La alegría del cielo en la tierra

08 Abr 2021
en Episcopado
La alegría del cielo en la tierra

“Los discípulos sintieron la alegría de ver al Señor” Juan 20:20.


El evangelio es una buena noticia cuya alegría se encuentra cimentada en la experiencia de que Dios no es un Dios de muertos sino de vivos, buena noticia que se hace realidad en Jesús y por tanto en el proyecto que él encarnó. La comunidad de Hechos lo resume así: Jesús de Nazaret fue lleno del Espíritu, pasó haciendo el bien y liberando a los oprimidos, fue condenado por los poderosos a morir en la cruz… y Dios lo resucito al tercer día.

La comunidad se ofrece como testigo fiel de esta realidad: ¡Jesús está vivo y su proyecto de vida nueva sigue siendo una realidad que convoca a la alegría y al testimonio! Y por eso el Espíritu del resucitado nos interpela a renovarnos profundamente, a vivenciar la vida que nos infunde el mismo Jesús cuando cumple la promesa de darnos una alegría que inunda el corazón y que nadie nos podrá arrancar.

“La resurrección del cuerpo, las sonrisas de placer, la libertad, los campos cubiertos de trigo y de frijol balanceándose al impulso de la brisa, y las viñas cargadas de uvas, la expulsión final del miedo, la vida eterna…” R. Alves.

El camino de la resurrección que se abre delante de nosotros es un camino de sanación, libertad y alegría. Es el triunfo del amor sobre todo proyecto de muerte y esclavitud. Nuevamente las palabras amorosas de Jesús trascienden los límites de la muerte y unen el cielo y la tierra. Y ello es motivo de una alegría sin igual, que se expresa en canciones que despiertan nuevas esperanzas.

Señala el teólogo español Joaquín García Roca:

“Con los cantos llegan las motivaciones y las resistencias, con los cantos llegan las palabras al abatido, se despiertan las energías colectivas. Los cantos no solo anuncian una tierra sin males sino que muestran que es bella y deseable y que vale la pena construirla. Al cantar juntos… ya estamos arrebatándole territorio a la exclusión y al derrotismo… Somos invitados e invitadas a cantar una melodía sinfónica y mestiza, con voces plurales… Un canto que a menudo va a estar fragmentado en mil pedazos por los vaivenes de la insolidaridad, por la presencia continua y constante del sufrimiento innecesario.”

El efecto del encuentro con Jesús es la alegría que tantas veces se expresa en el canto, dando inicio a la fiesta de la nueva Pascua. Cuántas veces llegamos a nuestro culto –virtual o presencial si podemos– cansados y desgastados por nuestras rutinas, pero terminamos con el entusiasmo del re-nacimiento de mujeres nuevas y nuevos hombres, principios y señales de una nueva humanidad.

Cristo es nuestra Pascua y su significado es eterno y universal. Jesús venció el pecado y la muerte: la pascua de resurrección no queda solo en el recuerdo de la semana mayor que hemos vivido, sino que nos sigue acompañando en la lucha contra esta pandemia, levantando la solidaridad; en la lucha contra la muerte, levantando la esperanza; en la lucha contra el desánimo y la tristeza, viviendo la alegría de la resurrección, en la fuerza del Resucitado, hacia la belleza y la felicidad.


Abrazo fraterno/sororal

Pastor Américo Jara Reyes
Obispo

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