El devocional del Obispo
Vivir en el poder del Espíritu, en el Espíritu de Jesús, es vivenciar una fuerza de vida que nos humaniza.

La ESPIRITUALIDAD es una dimensión del ser humano tan necesaria para su supervivencia como los latidos del corazón, sin ella, el ser humano estaría incompleto.
Desde la perspectiva cristiana y evangélica metodista, la espiritualidad es la conciencia de la comunión con Cristo Jesús a través del Espíritu Santo. La espiritualidad se profundiza en tanto vamos recorriendo el camino de la Santificación, buscando llegar a una profunda relación con Jesucristo. Ése es el camino, dejarse inspirar a través de las guías para ser transformados personal y comunitariamente por el Espíritu de Jesús.
Vivir en el poder del Espíritu, en el Espíritu de Jesús, es vivenciar una fuerza de vida que nos humaniza.

“Así como el Padre me ha amado, así también yo los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor”

"Utiliza el talento que posees: los bosques serían muy silenciosos, si únicamente cantaran los pájaros que creen saber hacerlo"

Esta gracia es el poder de Dios para nosotros y nosotras, que nos redime y que nos reconcilia con el mismísimo Dios, a la vez que es el poder de Dios en nosotros, que nos capacita a cambiar y luchar en favor de la justicia y el bienestar.

“Después de haber orado, tembló el lugar en que estaban reunidos; todos fueron llenos del Espíritu Santo, y proclamaban la palabra de Dios sin temor alguno”

¿Qué es la gracia de Dios? ¿Cuál es el verdadero significado bíblico de la gracia?

Por la Resurrección se confirma la divinidad del Mesías: verdadero Dios y verdadero hombre. La Resurrección nos enseña que Dios es amor y que nos regala plenitud de vida.

¿Quién es Jesús para mí?, ¿Cuánto creo y espero en sus promesas?, ¿Cuánto me preocupo por los que no conocen el mensaje de salvación?, ¿Hablo con el Señor y le cuento qué pienso y qué siento?.

¿Cómo encontrar o descubrir la vida en medio de tanta muerte?, ¿Cómo encontrar aquello que se ha perdido?, ¿Cómo devolverle el alma al cuerpo?

Padre del cielo y de la tierra escucha nuestro silencio y danos la oportunidad de sentir tu latido, tu silencio que tanto nos dice. Amén.
