De los fusiles a los arados: un llamado urgente a la paz en tiempos de ira
Frente a la reciente decisión del gobierno de Javier Milei de habilitar un régimen para que civiles puedan adquirir armas de guerra, solo cabe un profundo repudio y una inquietud que cala hondo.
Un gobierno que ya muestra un rostro amenazante—reprimiendo a las y los jubilados, criminalizando la protesta social y acusando de terroristas a los pueblos originarios que defienden sus legítimos derechos—da ahora un paso siniestro.
A través de una resolución publicada en el Boletín Oficial, el Registro Nacional de Armas (RENAR) aprobó un nuevo régimen que regula la adquisición y tenencia de armas semiautomáticas (de tipo fusil, carabina o subametralladora) alimentadas con cargadores removibles.
Autorizar su tenencia en manos civiles no es una política de seguridad; es la siembra del miedo y la legitimación de la violencia en la sociedad. No augura más protección, sino tiempos oscuros donde el conflicto puede estallar con una letalidad inédita.
Esta lógica de la fuerza bruta contradice abiertamente el anhelo bíblico de una sociedad donde la paz con justicia sea el cimiento. El profeta Miqueas nos entrega una visión poderosa y fundante: “Él juzgará entre muchos pueblos y arbitrará entre naciones poderosas y lejanas. Forjarán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en podaderas. No alzará la espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra. Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera, y no habrá quien los amedrente” (Miqueas 4:3-4). Este pasaje no es una metáfora pasiva; es un mandato activo para trabajar por un mundo donde los instrumentos de muerte se transformen en herramientas de vida, y donde la seguridad no emane del fusil, sino de la justicia social que garantiza una vida digna sin miedo.
Ante la devastación que estas políticas pretenden naturalizar, cobra una fuerza tremenda el llamado de Víctor Heredia en su canción «Informe de la Situación»:
«Y Ruego a usted tome partido.
Para intentar una solución
Que bien podría ser la unión
De los que aún estamos vivos.
Para torcer nuestro destino».
Hoy, esa unión que nos lleve a reconstruir el lazo social es nuestra tarea urgente. No será con hierro y pólvora, sino con memoria, verdad, justicia y una firme voluntad de paz.
Comprometámonos, entonces, a construir una cultura de paz activa, a erradicar el odio que se propaga desde las altas esferas y a enfrentar los negacionismos que buscan borrar las huellas de nuestro pasado doloroso para repetirlo. Sigamos la profecía de transformar las armas en arados. Nuestra fuerza debe ser la de la organización comunitaria, la solidaridad y la defensa incansable de los derechos para todos y todas. Es el único camino para evitar que la devastación se lleve nuestro futuro y para honrar el mandato sagrado de construir una paz con justicia, donde cada familia pueda, de verdad, sentarse bajo su parra y su higuera, sin ser amedrentada.
Elsa Oshiro
Luis Ma. Alman Bornes
Copresidentes MEDH
MOVIMIENTO ECUMÉNICO POR LOS DERECHOS HUMANOS
Desde 1976, luchando por la defensa de los Derechos Humanos.
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