Recursos para la predicación

24 Jun 2021
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Recursos para la predicación 08 AgostoAgo 2021

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Les pasamos parte del comentario sobre el evangelio de Juan para los dos próximos domingos.

Juan 6.41-59 – Asimilar a Jesús, vida y normas de vida.

Contenido y división

En el contexto pascual y de la alianza, la primera parte del discurso tenía como tema central a Jesús dador de vida (símbolo del maná).

En la segunda, los adversarios de Jesús no admiten que un hombre pueda tener origen divino y, así, poseer y dar vida definitiva. Jesús insiste: él es el dador de vida definitiva, por oposición a la que dio el maná y esa vida se encuentra precisamente en su condición humana (carne), de la que ellos se escandalizan.

Especifica luego cómo es dador de vida: dando su propia vida (carne y sangre). Hay que aceptar, por tanto, no solamente su condición humana, sino el hecho de su muerte como vehículo de la vida, interiorizando esta realidad para convertirla en norma propia. Tal es la nueva ley escrita en el corazón.

Comienza la perícopa introduciendo nuevos personajes, los adictos a la institución. Estos, ante la declaración anterior de Jesús, presentan como objeción su origen humano, para ellos incompatible con la calidad divina que implica su pretensión (6.41-42). Jesús revela, en primer lugar, cuál es el motivo de su oposición a él, la falta de interés por el ser humano, por no conocer a Dios como Padre (6.43-46).

A continuación se declara pan de vida en lugar del maná que no consiguió llevar al pueblo salido de Egipto a la tierra prometida (6.41-51). Él comunica la vida dándose a sí mismo, en su realidad humana, hasta la muerte. La aceptación de ese don suyo y la asimilación vital a él (comer su carne y beber su sangre) son para el hombre fuente de vida (nuevo maná) y norma de vida (nueva Ley). Así, a diferencia de lo ocurrido con el antiguo pueblo, la nueva comunidad podrá alcanzar su tierra prometida, la de la vida definitiva (6.52-58). Termina la perícopa indicando la ocasión y el lugar (6.59).

En resumen:

6.41-42:           Objeción: origen humano contra origen divino.

6.41-43:           El presupuesto para la fe: estar de parte del ser humano.

6.41-51:           El maná de su éxodo: su realidad humana.

6.52-58:           La ley de su comunidad: el don de sui vida.

6.59:                Ocasión y lugar.

Síntesis

En esta perícopa da Jesús la última explicación del reparto de los panes. El punto central se encuentra en su afirmación, repetida de diversas maneras, del don de sí mismo. Jesús no ha venido a dar “cosas”, sino a darse él mismo a la humanidad. Por eso el pan que daba contenido a su propia entrega, era la señal que la expresaba.

Esta misma es su exigencia para el discípulo: Debe considerarse a sí mismo como “pan” que hay que repartir, y debe repartir su pan como si fuese él mismo quien se reparte. Ha de renunciar a poseerse. Solo el que no tema perderse encontrará su vida. Ésta se recibe sólo en la medida en que se da, se posee en la medida en que se entrega.

Hacer que la propia vida sea “alimento disponible” para los demás, como la de Jesús, repitiendo su gesto con la fuerza de su Espíritu que es la de su amor, es la ley de la nueva comunidad humana. Se expresa en la eucaristía, que evoca y actualiza el gesto de Jesús. En ella se experimenta su amor en el amor de los hermanos y se manifiesta el compromiso de entregarse a los demás como él se entregó.

El Reino de Dios o la vida definitiva, en sus manifestaciones plenas, serán obra de Dios. Mientras tanto, sería cómodo para nosotros esperar la nueva sociedad como una intervención milagrosa de Dios. El amor del Padre se ha manifestado en Jesús-hombre y ha de seguir manifestándose por medio de los seres humanos, con su esfuerzo y su dedicación. Sólo en esa actitud, en esa fe, podemos esperar cielos nuevos y tierra nueva.

Juan Mateos y Juan Barreto, El Evangelio de Juan. Ediciones Cristiandad, Madrid, 1982, pp. 336-337, Contenido y división; p. 345, Síntesis del comentario. Adaptación de GB.


