El comienzo de la vida humana

15 Mar 2017
en El Estandarte Evangélico
El comienzo de la vida humana
La Biblia Hebrea no señala, ni busca, ni está interesada en marcar un momento preciso al comienzo de la vida humana, que no es necesariamente lo mismo que la existencia de vida. Se trata más bien de un proceso continuo y progresivo que continúa toda la vida.


Introducción

El debate sobre el comienzo de la vida humana está marcado por la búsqueda de un momento preciso en el que se puede distinguir una no-existencia de una existencia. Esta búsqueda tal vez tenga sus necesidades legales y científicas, sin embargo, desde el punto de vista bíblico necesita ser revisado. En todo caso, este trabajo es un aporte parcial a un tema complejo que necesita incorporar varias aproximaciones científico-técnicas, legales, antropológicas, de género, bíblico-teológicas y pastorales.

Sobrevuelo sobre la mirada científica

En las ciencias médicas se proponen una serie de momentos a partir de los cuales se reconoce que estamos ante un ser humano. Algunos de los distintos momentos sugeridos son, por orden cronológico:1

  • La unión del óvulo con el espermatozoide (hasta 72 horas).
  • La implantación en la pared del útero del blastocito (siete a ocho días).
  • La primera actividad del sistema nervioso central (octava semana).
  • Comienzo de la actividad cerebral y cardíaca (décima segunda semana).
  • Movimiento fetal, posterior a la anterior.
  • Viabilidad del feto fuera del útero.

Una mirada desde la fe cristiana no puede ignorar la mirada de la ciencia. No obstante, vale recordar que junto con la “información” la ciencia también aporta su filosofía, método, teorías y límites. En el caso puntual de este tema, y dada la especificidad de la pregunta médica-científica, la perspectiva parece ser demasiado “biologicista” olvidándose de lo biográfico.

Una mirada desde la tradición bíblica

Los relatos bíblicos sitúan casi constantemente a sus personajes ante el riesgo de extinción. Los relatos de la familia de Abrahán y Sara y sus peripecias en medio de la infertilidad y el hambre son un ejemplo claro de esto. En ese contexto, debe entenderse la bendición de Gen 1,28: “Y los bendijo Dios y les dijo Dios: reprodúzcanse y multiplíquense y llenen la tierra…”

La no procreación pone en riesgo la continuidad del pueblo y por lo tanto aparece como un aspecto esencial de la vida del clan y la nación.

Lo primero que resalta al mirar la tradición bíblica del AT es la continuidad que se establece en los diferentes momentos desde la concepción, hasta el nacimiento y el nuevo ser. Eso queda plasmado en la lengua.

La raíz yalad es un ejemplo de esto. En Gen 4,18 se utiliza primero para indicar el nacimiento y luego, tres veces, para señalar lo que llamaríamos la concepción. La misma raíz es utilizada en Gn 4,1 para indicar el momento en que Eva da a luz. Más aún, la raíz de yalad es utilizada como sustantivo para referirse a una criatura, un niño o niña: yeled (Gn 4,23; 16,1).
Muy similar es lo que sucede con la raíz zara’ (sembrar). Impregnada por la cultura agrícola, se comprende al ser humano como fruto (perí, Dt 7,13) de una semilla (zera’). Es decir, el semen (zera’) es la semilla que el varón “siembra” (Num 5,28) en la mujer y que, como la tierra, la recibe y allí se desarrolla la nueva vida. Para esta nueva vida también se utiliza la palabra zera’ (descendencia).

Lo que ambos ejemplos señalan es la continuidad entre el engendrar, dar a luz, nacer y el niño/a. Hay una serie de eventos indisolublemente unidos. Hay una comprensión de totalidad, de proceso, que no debemos perder.

La presencia de Dios

Ahora bien no solo el padre, la madre y el hijo/a forman un todo aislado sino que Dios mismo juega un rol decisivo en el proceso creador.

El salmista, en el Salmo 139, en una búsqueda desesperada por su inocencia pide ser escrutado por Dios (v. 23). El salmista, después de una larga experiencia de vida, mira hacia atrás y reconoce lo maravilloso de la obra de Dios (v.14) y a sí mismo como parte de ella. No da un momento especial, no señala a partir de cuándo, pero él sabe que viene de Dios.

