Carta Pastoral de junio

11 Jun 2018
en Episcopado
Carta Pastoral de junio

“Al ver las multitudes, Jesús tuvo compasión de ellas por estar desamparadas y dispersas, como ovejas que no tienen pastor.”
Evangelio de Mateo 9.6

En muchas ocasiones encontramos en los evangelios que una y otra vez Jesús fue movido a compasión por las personas y sus padecimientos. Es una característica que identifica su ministerio y que va a caracterizar también a los suyos. En el texto la palabra griega  que se traduce compasión, literalmente significa “que se le movieron sus entrañas”.

Podríamos afirmar que la compasión mueve las entrañas y desde ese estado vital es que surge la apremiante tarea de dar respuesta a los padecimientos del pueblo. Más que una tarea humanitaria, más que un imperativo ético, lo que se pone en juego es dar cuenta de la fe que nos  anima y da razón de nuestra esperanza hacia un mundo necesitado.

Jesús es movido a compasión por ver el desamparo y la dispersión de su pueblo. Hay necesidades físicas, espirituales y de  orientación a las que el liderazgo en general no responde y menos asume como propias.

A trescientos quince años de su nacimiento, me llama la atención la descripción que Wesley realiza de su tiempo y del padecimiento del pueblo, lo que evidentemente va a hacer que sus entrañas se muevan a compasión:

He conocido a gente que sólo podía comer una comida ordinaria día por medio. Conocí a una persona en Londres (que pocos años antes tenía todas las comodidades para vivir) que recogía sobras de un basurero maloliente, llevándolas a casa para sí misma y sus hijos. Conocí a otra que recogía de la calle los huesos abandonados por los perros, para hacer sopa y poder prolongar una vida desgraciada. Escuché a un tercero declarar sin reparos:

«¡En verdad estaba tan flojo y débil que difícilmente podía caminar, hasta que mi perro, no encontrando nada en casa, salió y trajo un montón de huesos. Se los saqué de la boca y preparé una comida!» ¡Tal es el caso a esta fecha de multitud de gente en una tierra que mana leche y miel, con abundancia de todas las cosas: las necesarias, las cómodas y las superfluas para vivir!” (Obras de Wesley, Tomo 7, Trad. de Justo L. González.)

Desde esta realidad, Wesley busca las causas que provocan el padecimiento de la gente de su tiempo. Lo cierto es que se da en el contexto de una crisis civilizatoria provocada por la revolución industrial, cuya consecuencia son masas de marginados e invisibilizados en la sociedad inglesa de mediados del siglo XVIII.

J. Wesley va a denunciar varias prácticas económicas que traían empobrecimiento al país, según él entendía: derroche de cereales para producir alcohol, haciendo que el pan tuviera un precio muy elevado; gente rica que necesita caballos para el deporte, el placer y la exportación, destinándose cuatro veces más caballos destinados a carruajes particulares, produciendo el encarecimiento de la avena.

Y el consumo desorbitado por los ricos de carne, cerdo, cordero y todo tipo de víveres, deja al resto de la población sin acceso a los mismos por ser muy caros. Las pequeñas granjas familiares desaparecen dando paso a grandes fincas improductivas y ello afecta de manera directa sobre el precio de diversos productos. Finalmente, los altos impuestos que gravan casi todo lo que se pueda nombrar, y además altísimos por causa de la deuda pública.

¿Y por casa cómo andamos? ¿Es decir, la gran parroquia? ¿Qué vemos?

Queridos hermanos, “cosa nunca antes escuchada: que hablar de Dios es hablar de las personas humanas, que la gloria de Dios son las personas felices, la salvación… Cuando Dios se quita el velo, lo que aparece es el cuerpo de un hombre, que es el cuerpo de todos, en quien se entrelazan nuestras remembranzas y nostalgias, en un tejido de deseo y de amor.” (Rubem Alves).

Queridas hermanas, “quien se inspira en Jesús está llamado a «cultivar una mística de ojos abiertos» y una responsabilidad absoluta hacia los que sufren.” (J. B. Metz).

Fraternalmente/sororalmente en Cristo,


Pastor Américo Jara Reyes,
Obispo

 

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