Recursos para la predicación

03 Dic 2020
en
Recursos para la predicación 10 EneroEne 2021
Verde

Marcos 1.4–11

Introducción

Marcos era un evangelista y al igual que la mayoría de los evangelistas era franco y “al grano”. Por ejemplo, él no inicia su libro con un prefacio elaborado, sino que su tema son las “buenas nuevas” acerca de Jesús el Cristo (o Mesías), el agente escogido de Dios quien además es el Hijo de Dios. Ambos puntos sobresalen gradualmente en el libro, y sólo a medida que Dios abre nuestros ojos podemos ver la verdad en lo que Jesús enseñaba y hacía.

Las “buenas nuevas” ya habían sido proyectadas mucho antes por Dios. Marcos cita las profecías de Mal e Isa como prueba, aunque él sólo menciona a Isaías por nombre. Marcos muestra que aquel “mensajero” profetizado fue Juan el Bautista, mientras que el Señor del v. 3 es Jesús. De manera que Marcos de inmediato equipara a Jesús con Dios, ya que “Señor” en el AT usualmente significa “Dios”. Estas fueron las mismas causas que los sacerdotes y ancianos usarían para crucificar a Jesús. Es imposible quedar neutral cuando enfrentamos a Cristo: ¿sería él el Mesías y el Hijo de Dios, o no? ¿De qué lado estamos?

1.1-8, Juan el Bautista (cf. Mt 3.1-12; Lc 3.1-18; Jn 1.19-28). El v. 1 puede ser título de todo el evangelio o sólo de 2–3. Mejor es considerar esto como un paréntesis y enlazar 1 con 4. Mc. dice que la misión de Juan el Bautista fue preludio del Evangelio y cumplimiento de las profecías. “El evangelio de Jesucristo” significa la buena nueva de su llegada, la alegre noticia de la salvación traída por Jesús, el Mesías.

El texto profético de 2 está tomado de Mal 3.1 bajo el nombre de Isaías, quizás porque las palabras de 3 son las de Is. 40.3, donde se anuncia el retorno de los desterrados de Babilonia y presenta a Yavé dispuesto a conducirlos a través del desierto: la voz de un heraldo proclama la venida de Yavé para que el camino pueda ser preparado, imagen tomada de la costumbre de enviar un heraldo para anunciar la próxima visita de un rey a fin de que sus súbditos pudieran reparar los caminos que se encontrasen en mal estado.

Las palabras de Isaías son aplicadas aquí al Bautista. Él es el heraldo que anuncia la venida del Mesías y urge al pueblo a que se prepare para recibirle. El bautismo de Juan simbolizaba la renovación que él predicaba como la preparación más adecuada para recibir al Mesías. Esta predicación despertó las esperanzas de la región de Judea y suscitó una respuesta entusiasta, realzadas por su vestido, que recordaba el del profeta Elías, 2 Rey 1.8. Todavía hoy día los beduinos del desierto comen langostas (ver 2.1.2.). La miel silvestre puede haber sido la miel reunida por abejas silvestres, o bien la savia de ciertos arbustos. Juan insiste en que él no es el Mesías, sino un adelantado, indigno de desatar su calzado. El bautismo del Mesías comunicaría el Espíritu Santo, la copiosa efusión de los dones del Espíritu Santo, de la que los profetas habían hablado como característica de la edad mesiánica, Is 44.3; Jl 2.28; Zac 12.10.

Juan el Bautista predicaba la necesidad del arrepentimiento que llevaría al perdón de pecados por Dios. Era el tema familiar dado por los profetas de Israel; aun la vestimenta de Juan se parecía a la de los profetas. El cambio total del corazón representado por el arrepentimiento debía ser demostrado por medio del bautismo. Esto no tenía nada de nuevo. Los judíos siempre habían tenido lavamientos rituales, especialmente para aquellos que querían entrar al judaísmo provenientes de afuera.

Lo nuevo era que Juan decía que esto era tan necesario para judíos como para gentiles. También era nuevo que él anunciara que alguien mucho más grande que él llegaría después. Juan sólo bautizaba con agua (un lavamiento simbólico y externo), pero el que vendría después de él limpiaría y renovaría los corazones por medio del Espíritu. En esto radicaba la diferencia total entre la obra de Jesús y la de Juan.