1 Reyes 19.1-8 - Elías huye y viaja al monte Horeb

También el gran Elías, el campeón de la fe en YHWH frente a todo el pueblo, debe recorrer su propio camino de fe, en su vocación y su misión. Si los caps. 17-18 lo mostraron en su faz pública y externa, el cap. 19 expone su intimidad ante YHWH. En su itinerario podrán reconocer huellas de Moisés, de Israel,  de cada creyente, de cada ser humano que teme, sufre y ansía.

Elías teme y rápidamente se levanta, huye para salvar su vida y llega a Berseba de Judá. Ha atravesado los reinos de Israel y Judá, hasta el extremo sur. Por delante solo tiene el desierto, y allí se interna, luego de dejar a su criado. El despojo progresivo (tierra, compañía) se hace radical cuando se encuentra bajo una retama, sentado, solo.

Elías ya no puede más. Se desea la muerte (como Jonás, cf Jon 4.8) y pide a YHWH que tome su vida, con una profunda queja: “Basta ya, demasiado! …No soy mejor que mis padres”. Se recuesta y se duerme, sin querer ya despertar. Un mensajero entonces lo insta a levantarse y comer. El profeta mira y, de pronto, una torta cocida y un jarro de agua.

Los objetos recuerdan el ministerio del hombre de Dios en Sarepta, con la viuda y su hijo. Sin duda, es YHWH quien sostiene la vida de Elías. Él come y bebe, pero no se levanta. De nuevo, más pertinaz que el profeta, el ahora mensajero de YHWH repite la orden y agrega: muy largo es ante ti el camino. Comida y bebida le dan la fuerza extraordinaria para cuarenta días y cuarenta noches de marcha hacia la montaña de Dios, el Horeb, conocida en otras tradiciones como Sinaí (cf Éx 19.11).

Gerardo J. Söding, en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, España, 2005.


Efesios 4.25–5.2

Introducción

Luego de una primera parte doctrinal sobre la obra salvadora de Dios (Ef 1-3), el autor de la epístola pasa a tratar cuestiones de la vida práctica de las y los creyentes en Jesucristo (Ef 4-6), exhortando a vivir de acuerdo con el llamado que Dios les ha hecho. Esta estructura de la carta refleja la estructura básica del mensaje del NT, cuyos dos elementos han sido caracterizados como anuncio, predicación o proclamación (en griego, querigma) y enseñanza, doctrina o instrucción (en griego, didajé). Es importantísimo tener en cuenta la diferenciación y a su vez interrelación entre estos dos elementos. Varios textos resumen el querigma cristiano original: Lucas 24.46-47; Juan 20.31; Hechos 2.22-24; 3.15; 4.10; 5.30-31; 10.39-43; 13.37-39; 1 Corintios 15.3-5. Su síntesis puede ser la siguiente:

Por la muerte de Jesucristo en la cruz y por su resurrección, los y las creyentes reciben el perdón de los pecados. Este perdón de los pecados es el comienzo de una nueva vida con el Señor y en la comunidad de las y los creyentes.

Aquí es donde comienza a desplegarse la didajé. Bajo didajé la exégesis del NT comprende la suma de las instrucciones para la nueva vida en Cristo. Esta enseñanza abarca explicaciones, exhortaciones, mandamientos, prohibiciones, tablas, orientación, ejemplos, catálogos de virtudes y de pecados, modelos de vida. Todos estos materiales también suelen llamarse parenéticos (del griego parenesis, exhortación).

El material parenético de Ef 4-6 debe ser tomado y vivido siempre en este sentido: como consecuencia de la fe en Jesucristo, y no como camino a la salvación, pues de esta manera se volvería al esquema de la justificación por las obras. Ef 4.30 indica a las claras que la didajé se basa en la salvación obrada por Dios, y no en la propia obra humana. Se da por sentado que el Espíritu Santo está con la comunidad de las y los creyentes, “sellándolos” para la salvación. La salvación no se puede conquistar por méritos propios, pero sí puede ser derrochada o arruinada.

