Anna Oliver y Anna Shaw, pioneras en la lucha por la igualdad de género en la Iglesia Metodista

10 Mar 2021
en CMEW, Mujeres
Anna Oliver y Anna Shaw, pioneras en la lucha por la igualdad de género en la Iglesia Metodista

Anna Oliver y Anna Shaw

Pioneras en la lucha por la igualdad de género en la Iglesia Metodista


Alrededor de 1870, algunas mujeres metodistas servían como evangelistas; otras tenían una «Licencia de predicadora local», que era el primer paso hacia la ordenación. Pero hasta que llegó Anna Oliver, ninguna mujer se había atrevido a intentar dar ese paso. Ella insistió en el tema de la ordenación y los plenos derechos del clero entre los metodistas. Veamos los resultados.

Después de sus estudios universitarios y una maestría con honores en una universidad femenina de Nueva York, en 1862, Oliver enseñó en la escuela en Connecticut y se dedicó a la militancia por la templanza. Después de la Guerra Civil, se ofreció como misionera para enseñar a niños negros en Mississippi.

Ella renunció un año después cuando descubrió que la Junta de Misiones les pagaba a los maestros varones el doble. Se mudó al norte, a Cincinnati, estudió arte y retomó la tarea por la templanza. Aquí se sintió llamada al ministerio y, a pesar de los grandes obstáculos, obtuvo la licenciatura en teología del seminario metodista de Boston en 1876, fue la primera mujer en Estados Unidos en obtener ese título. Después de graduarse, Oliver sirvió como pastora laica en Nueva Jersey y Nueva York.

Tanto Anna Oliver como su colega y amiga Anna Shaw decidieron solicitar las órdenes de diaconisas en la sesión de 1880 de la Conferencia de Nueva Inglaterra de la Iglesia Metodista Episcopal. Después de que su solicitud fue denegada, se acercaron al obispo Andrews para preguntarle sobre sus próximos pasos. Este les dijo que no había nada que hacer más que salir de la iglesia.

Anna Shaw decidió dejar la Iglesia Metodista Episcopal, y en octubre de 1880, se presentó para la ordenación en la Conferencia Anual de la Iglesia Metodista Protestante de Nueva York. Fue aprobada para la ordenación en un servicio especial, el día después de la ordenación de los candidatos masculinos. En 1885, Shaw renunció para dedicarse a la lucha por el sufragio femenino y la templanza. En gran parte, fue gracias al liderazgo de Anna Shaw en su lucha por el sufragio femenino que en 1920 se les otorgó a las mujeres el derecho al voto.

Anna Oliver, por su parte, eligió permanecer en la Iglesia Metodista Episcopal y apeló la decisión de la conferencia regional a la Conferencia General. Los participantes de la Conferencia General de 1880 (pastores ordenados, blancos) no solo negaron a Anna Oliver y a todas las mujeres su derecho a la ordenación, sino que también revocaron el derecho incluso a tener una licencia para predicar y declararon que todas las licencias de predicadoras locales emitidas a mujeres desde 1869 quedarían sin efecto.

Mientras que la Iglesia Metodista Episcopal rechazaba la ordenación de mujeres y revocaba su licencia, dos denominaciones predecesoras de la Iglesia Metodista Unida concedían estos mismos derechos a las mujeres. La Iglesia de los Hermanos Unidos otorgó a las mujeres plenos derechos de ordenación en 1889 y en doce años había ordenado a 71 mujeres. Pero, cuando se fusionó con la Iglesia Evangélica en 1946, ya no se permitió que las mujeres fueran ordenadas.

De manera similar, la Iglesia Protestante Metodista que había ordenado a Anna Shaw, en 1880, en 1939, cuando la Iglesia Metodista Episcopal, la Iglesia Metodista Episcopal del Sur y la Iglesia Metodista Protestante se fusionaron, todas las pastoras de esas iglesias perdieron sus derechos y ya no se les concedió la ordenación.

Anna Oliver sirvió como un poderoso modelo para las mujeres de su generación y aunque su lucha fracasó y ella no pudo ver sus frutos, estos llegarían. Pasarían 75 años más antes de que se concedieran a las mujeres todos los derechos plenos de la ordenación pastoral en la Iglesia Metodista de los Estados Unidos.


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