La tradición evangélica tiende a difuminar la actividad del bautista poniéndolo sólo como precursor, paro hay que tener en cuenta que Jesús fue bautizado por Juan y que ello implicaba que era de su grupo. Varios textos dejan entrever esta cuestión. Muchos tomaron a Juan como el Mesías a venir, lo que no es extraño, puesto que Flavio Josefo informa que en ese tiempo muchos fueron vistos como mesías y profetas. También algunos textos neotestamentarios dejan entrever esto (cf. Jn 1.19ss; Mt 3.7ss; Lc 20.4; Jn 4.1ss).

Así que, aunque Marcos no cita del AT tanto como otros evangelistas, él creía con la misma firmeza que las raíces del evangelio se encontraban en las Escrituras judías. Además, aunque él no habla tanto del Espíritu como otros Evangelios, creía con la misma firmeza que Jesús era el dador del Espíritu a todo creyente, y que el Espíritu es un patrimonio para todos, no restringido para algunos pocos, como lo había sido en el AT. Al igual que todo judío penitente que llegaba a Juan recibía su bautismo, todo creyente en Jesús sería bautizado por Jesús con el Espíritu. Esta es la realidad interior de la cual el bautismo en agua como el de Juan era el cuadro exterior.

La práctica del bautismo era un rito común a numerosas religiones como agua purificadora y fuente de vida. Adoptado por los esenios y los aliancistas de Qumrán bajo la forma de un baño diario que simbolizaba el esfuerzo por una vida pura y la aspiración a la gracia purificadora. Se han encontrado numerosos misvaiot (estanques de agua para abluciones ) en distintos lugares. Con el tiempo, entre bautistas y seguidores de Jesús fue el rito central.


El bautismo de Jesús (1.9-11)

(Cf. Mt 3.13-17; Lc.3.21s; Jn 1.30-34) Jesús estaba en Nazaret de Galilea y va al Jordán para ser bautizado, e inaugurar su ministerio público. La venida del Espíritu sobre Jesús recuerda otros casos similares del AT, Jue 3:10; 6:34; Is 11:2; 42:1, donde las personas llamadas a ejecutar tareas son investidas de una asistencia especial del Espíritu. En este caso la venida del Espíritu es señal del origen de su misión porque es el “amado”, agapetos, en griego. Algunos afirman que fue en el bautismo donde Jesús tuvo conciencia de su dignidad y misión mesiánica. Descendió al Jordán siendo un simple hombre, pero salió de las aguas convencido de que era el Mesías.

Para la homilía

Se puede tomar el camino de explicar el origen y la función del bautismo en sus orígenes y en relación con los textos del AT y Salmos señalar el aspecto creativo divino desde las aguas.

Ricardo Pietrantonio,biblista luterano argentino (IELU), Estudios Exegético-Homiléticos 70, ISEDET, enero de 2006. Texto resumido.
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Profeta Jeremías 31.7-13

Como se recordará, el profeta Jeremías vivió en Jerusalén durante los últimos años de la monarquía y los primeros años del destierro. A diferencia de su colega Ezequiel, Jeremías no conoció el exilio en Babilonia. A él le fue dada la oportunidad de elegir entre irse a Babilonia con los/as desterrados/as o quedarse en la tierra con el pueblo pobre, y eligió esta posibilidad.

Según los últimos capítulos del libro, sin embargo, Jeremías terminó su ministerio y probablemente su vida en Egipto, llevado a la fuerza por un grupo de judeos que huyeron allí tras haber sido asesinado Godolías, el gobernador judeo dejado por los babilonios. Así, Jeremías terminó en el “anti-éxodo”, en un país que no era el suyo y al que, según su teología, no había que volverse, ni literal ni ideológicamente.