Repaso exegético

Ef 4.30 puede tomarse como conclusión de la exhortación anterior (v. 29) sobre el uso de la palabra para el mal o para el bien; como también en general como punto de referencia para toda la serie de exhortaciones concretas para la vida práctica. El sello se colocaba sobre algo o alguien para caracterizarlo como propiedad. Llevar el sello del Espíritu Santo significa ser propiedad auténtica de Dios. En la época pospaulina, la imagen del sello quedó vinculada al bautismo, de manera que estas exhortaciones deben ser entendidas como estímulo a una vida de acuerdo al don conferido en el bautismo.

El v. 31 es un clásico catálogo de pecados, formado por una serie de elementos tomados de la tradición veterotestamentaria y el cristianismo primitivo. Según esta tradición, la amargura es una característica de gente impía (Sal 10.7; Ro 3.14). El enojo es casi un sinónimo de ira. En todo caso, estas reacciones quedan reservadas a la justicia de Dios (Ro 2.8-9), pero no corresponden a las y los creyentes. En Hch 9.28,32,34, los oponentes al Evangelio se llenan de ira y comienzan a manifestar su enojo a los gritos. El autor de la epístola a los Efesios quizá introdujo el griterío por su oposición vehemente a los himnos y cánticos espirituales sobre los que hablará en el siguiente capítulo (Ef 5.19). Hay una diferencia radical entre una comunidad que eleva sus voces en alabanza y una horda que destruye toda relación a los gritos. La maledicencia, literalmente blasfemia, aparece en varios catálogos de pecados. Puede referirse tanto a calumnia y difamación del prójimo, como también a blasfemia explícita contra Dios (Jesús, Espíritu Santo) (tomando como referente el v. 30). La malicia o maldad explícita es la culminación de la lista y caracteriza la destrucción intencional de las relaciones sociales (cf. 1 Co 5.8).

Sigue un catálogo positivo de virtudes, que hacen la contra al listado negativo. Se nota la influencia literaria de Col 3.12-13. La bondad es fundamentalmente una característica de Dios mismo, de allí que la exhortación a ser bondadoso sólo sea posible a partir de la bondad de Dios. Lo mismo vale para la misericordia y el perdón: Dios nos perdonó, por consiguiente, perdonémonos. Dios y nosotros somos puestos en relación teológica, no antropológica (pues no hay punto de comparación en cuanto a nuestras “características”).

Con un empleo casi intrépido del esquema de imitación, Ef 5.1 indica una vez más que la base de todas las exhortaciones es el amor de Dios mismo. Esta invitación a “copiar” a Dios es única y casi insólita. En Mt 5.48 Jesús llama a ser perfectos, tal como lo es Dios; pero no habla de imitación. En la antigüedad, la idea de la imitación se aplicaba a la relación del discípulo con el maestro: el maestro sigue a Dios, el discípulo sigue al maestro. En la imitación cristiana, Dios queda representado por Cristo (1 Co 11.1; 1 Tes 1.6), al cual siguen –han de seguir– las y los creyentes. En Ef 5.1 la relación es totalmente directa: se exhorta a imitar a Dios mismo. Esta imitación se concreta en el amor; más precisamente, en el amor que se entrega y se sacrifica. Nuevamente el autor fundamenta su solicitud en el querigma evangélico, empleando una fórmula clásica de entrega: se entregó a sí mismo por nosotros. Esta fórmula también aparece en Ef 5.25. El alcance de esa entrega de Cristo es presentado mediante terminología sacrificial del AT. También otros textos del NT trabajan con esta terminología: rescate (Mt 20.28), propiciación (Ro 3.25; 1 Jn 2.2).

Breve reflexión teológica

Queda absolutamente claro que la base de toda exhortación práctica no es, pues, un esquema moralista de salvación por méritos propios, sino el amor salvífico de Dios manifestado en Cristo Jesús. Sobre esta base, el texto en cuestión desenmascara el esquema de venganza que vive dentro de cada ser humano y que frecuentemente lleva a la violencia. El proceso que genera violencia parte de la reacción amarga (amargura) ante la agresión, se transforma en disgusto (enojo) e irritación (ira), haciendo explotar algo dentro de la persona. Si la espiral continúa girando, el proceso puede pasar a la agresión verbal (maledicencia) y finalmente a la maldad expresa, que tiene por objeto destruir de alguna forma al enemigo (toda malicia). Aquí se abre un amplio abanico de posibilidades destructivas: perfidia, alevosía, traición, violencia física, denuncia, juicio...

