencia es a la fragilidad, mientras que la renovación puede aludir a la metamorfosis (3.18).

Ciertamente Pablo está contraponiendo la acción de los hombres que se enfrentan al apóstol (liviandad) y sus efectos en su persona, con el peso de la acción e iniciativa de Dios y el obrar de la gracia cada vez más excelente (de excelencia en excelencia). Pablo no presta atención a las tribulaciones, que son visibles y pasajeras, sino a la obra de Dios, por eso no se detiene en ellas sino que mira lo no visible.

Para hablar de este hombre interior, Pablo recurre ahora a dos metáforas: la habitación y el vestido; ambas le servirán para remarcar la fragilidad y transitoriedad. La morada (5.1,4,6,8,9) puede ser terrestre, mortal, casa de tienda, que se demuele (ciertamente Pablo está pensando en la muerte; la imagen puede estar tomada  de Is 38.12, donde también se dice “mi casa ha sido removida, como cuando se levanta la tienda de un pastor”; que nos hace deshabitar del Señor, o una morada eterna, en los cielos, edificio de Dios. En esta caso pasa a hablar de la resurrección. Pablo se refiere al cuerpo, pero hay un cuerpo para la muerte y uno para la resurrección, cuerpo al que podemos “desahabitar, dedicados a agradar al Señor con lo que se revela en nuestra vida.

Para ejemplificar mejor esta imagen, Pablo pasa a la segunda metáfora y juega con distintas acepciones del verbo “vestir” (5.2,3,4; en realidad la imagen de la morada y del vestido se disponen quiásticamente en 2-4: morada-revestimiento-vestido-tienda). Siempre con la misma idea de base, deseamos “revestirnos de los cielos”, así no estamos desnudos, y tenemos vestido sobre el vestido, con lo que la vida supera la muerte. La desnudez supone la muerte, mientras que el estar vestidos o revestidos supone la vida nueva de resucitados.

Eduardo de la Serna, biblista católico argentino en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, Navarra, España, 2005.


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