El libro de Jeremías en su versión masorética –es decir, la que figura en el texto hebreo– es uno de los más difíciles de dilucidar, porque su estructura es concéntrica y no cronológica. Aparentes repeticiones e “idas y vueltas” del texto no son producto del descuido de copistas y teólogos, sino que son recursos literarios propios de la literatura semita, que a menudo no llegamos a apreciar como se merecen. Intentar una cronología de su vida o de los acontecimientos narrados en el libro de Jeremías es tarea muy ardua y –en nuestra opinión– bastante inútil.

Los cap. 30 y 31 de este libro forman el llamado librito de la consolación, compuesto por una introducción (30:2-4), seis poemas (30.5-11; 30.12-17; 30.18–31:1; 31.2-6; 31.7-14; 31.15-22) y una conclusión (31.23-40). La introducción y conclusión y unos pocos versículos aislados están en prosa, todo el resto es poesía. Exceptuando el último poema, formado por tres estrofas, todo el resto está formado por dos estrofas cada uno.

La mayoría de los poemas usa esa estructura de dos estrofas para contrastar una nota positiva con otra negativa. Otro elemento que hace de estos poemas una obra maestra es su alternancia de destinatarios/as. Mientras que los poemas 1ro, 3ro y 5to están dirigidos a una audiencia masculina, los poemas 2do y 4to se dirigen a una audiencia femenina; el 6to alterna entre Raquel, Efraim y la doncella-Israel.

Los versículos que nos ocupan forman el quinto poema, dividido en dos estrofas, v. 7-9 y 10-14. Ambas son introducidas por imperativos llamando a cantar con gozo y a proclamar el regreso del pueblo dispersado. El hecho de que la dispersión de la cual Yavé los traerá sea caracterizada como “el país del norte” y “los confines de la tierra” (v. 8) indica una fecha tardía, pues la dispersión de entre las naciones no se remite al exilio babilónico, sino al período persa. En otras palabras, al menos la preocupación por el regreso de todas las naciones es una preocupación de fines del período persa o comienzos del helenístico, cuando la dispersión judía era mucho más generalizada.

El contraste que presenta es el de la dispersión con dolor y lágrimas y el regreso con alegría y cantos; tales cantos que hasta las naciones y las islas se unirán a éstos. El pueblo que retornará es caracterizado como una asamblea grande, inclusiva de los grupos más débiles: no sólo participarán los varones israelitas aptos para la guerra, sino también las mujeres (¡hasta las parturientas!) y los/as impuros/as. La segunda estrofa del poema retoma imágenes de la danza ya usadas en Jeremías, así como las de la inclusión en la comunidad de toda persona: sacerdotes, jóvenes, ancianos/as.


Sugerencias para la prédica

1) ¿Cómo nos podemos imaginar el Reino de Dios?

¿Qué imágenes podríamos usar fuera de las tradicionales? Pensando todavía en el significado de la Navidad, podemos imaginarnos un mundo hecho a la medida de los niños y las niñas, uno de los segmentos más débiles de nuestra sociedad. Un mundo donde la calle y los automóviles, los horarios, las actividades, estén al servicio de los niños y las niñas. Poniendo un ejemplo que he visto en mi propia congregación, ¿cómo sería un culto hecho a la medida de ellos/as y no de los y las ancianas?, ¿qué tipo de ruidos y movimientos habría?, ¿qué se predicaría?, ¿qué se cantaría?, ¿cómo habría que comportarse?, ¿qué estaría permitido y qué estaría mal?

2) ¿Cómo podemos imaginarnos espacios comunitarios que reflejen esa visión?

Este domingo el desafío es a que no haya exclusiones de los más débiles, de las mujeres, las parturientas, débiles y enfermos, quienes tienen discapacidades. Jeremías presenta el regreso a la ciudad santa y a la Casa del Señor en ésta como una gran procesión o peregrinación en la que toda persona va a poder participar, en la que no habrá excluidos ni excluidas. Nuestras iglesias necesitan imaginarse una apertura de este tipo, y ponerla en práctica, desde sus estamentos de decisión, mayoritariamente en manos de varones, hasta sus cultos y actividades informales.

Mercedes García Bachmann, biblista luterana argentina (IELU), en Estudios Exegético-Homiléticos 34, ISEDET, Buenos Aires.