El autor de la epístola nos pide que nos alejemos de este desarrollo de la violencia. El esquema de la venganza tiene dos consecuencias terribles: entristece el Espíritu Santo y hace que la vida sea insoportable. Dado el valor referencial del v. 30, se deduce que todo pecado contra el prójimo (v. 31 y todas las demás advertencias de Ef 4-6) es pecado contra Dios mismo (v. 30).

La espiral de la venganza no sólo ha de ser interrumpida pasivamente, sino contrarrestada activamente por medio de actitudes concretas de amor, tales como la bondad, la misericordia, el perdón.

Posible esquema para la predicación

  • En el ámbito de las relaciones con las demás personas, constantemente suelen producirse agresiones de todo tipo. Toda violencia engendra nueva violencia, y esa espiral tiene su lógica propia. La participación en esta espiral destruye la convivencia y arruina la comunión cristiana. Esto pone triste al Espíritu Santo, es decir, ofende a Dios.
  • Basados y basadas en el amor que nos manifestó Dios en Cristo Jesús (llevar el sello del Espíritu Santo), podemos producir un cambio radical del esquema de venganza y violencia, y sustituirlo por la única alternativa para la convivencia humana: la no-violencia.
  • La no-violencia, lejos de ser pasiva o ingenua, no sólo puede llevar a cambios profundos en quienes la practican (dar ejemplos concretos), sino también en los agresores. Esta práctica alternativa permite la construcción de una comunidad de amor en la que se refleja Dios mismo.
René Krüger, biblista luterano-reformado argentino (IERP), en Estudios Exegético-Homiléticos 5, ISEDET, Buenos Aires, agosto 2000.


Introducción al Salmo 34

Este es un salmo de tipo alfabético o acróstico, en el que cada versículo comienza con una de las letras del alfabeto hebreo en un orden casi perfecto. El acróstico comienza con la letra alef de la palabra “bendeciré”, y por tanto, consideramos este versículo como el primero; así también la Biblia Reina-Valera. Otras versiones, como la Biblia de Jerusalén, consideran como primer versículo el título de presentación, y por tanto se produce el desfase de un versículo entre las dos versiones. Seguramente, el orden alfabético de algunos salmos servía como ayuda nemotécnica para memorizar el texto.

El título de presentación del salmo ofrece una dedicatoria a David y un marco histórico relacionado con la vida de este rey de Israel: De David. Cuando se fingió loco delante de Abimélec, fue echado por él, y se fue; luego en todo el acróstico no se halla ninguna referencia interna a la antigua historia de David. Además, parece que el título hace referencia al relato de 1 Samuel 21.12-15, y si es así, confunde a Aquis, rey de Gat, con Abimélec.

De cualquier manera, la presentación del título ofrece una pista de lectura, describiendo la situación de una persona muy valiente en peligro, con miedo y perseguida; y a esta situación general responde el contenido del salmo. También, bajo esta perspectiva, se pueden establecer analogías con la historia del profeta Elías que vimos más arriba (1 Reyes 19.4-8), y con las situaciones de inseguridad y peligro que acompañan las historias de la marcha del pueblo de Israel por el desierto (Ex 16).

En cuanto a la forma, el salmo, en su conjunto, no pertenece a uno de los géneros clásicos conocidos. La primera parte (vv. 1-10), por su contenido e intención, pone al salmo en estrecha afinidad con los cánticos de acción de gracias, en los que el salmista exalta al Señor y expresa su gratitud por haber sido salvado de alguna situación de peligro o angustia. La segunda parte (vv. 11-22) tiene afinidad con los salmos sapienciales; en donde el que ha sido salvado da lecciones de sabiduría a sus contemporáneos. En el contexto del salmo, estos enunciados didácticos tienen sus raíces en la experiencia de salvación, y destacan la grandeza de la justicia divina.

