Paz y bien amada hermandad.
«…cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos…»
Hch. 1-8
La narrativa está enmarcada en la iglesia antes de ser iglesia y en este contexto, la experiencia con el Espíritu Santo nos muestra el propósito de equipar y habilitar a la comunidad discipular para el servicio de la misión.
Una primera afirmación que deseo hacer es que las fuerzas para la misión vienen del vivir en el poder del Espíritu. Sin esta presencia, la iglesia pierde su esencia más profunda, y deja de ser iglesia de Cristo animada por el amor y poder de Dios. La iglesia antes de la iglesia es la comunidad en la que gravitan diversidad de carismas, que son mucho más que el entusiasmo o tales o cuales manifestaciones extraordinarias. Y los dones y posibilidades del Espíritu son los que posibilitan la creación de espacios de verdaderos encuentros y comuniones, multiculturales y plurilingües.
La iglesia fuerza del Espíritu cuenta con suficiente sensibilidad para salir de toda referencia a ella misma, haciendo lugar al dolor, al sufrimiento y a las esperanzas de nuestros pueblos. Evitando así la seducción de construir guetos como supuestas propuestas eclesiológicas. Solo el Espíritu nos convierte en comunidades de adoración, de verdad, de amor, de servicio. Y por sobre todas las cosas, nos constituye en comunidades de esperanza.
Oramos diciendo: Que nuestra vida se abra de par en par al viento de tu Espíritu Dios de la vida de modo que nos elevemos y nos enraicemos como expresión de la iglesia verdadera, la que encuentra su fuerza y vitalidad en ti para ser instrumentos de tu Reino y buena noticia. Amén.
Abrazo cálido y sereno.
Pastor Américo Jara Reyes
Obispo
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