Génesis 1.1-5

Repaso exegético

1. El sustantivo reshit, principio o principio de, se refiere casi siempre al comienzo de algo (por ejemplo, del reinado de alguien o de la sabiduría) o a tiempos anteriores al momento en que se lo usa. En Génesis 1.1 podría estar indicando el comienzo del tiempo mismo.

El verbo “creó”, bara’, es un verbo que únicamente tiene a Dios (el Dios de Israel, no otros Dioses) por sujeto y se refiere al producto final creado; este producto puede ser tanto el mundo como el pueblo de Israel.

“Los cielos y la tierra” son un merismo, una figura literaria que usa extremos para identificar el todo. Por ejemplo, “día y noche” también incluyen madrugada y atardecer, cuando realmente no es todavía ni día ni noche. De igual modo, “cielo y tierra” incluyen todo lo que hay desde el lugar de habitación de Dios hasta el mundo subterráneo, lugar de la muerte.

2. Y la tierra era un vacío informe. La oración en hebreo es disyuntiva y puede estar relacionada con el v. 1 o con el v. 3. “vacío informe” es una traducción aproximada de tohu va-vohu, dos sustantivos en hendiadys, otra figura literaria que significa “dos por uno” y se usa para suplantar adjetivos, que no abundan en el idioma hebreo. Entonces dice literalmente “caos y vacío” de ahí “un vacío informe o caótico”. Esta es la situación inicial de la tierra. Pero la descripción continúa: “Y había tiniebla sobre la superficie de la profundidad.”

Finalmente, la descripción de este caos primigenio continúa así: “y ruaj ‘elohim se movía sobre las aguas.” La expresión ruaj ‘elohim se puede traducir de diversas maneras. El sentido primario de ruja es viento, aunque también significa, como todo/a teólogo/a sabe, aliento y a partir de ahí, espíritu. Ruja va junto con ‘elohim; esto quiere decir que se puede traducir como “el viento de Dios”.

3-5. De aquella oscuridad o tiniebla que se cernía sobre el abismo o la profundidad ahora va a diferenciarse la luz. Para cualquier acto creador la luz es fundamental, por varias razones; una biológica: sabemos que necesitamos la luz para vivir y crecer (es cierto que hay organismos vivos que no necesitan la luz, pero son la excepción); en cuanto fenómeno físico es cierto que la luz no crea, pero permite diferenciar las formas de los objetos creados, lo cual era imposible en la tiniebla. Más tarde, el Evangelio de Juan va a hablar de la salvación de Jesús como la luz y su rechazo como la tiniebla.

El proceso de creación se realiza mediante dos elementos. El primero es el de la palabra divina: “que haya... y hubo...” en este caso la luz. El reconocimiento de la luz como tob, buena, implica también la satisfacción de Dios frente a lo creado. El segundo modo de creación de parte de Dios es mediante separación o diferenciación: “separó Dios la luz de la tiniebla” (v. 4).

En el v. 5 se completa el primer día de creación mediante el acto de dar nombres a ambas. La imposición de nombre implica autoridad. Es decir, que Dios tiene autoridad sobre lo que acaba de crear, la luz, pero también sobre esa tiniebla que ya estaba sobre el abismo, y de cuya creación no se nos dice nada concreto. Esta igualdad entre luz y tinieblas está enmarcada por la figura literaria de la inclusión: llamó-luz-día // noche-tiniebla-llamó.

Para un mundo precario como era el del antiguo Israel (para los sacerdotes, recién en el exilio; para muchos/as campesinos/as pobres, desde siempre) y como lo ha sido para tanta gente hasta la actualidad, la acción creadora de Dios en la separación constante entre luz y tiniebla, entre orden y caos ¡es mucho más importante que la creación de la nada cuando todavía ni siquiera había tiempo ni espacio! Este poder de Dios de controlar el caos aparece patente en todo el resto de este capítulo, hasta su corona, el sábado, así como en otros textos bíblicos, especialmente ciertos Salmos, Jeremías y Job.