El texto de Job 10,8-12 nos ubica en una situación parecida en la que Job invita a Dios a recordar que Él lo creo y cómo lo hizo. Dios aparece como el sujeto de todos los verbos de los vs. 9-11. Presencia que continúa y sostiene la vida.

Entonces, en estos dos relatos, puestos en boca de personas de fe en situaciones extremas, los seres humanos se vuelven a Dios y se maravillan con su presencia protectora y cuidadora aún desde antes de su gestación en el vientre materno.

El vientre materno “en lo oculto, entretejido en lo profundo de la tierra” (Salmo 139:16) es el ámbito necesario para que se desarrolle este proceso multidimensional donde va madurando la vida con su genética, biografía, contexto social. Es el vientre materno donde Dios actúa y manifiesta su gracia creadora.

Adelantando la conclusión, la pregunta dominante de la ciencia por “el cuándo” no es relevante en la Biblia Hebrea. Más importante sí es resaltar desde dónde viene la vida, quiénes y cómo participan en ella.

El proceso interrumpido

Ahora bien, la legislación de Éxodo 21,22-25 hace pensar que un no-nacido/a no tiene el mismo status que el ya nacido/a y por lo tanto establece una distinción. Los vs 22-23 dicen:

“Y si pelean unos hombres y golpean una mujer embarazada y sale su bebé y no hay daño, será penado según imponga sobre él (quien la golpeó), el señor de la mujer y dará según la pérdida. Pero si hay daño, dará, vida por vida.”

Lo que se está legislando es una situación donde involuntariamente se produce un aborto y en el primer caso no hay otra consecuencia para la mujer más que la pérdida de su embarazo.

En este caso se sanciona con una multa. En el segundo caso, la mujer no solo pierde su embarazo sino que, además, ella misma muere. Entonces la sanción es vida por vida.

Este texto ratifica la visión de proceso que hemos desarrollado, pues la muerte del feto corta un proceso que aún no ha culminado, por eso la sanción no es la misma ante la muerte de un feto que la de la mujer. Por otro lado, la Septuaginta desarrolla con fines legales la distinción entre el feto aún no formado (v. 22) lo que se castiga con una multa- y el feto ya formado donde se aplica vida por vida (v. 23).

En síntesis

La Biblia Hebrea no señala, ni busca, ni está interesada en marcar un momento preciso al comienzo de la vida humana, que no es necesariamente lo mismo que la existencia de vida. Se trata más bien de un proceso continuo y progresivo que continúa toda la vida, y en donde Dios no es quien completa lo iniciado por los seres humanos, sino que su actividad creadora engloba y trasciende lo humano.

No obstante, en la legislación de Ex 21,22ss se puede ver una cierta gradación al tener una consideración distinta entre la muerte de la mujer y la del feto, pues este no culmina el proceso sino que se ve interrumpido y no alcanza su maduración definitiva. Esto está en completa consonancia con las cuestiones lingüísticas señaladas inicialmente que enfatizan no un punto de inflexión, sino una continuidad donde el nuevo ser paulatinamente va adquiriendo su humanidad en un transcurso múltiple de desarrollo.



1 La presente en una versión resumida realizada por el mismo autor de su artículo “El Debate en torno al comienzo de la vida humana, Una mirada desde la Biblia Hebrea”, publicado en: Revello, Daniel – Beros, Daniel (compiladores) Nuevos desafíos en el inicio de la vida. Perspectivas ecuménicas en Bioética, Croquis, Buenos Aires, 2014, pp. 9-18, realizada exclusivamente para El Estandarte Evangélico

Pastor Darío Barolin
Pastor de la Iglesia Evangélica Valdense y doctor en Teología por el Instituto Universitario ISEDET, especializado en Antiguo Testamento. Previamente cursó sus estudios de Licenciatura en el ISEDET, maestría en teología en Princeton Theologial Seminary (New Jersey, USA) y estudios de hermenéutica intercontextual en la Vrije Universitat de Amsterdam (Holanda).


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