Declaración ecuménica conjunta sobre la intensificación del conflicto en Oriente Medio

18 Mar 2026
en En contexto
Declaración ecuménica conjunta sobre la intensificación del conflicto en Oriente Medio

El Consejo Mundial de Iglesias, el Consejo de Iglesias de Oriente Medio, la Federación Luterana Mundial, la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, el Consejo Metodista Mundial, la Conferencia Mundial Menonita, la Conferencia Cristiana de Asia y ACT Alianza se unen para expresar su profunda preocupación por las repercusiones humanitarias y sociales de la escalada del conflicto en Oriente Medio, así como por la amenaza que esta situación representa para la paz y la seguridad en la región y en el mundo.

Tras haber soportado durante muchos años complejos desafíos políticos, económicos y sociales, la población de Irán, que supera los 92 millones de personas, se enfrenta ahora a las amenazas inmediatas del conflicto actual y a un futuro muy incierto.

El uso de la fuerza por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán, el asesinato del líder supremo iraní, Alí Jameneí, el 28 de febrero, y las posteriores represalias de Irán han desembocado en una guerra que amenaza la paz en toda la región y más allá. También suscita serias preocupaciones por la seguridad y el bienestar de la población civil. Un trágico ejemplo de ello son las muertes, según informes, de hasta 175 alumnas y miembros del personal, producidas en un ataque con misiles contra una escuela primaria de niñas en la ciudad de Minab, en el sur de Irán.

Los riesgos humanitarios y el sufrimiento se incrementarán de manera inevitable cuanto más se prolongue este conflicto. Además, nos preocupa profundamente que se estén reportando cada vez más casos de graves violaciones del derecho internacional humanitario durante las operaciones militares en curso. Reiteramos que, por obligación moral y legal, todas las partes en el conflicto deben proteger a la población civil de cualquier daño y abstenerse de dirigir operaciones que afecten a zonas e infraestructuras civiles.

Por otra parte, tememos que el conflicto dé lugar a un nuevo periodo de violencia prolongada e inestabilidad en la región en su conjunto. Ya se está extendiendo a muchos países de la región y de fuera de ella. En Líbano, la situación ha derivado en un ataque israelí a gran escala que afecta a diversas regiones del país, incluida la capital, Beirut. Los barrios residenciales del Líbano han sufrido graves daños, especialmente en los suburbios del sur de Beirut y en amplias zonas del sur del país. La intensificación de las hostilidades ha provocado un sufrimiento generalizado entre la población civil y ha obligado a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares en busca de seguridad. La escalada regional también ha repercutido en Irak, donde el aumento de las tensiones y los problemas de seguridad agravan una situación ya de por sí frágil. Las represalias iraníes también han afectado a varios países del Golfo, así como a Chipre y Azerbaiyán.

Además, nos preocupa profundamente que estos ataques y sus consecuencias puedan provocar nuevos desplazamientos de población en una región que ya alberga un número muy elevado de personas desplazadas. Esta situación se ve agravada por la deplorable ausencia de medidas y planificación que aseguren el bienestar tanto de las personas desplazadas internas en Irán como de quienes buscan refugio en los países vecinos.

Más allá de las consecuencias inmediatas en forma de muerte, destrucción y desplazamiento en Irán y en los países más afectados, este conflicto ya está afectando las vidas y los medios de subsistencia de personas, comunidades y sociedades en toda la región. Al igual que el resto de la sociedad en Irán y en la región, las iglesias y comunidades cristianas se enfrentan a los riesgos que esta guerra plantea para su futuro.

Es importante subrayar que los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos son claramente contrarios al derecho internacional. Se están llevando a cabo sin ninguna prueba creíble de la supuesta amenaza inminente de Irán y constituyen una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, creada precisamente para salvar a los pueblos del mundo de los efectos devastadores de la guerra. Renunciar a la diplomacia en favor del ataque armado es un acto temerario e irresponsable.

En vista del curso de los acontecimientos, no se puede permitir que Israel y Estados Unidos causen nuevamente desolación y la presenten como paz. Deben responder por las consecuencias de sus actos, incluidas las que afectan al futuro del pueblo de Irán, cuya libertad dicen promover.

Hacemos un llamado al alto el fuego inmediato, a la reanudación urgente del compromiso diplomático y del diálogo político mediante los mecanismos internacionales y regionales establecidos, y al pleno cumplimiento por parte de todos los Estados de sus obligaciones en virtud del derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.

Nuestro llamado se basa en nuestra fe y en nuestros valores éticos cristianos, así como en el derecho y en los principios políticos. Afirmamos que la guerra es incompatible con la propia naturaleza y voluntad de Dios para la humanidad, y contraria a nuestros principios cristianos fundamentales. La paz es un imperativo moral y espiritual, arraigado en nuestra fe en un Dios de justicia y compasión, y un don que no puede alcanzarse ni por la fuerza ni mediante las armas. La dignidad humana es sagrada y refleja la imagen de Dios. Cualquier atentado contra la vida civil o violación sistemática de los derechos humanos, ya sea mediante ataques externos u opresión interna, constituye una afrenta directa a la dignidad humana que Dios nos confiere, y al carácter sagrado de la vida.

En este conflicto y en el contexto global más amplio, lamentamos la ausencia de moralidad y legalidad, la arrogancia y las ideologías de poder predominantes, y la sustitución de la conciencia por la conveniencia política. Como personas cristianas, no reconocemos autoridad divina alguna que justifique matar, destruir, desplazar u ocupar. Proclamamos la dignidad humana otorgada por Dios y los derechos de todas las personas, de manera igualitaria y sin discriminación. Rechazamos la lógica brutal de la guerra y la dominación. Aspiramos al don de la paz.

Elevamos nuestras oraciones por los pueblos de Oriente Medio, que han soportado demasiada violencia durante demasiado tiempo, a menudo como consecuencia de la intervención de actores externos. Invitamos a todas las iglesias y personas cristianas del mundo, así como a todas las personas de fe y de buena voluntad, a unirse en oración por la paz en Oriente Medio y en todas partes del mundo donde exista conflicto y enfrentamiento.

Dios, pon fin a la violencia y la injusticia.
Inspira a los líderes para que trabajen por el bienestar de todas las personas.
Que tu amor y compasión prevalezcan, uniendo a las naciones en una búsqueda común de la paz.
Que tu reino de paz se manifieste en la Tierra como en el cielo.


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Fotografía: Paul Jeffrey/Life on Earth
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