Reflexión

A riesgo de repetir datos conocidos, destacamos el hecho de que este texto, producto de la sabiduría sacerdotal y del contacto exílico con las mitologías babilonias, especialmente con el poema sobre la creación Enuma Elish (se lo conoce con estas, sus primeras palabras, que significan precisamente “Cuando al comienzo”), no pretende dar una clase de ciencia. Es muy posible que, efectivamente, utilizara lo que entonces era conocimiento científico; pero no tiene sentido enfrentar este texto a nuestro conocimiento científico, ni para refutar el texto bíblico ni, aun menos, para afirmarlo por sobre lo que sabemos del origen del universo. Lo que este texto pretende es afirmar la acción del Dios de Israel como Creador de todo el universo, por sobre toda otra divinidad.

Hoy la “lucha de dioses” (una expresión de Elsa Tamez) no está centrada en la creación, de modo que nuestro mensaje apuntará a otros elementos. Para muchos de nuestros países, esta época de Epifanía cae en medio del verano y, al menos para América del Sur, en medio de las vacaciones. No parece ser la mejor época para pensar en la luz, ya que ésta nos sobra. Pero quizás por eso mismo podamos pensar en lo que significan las tinieblas, la oscuridad, tanto físicas como alegóricas.

Pensar en lo que significa el caos y lo que podría significar el caos para el mundo, si el gran viento de Dios, la palabra de Dios o aun la mano de Dios (usando una expresión que no aparece en este texto) no estuvieran constantemente presentes. Si no hubiera separación de la luz y las tinieblas; si no hubiera epifanías en nuestras vidas, en nuestras sociedades, en nuestras iglesias, en nuestro planeta. Aquí vemos varias posibilidades, tales como la tremendista, la ecologista, la mística, la doxológica... La elección de la mejor posibilidad se la dejamos a cada predicador y predicadora, conocedor/a de su comunidad y su contexto.

Mercedes García Bachmann, biblista luterana argentina (IELU), en Estudios Exegético-Homiléticos 34, ISEDET, Buenos Aires.


Hechos de los Apóstoles 19.1-7

Ubicamos esta perícopa en el contexto de la misión de Pablo en Éfeso (19.1-19), que se puede dividir en 4 partes:

  • Pablo llega a Éfeso, encuentro con doce discípulos de Jesús, vs.1-7.
  • Pablo predica en la sinagoga por tres meses, vs. 8.
  • Pablo rompe con la sinagoga y enseña en la escuela de Tirano, por dos años: todos los habitantes de Asia oyen la palabra del Señor, vs 9-10.
  • Pablo hace milagros y derrota a los magos, vs 11-19.

Éfeso era una de las ciudades más importantes del Imperio romano, capital de la provincia de Asia. Como ciudad libre, tenía su propio senado y asamblea y era gobernada por un procónsul. Era un centro comercial importante, situado en la ruta principal entre Roma y el Oriente. En ella vivían gran cantidad de judíos. Éfeso era también conocido como centro religioso.

Pablo encuentra en Éfeso algunos “discípulos”. Se trata de discípulos de Jesús, pues cuando Lucas se refiere a los discípulos de Juan lo dice explicitamente (cf Lc 5.33; 7.18; 11.1). Pablo se refiere además al día en que ellos “abrazaron la fe”(literalmente: “cuando empezaron a ser creyentes”. La ignorancia de estos discípulos sobre el Espíritu Santo, se refiere a la acción especial del Espíritu en el movimiento de Jesús.

Como en la tradición de Lucas (y de Pablo) el Espíritu se asocia al bautismo en el nombre de Jesús, la pregunta de Pablo es obvia: entonces, ¿qué bautismo han recibido? Los discípulos responden que ellos han recibido solo el bautismo de Juan. La respuesta de Pablo es sorprendente: “Sí, Juan bautizaba a los que se volvían a Dios, pero les decía que creyeran en el que vendría después de él, es decir, en Jesús”. Lo que sorprende es que Pablo está hablando con estos doce que ya son discípulos de Jesús. La solución a este problema está en el nivel redaccional. Quien habla aquí realmente es Lucas. En su evangelio, Lucas presenta a Juan diciendo: “yo los bautizo con agua, pero viene el que es más fuerte que yo… él los bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Luc 3.7).

