Paz y bien amada hermandad.
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«Den, y se les dará una medida buena, incluso apretada, remecida y desbordante.»
Lucas 6.38
La gracia de la generosidad. Ser habitados por la generosidad del Evangelio es el hábito de dar o compartir con los demás, sin esperar obtener nada a cambio. Aunque esta práctica quedó prostituida por el Derecho Romano, que entendía las ofrendas a los dioses con valor jurídico religioso, con el propósito de recibir algo bueno como contraparte o no sufrir alguna desgracia, dar es una de las experiencias que nos guía a una vida gozosa.
Podemos pensar en que DAR es vivir y RETENER es, en definitiva, morir. El ser humano muere espiritualmente cuando se niega a dar, al igual que la luz se apaga cuando no quiere alumbrar…
Somos convocados a ser generosos y generosas sabiendo que “De gracia recibimos, de gracia hemos de dar” tal cual afirma la escritura. Quién se da a sí mismo/a a través de su ofrenda, se nutre a sí mismo/a, al prójimo y en definitiva al trino Dios.
Cada vez que damos, tenemos la oportunidad de unirnos a lo que Dios está haciendo y de integrarnos en su plan. Dios está sanando y restaurando vidas, salvando y rescatando a la humanidad. Nuestros recursos, dinero y nuestra vida misma tienen sentido cada vez que los usamos uniéndonos –como personas y como iglesias– a la misión de Dios para transformar vidas y la comunidad toda. Dios está actuando en el mundo, y no depende de los seres humanos para hacerlo. Es decir, la misión definitivamente es misión de Dios y podemos unirnos con alegría y gratitud a su obra.
El apóstol Pablo tras compartir la historia de cómo Dios motivó a las iglesias pobres de Macedonia a dar, exhorta a la iglesia de Corinto a dar. La primera razón por la que Pablo exhorta a la iglesia a dar es que “dar es una gracia”. Es a esta iglesia confusa, inmadura e incluso rebelde a la que Pablo escribe las siguientes palabras:
“Por lo tanto, rogamos a Tito que, así como él comenzó, también completara entre ustedes este acto de gracia [participar en la ofrenda]. Pero así como abundan en todo —en fe, en palabra, en conocimiento, en toda solicitud y en nuestro amor por ustedes—, abunden también en este acto de gracia”. – 2 Corintios 8:6-7.
En estos dos versículos, Pablo se refiere dos veces a dar como una gracia y va a insistir en esta palabra, usándola un total de diez veces en los capítulos 8 y 9.
¿Qué es la gracia? La gracia es un favor inmerecido; es un regalo inmerecido. Dar es un regalo. Es inmerecido que podamos dar. Dar no es un deber, una carga o una obligación. Dar es ante todo una gracia.
Si consideramos la generosidad y el dar como una obligación y un deber, nunca descubriremos el gozo que Dios nos tiene reservado. Tenemos la oportunidad de experimentar el deleite único del corazón de nuestro Dios al dar.
La generosidad nos transforma, ganando en mayor humanidad, madurez y autenticidad… y muchas veces provoca milagros en y entre nosotros y nosotras!
¿Cómo anda tu corazón, cómo andas de generosidad?
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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