Salmo 34.1-8

Los vv. 1-8 coinciden prácticamente con la sección que hemos identificado como cántico de acción de gracias (vv. 1-10).

El salmo comienza con una expresión de alabanza a Yavé, en un clima de exultante alegría (vv. 1-2). El primer término que se utiliza es “bendeciré” (de la raíz hebrea brk), a través del cual se expresa el reconocimiento de la grandeza y el poder de Yavé; pero también refleja el sentimiento de quien ha sido salvado (v. 5), y para quien la alabanza a Yavé constituye un factor determinante en su vida. La expresión de alabanza se fundamenta en una experiencia y no en un conocimiento puramente intelectual.

No debemos perder de vista que el mismo salmo expresa una finalidad. Tanto la acción de gracias, como las instrucciones didácticas posteriores, tienen un destinatario u oyente principal que son los “pobres” (en hebreo: anawim) (v. 2b). Es al mismo tiempo un testimonio y un mensaje para que los oprimidos y necesitados de ayuda puedan cobrar ánimo y alegrarse por la experiencia de salvación del salmista, que se identifica igualmente como un “pobre” que grita y que fue escuchado por Yavé (v. 6). El orante quiere atraer a sus oyentes hacia su propia experiencia de la salvación (v. 3), y a través del cántico, trata de hacerles “saborear” la bondad de Yavé (v. 8).

Sobre el concepto de “pobres” (anawim) en los Salmos, seguimos a grandes rasgos el enfoque de Kraus, que a su vez se apoya en las investigaciones de Mowinckel. Para ellos, los pobres no son un partido, sino más bien las víctimas de los enemigos y poderosos. El término tiene connotación de oprimido, desposeído, perseguido, desvalido, débil; son los que no tienen amparo frente a sus poderosos enemigos. Este concepto enfoca principalmente aspectos socioeconómicos, donde el pobre es el desfavorecido y marginado por la sociedad, el que no tiene bienes, ni tierra y nadie le ayuda; entre ellos viudas, huérfanos/as y extranjeros/as.

Por otro lado, es sabido que en la tradición bíblica, el Dios de Israel siempre muestra un compromiso especial con los desamparados ante la justicia y los menos favorecidos en la lucha por la vida; y por tanto, el concepto de pobre que antes describimos, constituye una verdadera reivindicación frente a Yavé.

Así, en este salmo como en muchos otros, los pobres no solo encuentran amparo y ayuda de Yavé, sino que además él hace que cambie su suerte (vv. 4 y 6); y se convierten en receptores y protagonistas de la liberación, testigos privilegiados de la gracia y presencia eficaz de Yavé en medio de su pueblo.

En el salmo se exhorta reiteradamente al “temor de Yavé” (vv. 7b, 9, 11), y por tanto conviene explicar brevemente el significado de esta expresión. El verbo hebreo “temer” (yr’) relacionado con Dios tiene un sentido de respeto, reverencia, fidelidad, y es bastante usado. Esto poco o nada tiene que ver con el miedo, o el miedo servil a quien nos puede castigar; es más bien la idea de respeto que se fundamenta en el amor y la admiración de un ser querido. Pero en el salmo 34 esta expresión tiene un uso particular, que le agrega un condimento más a la definición antes mencionada. Aquí, por el contexto, el “temor de Yavé” también significa “conocer a Yavé, especialmente su realidad salvadora, y comportarse consecuentemente con este conocimiento”. De tal manera que este “temor de Yavé” libera de los otros temores / miedos (v. 4b), y de todas las angustias (v. 6b).

La alusión al “mensajero (ángel) de Yavé que acampa alrededor de los que le temen, y los libra” (v. 6), evoca antiguas tradiciones veterotestamentarias, donde el mensajero del cielo representa la presencia divina que “rodea” (acompaña, protege y ayuda) a quien recibe su salvación de Yavé (ver Gn 32.1-2; Ex 14.19; Sal 91.11).

Bibliografía: Hans-Joachim Kraus, Los Salmos, Salamanca, Ed. Sígueme, 1995.

Samuel Almada, biblista bautista argentino en Estudios Exegético-Homiléticos 41. Agosto 2003, ISEDET, Buenos Aires.
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