La fe de estos doce discípulos en Jesús y su conversión no se debe al anuncio de Pablo. Lo que Pablo les anuncia es únicamente la necesidad del bautismo cristiano para recibir el Espíritu Santo. Pablo es presentado aquí en claro paralelismo con los apóstoles Pedro y Juan, que impusieron las manos a los samaritanos para que recibieran el Espíritu Santo, después de haber sido evangelizados y bautizados por Felipe (8.14-17). El Espíritu Santo es acompañado de glosolalia y profecía, lo que nos remite a 10.44-46 (Pentecostés en casa de Cornelio). Lo doce discípulos son bautizados por segunda vez. Es el único caso en todo el NT.

Hch 19.1-7, que está en cierto paralelismo con el caso de Apolo en 18.24-26, es otro testimonio histórico de un cristianismo diferente de Lucas y Pablo. Podeos suponer que se trata de un grupo de discípulos de Jesús que solo conocen el bautismo de Juan. Aquí este grupo de los Doce no aparece para nada formando un grupo sectario opuesto a la tradición que sigue Lucas. No es un cristianismo sectario o inferior, sino simplemente diferente. Lucas está preocupado de poner estas tradiciones en línea con la de Pablo, que sería la tradición de Jerusalén y Antioquía.

Pablo comienza su ministerio en la sinagoga (v 8). Ahí habla con valentía, discutiendo y persuadiendo acerca del Reino de Dios. Lucas presenta a Pablo en la sinagoga tal como lo hace Pablo con Apolo en la misma sinagoga (18.26). El contenido de su predicación es el reino de Dios. Lo mismo predica Felipe en Samaria (8.12). En el discurso a los ancianos de Éfeso, Pablo resume su actividad en aquella ciudad como predicación del Reino (20.25); igualmente al fin de su vida en Roma (28.23,31) Lucas presenta así a Pablo como un predicador del evangelio del Jesús histórico de Nazaret, en continuidad con la tradición sinóptica.


Reflexión pastoral sobre 19.1-20

  • El movimiento cristiano era en sus orígenes bastante plural y diversificado. ¿Cuáles on las diferencias entre el cristianismo de Apolo, los doce discípulos y Pablo? ¿Cómo Aquila y Priscila y luego Pablo superas esas diferencias?
  • Pablo en 19.8-10 tiene dos lugares de trabajo: la sinagoga y la escuela de Tirano. ¿Qué éxito tuvo Pablo cuando rompió con la sinagoga? ¿No existen también hoy espacios eclesiales que son muy semejantes a las “sinagogas”? ¿Cómo salir hoy de la “sinagoga” hacia nuevos espacios donde anunciar la Palabra de Dios? ¿Cómo vivir hoy las opciones misioneras de Pablo?
  • Pablo, como los demás apóstoles, predica el reino de Dios con señales y prodigios (19.11-12). Pero esta práctica carismática se diferencia claramente de las prácticas “carismáticas” de algunos judíos y paganos (19.13-19). ¿Cómo distinguir hoy en la Iglesia entre verdaderos y falsos carismatismos?
  • El resultado de toda la actividad misionera de Pablo es siempre la Palabra de Dios. Después de dos años de actividad en Éfeso, todos los habitantes de Asia escuchan la Palabra (19.10). Al final de todos sus viajes el resultado es parecido: la palabra de Dios crecía y se robustecía poderosamente (19.20). ¿Orientamos también hoy toda nuestra actividad eclesial y misionera al crecimiento y robustecimiento de la Palabra de Dios? ¿Dónde y cómo vemos hoy ese crecimiento de la Palabra de Dios? ¿Cuál es el lugar que tiene hoy la Palabra en la Iglesia?
Pablo Richard, biblista católico chileno-costarricense, en Comentario Bíblico Latinoamericano, Verbo Divino, España, 2003, NT, pp 733-736, extracto resumen de GB.
  • Laura D’Angiola y Guido Bello
    Autores de Recursos para la predicación

    Desde la congregación metodista de Temperley, Buenos Aires Sur.

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