Gustavo Torres, recuperación del joven desaparecido de la Iglesia de Córdoba

Cerca de la zona de La Perla se están desarrollando trabajos de reconocimiento de los restos de personas que estuvieron detenidas y posteriormente desaparecidas en ese ex centro de detención. Recientemente se dio a conocer que pudo ser identificado Gustavo Torres, un estudiante de 16 años del Manuel Belgrano. Él y su familia asistían a la Iglesia Metodista de Alta Córdoba.
Relato tomado de un posteo de Ana Mariani:
Gustavo Torres fue uno más de los tantos miles que asistieron al entierro de Tosco; fue uno más de los muchos alumnos del Belgrano que fueron a darle el adiós al que consideraban uno de los más grandes y honestos sindicalistas de Córdoba y del país.
En el entierro del gremialista, la Policía detuvo, entre tantos otros, a unas chicas que habían acompañado a Gustavo.
–¿A ustedes quién las invitó a este entierro?
–Gustavo Torres.
–¿Dónde vive ese tipo?
Ni bien supieron la dirección, los interrogadores se dirigieron hacia el hogar de los Torres.
–Nuestro hijo no está en casa.
Revisaron toda la vivienda, pero principalmente la mesita de luz de Gustavo. Encontraron soldaditos de plomo y autitos de carrera. No ubicaron nada de lo que creían que podían encontrar y se fueron.
Pero los padres ya comenzaron a tener miedo de que a Gustavo le pasara algo. Lo mandaron a la casa de los abuelos, a Venado Tuerto. Cuando comenzaron las clases del año ’76, sus padres no quisieron que se integrara al Belgrano por todo lo que sabían que estaba sucediendo en el colegio.
De nuevo partió para Venado Tuerto, Adelina y Carlos querían que su hijo estuviera afuera un tiempo. Gustavo aprovechó para pescar y ocuparse de sus pasiones.
Cuando creyeron que había pasado lo peor, decidió volver. La mamá le preparó su torta preferida y lo esperaron todos para festejar el reencuentro.
Ese mismo día, 11 de mayo de 1976, a la cuatro de la mañana, golpearon la puerta con violencia.
–¡La Policía! ¡Abran la puerta si no quieren que la tiremos abajo!
Entraron en la casa con armas largas y pistolas nueve milímetros. Primero ingresaron en el dormitorio del matrimonio Torres y después en el de los tres hermanos.
–¡Se ponen todos boca abajo!
Revisaron todo lo que encontraron a su paso. Rompieron el velador de la pieza de los chicos, por lo cual hicieron las cosas medio a oscuras. Había un baúl antiguo y grande en el dormitorio de los hermanos, como no tenía luz, lo llevaron al baño y se llevaron un montón de cosas del baúl que había sido de los abuelos de los chicos. Rieles y cañas de pescar de Gustavo formaron parte del botín de los secuestradores.
A su paso, también robaron todo el dinero que encontraron, mientras comían la torta que Adelina había preparado para esperarlo a su hijo.
Los que apuntaban a los padres de Gustavo y les decían que se taparan la cara se tuvieron que enfrentar con Adelina.
–¡No me taparé la cara! ¡Quiero mirar de frente al diablo! ¡Eso es lo que son ustedes! ¡Y esta es la oportunidad de ver al diablo!
No pudieron con ella, no paraba de gritarles y la dejaron.
Después de arrasar con lo que encontraban a su paso, se fueron.
Adelina gritó desde su habitación: ¿Están bien los tres?
–Sí, estamos bien, mamá.
Pero cuando lograron encender alguna luz, faltaba uno de sus hijos.
–¿Dónde está Gustavo?
Carlos alcanzó a decir: «Sentí unos pasos, como de alguien que estaba descalzo. Uno de los energúmenos volvió y escuché que levantaban algo, creo que las zapatillas».
Adelina les había comprado unas Flecha, color rojo para Gustavo y azul para Carlos. Calzaban el mismo número, pero Gustavo decía que con las rojas lo divisaban desde lejos, entonces le pedía a Carlos que le prestara las suyas. Carlos le respondía: No, porque no quisiera estar en tus zapatos.
Esa madrugada, los secuestradores levantaron, por equivocación, las zapatillas de Carlos. «Ahora sí, quisiera estar en tu lugar, Gustavo. Ahora sí, quisiera estar en tus zapatos».
Gustavo estuvo desaparecido desde entonces, recuperar su cuerpo habla de la atrocidad de lo que vivimos como sociedad, un estado de terror que secuestró y asesinó a un pibe de 16 años. Esto dejó marcas en la subjetividad de nuestro pueblo. Recuperar sus restos es cerrar un ciclo, un nuevo duelo que comienza, no sólo para Carlos, sino para toda la comunidad.
MEMORIA VERDAD JUSTICIA

