Paz y bien hermandad.
«Cristo ha resucitado… Él es el primer fruto de la cosecha: ha sido el primero en resucitar.
Así como por causa de un hombre vino la muerte,
también por causa de un hombre viene la resurrección de los muertos.”
1° Corintios 15:19-25
En torno a la mesa y el pan compartido, es que los ojos se abrirán a la verdadera realidad liberadora y a nuevos horizontes esperanzadores. El resucitado va a hacer arder nuestra fe en la hermandad y la comunión que se forja alrededor de un pan roto y compartido. Oramos para que los cuerpos rotos, desharrapados y marginados esparcidos por los caminos de nuestra historia abran nuestra vida, nos quemen y conmuevan, movilizándonos a ser una iglesia que hospeda, solidaria, sororal y fraterna, igual a nuestro Señor Resucitado, que se queda aún en nuestra oscuridad. Que en este tiempo nuestra vida sea abierta y pasemos del desencanto al entusiasmo, a la alegría del triunfo del amor de Jesús, sobre todo proyecto de muerte e inhumanidad.
Mi hermana y hermano, ¡El Señor resucitó! ¡Verdaderamente ha resucitado!
Hoy somos nuevas creaciones en Cristo, y por ello experimentamos la promesa de una vida más allá de la muerte. Sí, la promesa de nuevos comienzos en nuestra vida presente.
La Resurrección exorciza todo proyecto de muerte. Y es una invocación a la alegría y a la belleza, para luchar mejor por la vida nueva y plena. El poder de la Resurrección le ha abierto las puertas de par en par a los cuerpos.
Que como iglesia reafirmamos nuestra vocación inquebrantable de ser testigos alegres de la vida que hay en Jesús.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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